México vira a la izquierda y amenaza con reconfigurar el orden regional

La segunda economía de América Latina abre un interrogante sobre el rumbo que tomará el continente en un contexto mundial tensionado

 

Por Nicolás Solari Poliarquía Consultores

 

Tal como anticipaban las encuestas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se impuso holgadamente en las elecciones presidenciales de México. Con el triunfo del viejo líder progresista, la segunda economía de América Latina vira hacia la izquierda y abre un gran interrogante sobre el rumbo que tomará el continente en un contexto mundial caracterizado por crecientes tensiones comerciales entre las superpotencias.

 

La elección de AMLO en México es un cimbronazo tan importante como el que significó el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. Ambos líderes representan cabalmente, aunque en extremos opuestos, la opción del electorado frente a las desacreditadas élites de los partidos tradicionales. El PRI y el PAN que se alternaron en el gobierno desde comienzos de siglo, fueron desplazados de la máxima magistratura del país por MORENA, un partido ad-hoc creado por AMLO con el fin de independizarse de las estructuras partidarias tradicionales. Como hiciera Lula en Brasil hace casi dos décadas, alcanzó la presidencia luego de varios intentos fallidos. En efecto, el caudillo progresista fracasó por poco en 2006 y 2012, pero se tomó una revancha, inimaginable por su dimensión, en 2018. Es que AMLO no solo ganó la presidencia de la Nación por una diferencia de votos no vista en casi medio siglo sino que además triunfó en la Ciudad de México, donde su aliada Claudia Sheinbaum será Jefa de Gobierno y consiguió una abrumadora mayoría en el Congreso Nacional.

 

Sin duda, algo se rompió en la sociedad mexicana para que AMLO recibiera tan fuerte espaldarazo luego de ser rechazado en 2006 y 2012. En una campaña apática y apagada, los candidatos de los partidos tradicionales fueron incapaces de recortar la ventaja de AMLO, que fue creciendo lenta pero sostenidamente. La violencia endémica que acosa al país, el señoreo del narcotráfico en vastas áreas geográficas, los múltiples escándalos de corrupción que afectan al establishment político y empresario, y la irreductible pobreza que manda en el país, terminaron por empujar a la sociedad a los brazos de quien propone una limpieza política a fondo, una promesa sugestivamente similar a la repetida por Trump durante su campaña: limpiar el pantano (drain the swamp).

 

 

La victoria de AMLO pone en duda el repliegue continental de la izquierda que se había insinuado con el desplazamiento de Dilma Rousseff en Brasil y las victorias electorales de Mauricio Macri en Argentina y Sebastián Piñera en Chile. La muy buena elección del izquierdista Gustavo Petro en la segunda vuelta colombiana de hace algunas semanas (logró el 42% de los votos) puede haber sido un primer antecedente de un reverdecer populista latinoamericano, aunque en rigor de verdad parecería que la revigorización de los actores extrasistema está más relacionada con el fracaso de las élites tradicionales que con postulados ideológicos en torno al mercado y el Estado. El estrepitoso fracaso en términos de opinión pública que significó la presidencia centrista de Enrique Peña Nieto, quien tras alcanzar picos de popularidad de 57% en su primer año de gobierno, deja la presidencial con apenas 20% de adhesión, resulta central a la hora de analizar el meteórico ascenso de AMLO en la consideración popular.

 

El presidente electo de México tiene por delante una agenda repleta de problemas para encarar tras su asunción el próximo 1º de diciembre. A nivel interno, se adivina una reforma económica enfocada en reorientar las fuerzas productivas del país en pos de una mejora social. Habrá también una transformación en la forma de encarar el flagelo del narcotráfico –que podría incluir algún tipo de amnistía– y una dura batalla a la corrupción, de resultados inciertos. A nivel comercial, es previsible que la política exterior mexicana pretenda balancear el papel predominante que tiene Estados Unidos con una creciente atención a América Latina. De todos modos, la cuestión migratoria y los lazos comerciales con Estados Unidos serán una de las varas con la que se medirá el éxito o fracaso del primer gobierno mexicano de izquierda que llega al poder en democracia.

 

Mientras aún resuenan los temblores de la histórica elección mexicana, se asoman en el horizonte los comicios presidenciales que tendrán lugar en Brasil en el mes de octubre. En un sistema de doble vuelta, con Lula encarcelado, se probará si el triunfo de la izquierda mexicana se circunscribe a territorio azteca o si, por el contario, marca el inicio de un nuevo reordenamiento político en Latinoamérica.

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