Para solucionar la evasión fiscal hay que actuar sobre las causas verdaderas

La evasión se produce no por falta sino por exceso de controles

Por Gustavo Lazzari Empresario y economista

 

En tiempos de déficit fiscal lindero al 10% del PIB (si contamos Nación, provincias, cuasifiscal e intereses de la deuda), el Gobierno busca fuentes de ingresos alternativas. En términos callejeros, se llama “rascar la olla”.

 

Además desde el sector privado muchos empresarios  condenan la evasión pues “la economía informal compite en el mercado de insumos y en el mercado de productos finales”. Resta  economía de escala y, a la vez, genera competencia desleal.

 

En las últimas horas se habla de “los ingresos que el estado pierde debido a la evasión de impuestos”.

 

Así, desde el Gobierno surgen cálculos teóricos tales como “a un PIB de U$S 500.000 millones y una evasión del 30%, la economía informal sería de U$S 150.000 millones”. Y “ante una tasa impositiva promedio del 30%, entonces el Gobierno pierde de recaudar U$S 50.000 millones” y concluyen, “si no hubiera evasión, no hubiéramos ido al FMI”.

 

Recientemente, Leandro Cuccioli afirmó “unos US$ 150.000 millones es el tamaño de lo que podríamos salir a buscar en los próximos cinco años”.

 

En la misma nota, Cuccioli afirma que la diferencia entre el contribuyente inglés y el argentino es “la percepción de riesgo de que te encuentren y que, con un nivel de evasión alto, termine con una condena agravada”.

 

Es decir, una AFIP  (y esto vale para ARBA, AGIP y el resto de los organismos provinciales y municipales) más eficiente haría “que cada día sea más difícil esconderse de nosotros” como afirma el titular del organismo.

 

En resumen, más control, más policías, más cruce de información, más requisitos a los particulares, menor respeto a la libertad individual y propiedad privada serían las recetas para controlar la evasión.

 

Fin del cuento de hadas.  El cálculo “oficial” es absolutamente falaz y la receta ha demostrado ser fallida pues en lugar de reducir la evasión la ha aumentado.

 

Así surge un embate contra la evasión. Nuevas regulaciones, más controles y operativos. Película repetida. Final anunciado.

 

La evasión se produce no por falta sino por exceso de controles.

 

La economía informal es hija del nivel de impuestos, la forma perversa de cobrarlos, las regulaciones (en su mayor parte ridículas) y no de la supuesta cultura evasora o del supuesto bajo control.

 

El cálculo es falaz y lleva a conclusiones erróneas. Si a la “base imponible” informal se le aplicara la tributación formal, la recaudación no será la teórica (U$S 50.000 millones)  sino mucho menor (incluso cero) pues muchas actividades formales desaparecerían y, con ello, la pretendida base imponible.

 

¿Cuáles son las causas verdaderas de la evasión?

 

Por lo general se habla de “comercios evasores”, “cadenas de valor informales”, “fallas de control sobre industrias y comercios”, ectétera.

 

Se entiende que la decisión de no pagar impuestos  proviene solo del comerciante, fabricante o vendedor en general.

 

En rigor, cuando los ingresos no alcanzan y los consumidores deben ajustar las compras lo primero que hacen en suspender gastos superfluos.

 

Y de todos los gastos de una familia, el más superfluo es el gasto impositivo.

 

El 43% del precio de los alimentos es impuesto y el 75% del costo laboral son impuestos.

 

Viendo la calidad de las prestaciones del Estado en todos sus niveles se puede concluir con claridad por qué los consumidores consideran superfluo al componente impositivo.

 

Una economía con 30% de pobreza  con el resto de los deciles de la población muy cercanos  a dicho umbral (desde hace más de treinta años)  es razonable pensar que la demanda de evasión sea lo suficientemente importante como para marcar cadenas signadas por esquivar al Estado.

 

Estamos en presencia de una “evasión de demanda” que es abastecida por una oferta que no puede forzar a sus consumidores a tributar lo que el estado impone.

 

Por otro lado,  el nivel impositivo, la complejidad y el grado de distorsión de algunos tributos y tasas pone a comerciantes en lo que Frederic Bastiat (1850) denomina “la cruel disyuntiva” afirmando que “cuando la moral se pone en conflicto con la ley, el hombre se encuentra en la cruel disyuntiva de cumplir con la moral o cumplir con la ley”.

 

La cruel disyuntiva se produce necesariamente pues cada vez que a  un proyecto de inversión (Grande, mediano o pequeño)   se introduce el componente estatal dicha idea se torna absolutamente inviable.

 

Muchos proyectos mueren antes de nacer. Cuando el emprendedor consulta al contador comprende que la mejor opción es congelar la carpeta.

 

No se puede hablar de evasión sin pensar en…

 

  • Los 19 vencimientos impositivos que una pyme tiene en 22 días hábiles.
  • Los 23 trámites y permisos necesarios para transportar un alimento.
  • Las decenas de “abonos forzados” por municipalidades y provincias
  • Los regímenes de percepción y retenciones de Ingresos Brutos que son fuente de evasión cruzada. Ejemplo: una percepción del 3% equivale al total del impuesto a las ganancias de una actividad cuya utilidad fuera del 10%.
  • Las aduanas interiores que plantean provincias y municipios de manera creciente
  • Los trámites requeridos para construir, ampliar y habilitar un negocio.
  • Las exacciones coercitivas que los fiscos provinciales permiten en las permeables e inseguras cuentas bancarias

 

Un enjambre de impuestos y regulaciones explican las causas de la evasión.

 

Un ejército de inspectores y un tsunami de intimaciones y embargos no son la solución al problema sino más nafta en el incendio.

 

Sólo una reforma impositiva integral que incluya reducción de alícuotas, eliminación de regímenes de percepción y retención, derogación  de Ingresos Brutos y una reforma regulatoria base cero son las únicas medidas para formalizar la economía.

 

Todo lo demás es plegaria fiscal.

 

pd: No se preocupe por la recaudación. Hay algo que se llama “Curva de Laffer” por la cual una reducción impositiva recauda más y no menos.

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