Los privados alertan sobre nivel de endeudamiento externo

Por la devaluación y las necesidades de financiamiento externo, durante el 2018 continuó creciendo el ratio deuda pública/PIB

El BCRA subastó US$ 450 M pero dólar se disparó a $29,57

 

Por Mariano Cúparo Ortiz 

 

Aumenta la preocupación acerca del nivel de endeudamiento público: creció mucho en lo que va del año y hay cierta incertidumbre, tal como pasa con el resto de los indicadores macroeconómicos, acerca de si logrará estabilizarse o seguirá creciendo.

 

Durante el fin de semana, varios análisis de privados sostuvieron que el ratio deuda pública/PIB pegó un salto importante a causa de la devaluación y lo sitúan en 80%, cuanto menos, tras el 57% en el que cerró el 2017. El tema es clave: si algo genera advertencias de los analistas de distintas partes del abanico ideológico, desde el primer día del actual Gobierno, esa es la fragilidad externa.

 

 

Sostenibilidad

 

La primera piedra la tiró este fin de semana el Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA): “Con la reciente devaluación del tipo de cambio y el desembolso del primer tramo del acuerdo con el FMI, estimamos que en el primer semestre del año la deuda pública en términos del PIB habría aumentado en 29,9 puntos desde fines de 2017, alcanzando un nivel de 87%, máximo desde el período 2004–2005”.

 

Pero la verdadera primera piedra la tiró el FMI el 13 de julio, cuando publicó el reporte sobre el pedido de Stand-By por parte del Gobierno. Ahí el Fondo advirtió que “la deuda federal es sostenible pero con baja probabilidad”. Federico Muñoz y Asociados explicó ayer el significado de la frase “la deuda federal es sostenible pero con baja probabilidad” y enumeró: “El organismo trabaja con tres categorías predeterminadas para catalogar los pasivos soberanos: I) sustentable con alta probabilidad, II) sustentable, pero no con alta probabilidad y III) no sustentable”.

 

En el reporte, además, el FMI detalló un escenario que no permite grandes derroches de optimismo: “Todavía existen importantes riesgos para la sostenibilidad de la deuda. Los más evidentes en el corto plazo están relacionados con el tamaño de las necesidades de financiamiento derivadas de lo fiscal y de la cuenta corriente externa (esta última demostró ser un buen predictor de crisis) y la abultada deuda en dólares, que hace que el endeudamiento sea muy susceptible a las devaluaciones”.

 

 

La discusión

 

Aun así, para el FMI el ratio deuda pública/PIB es menor y cerrará el año en 65%, para luego ir reduciéndose. Afirmó en ese sentido: “Es esperable que la deuda haga pico a fines de 2018 y que empiece a caer en forma sostenida a partir de ahí. El ajuste fiscal, la recuperación económica y la menor tasa de interés real trabajarán en conjunto para llevar al ratio deuda pública/PIB a la baja sostenida a partir de 2019. Y después de alcanzar un pico de 65% en 2018, la deuda debería caer al 56% en el último año del programa”.

 

Allí una diferencia en los números: para ITE-FGA el stock de deuda del Gobierno pegó un salto hasta 87% del PIB mientras que para el FMI está en 65%. Coincide con ese número más moderado el analista de Econviews, Eric Ritondale, quien afirmó que, al tipo de cambio actual, “a diciembre la deuda bruta ronda el 65%”.

 

Pero ayer Ecolatina publicó su propio cálculo, que estuvo más en línea con los números de ITE-FGA: “Según nuestras estimaciones, al tipo de cambio de fines de junio, el stock de deuda pública bruta rozó los US$ 330.000 millones y el ratio en términos del PIB trepó de 57% a 80% durante la primera mitad de 2018 por el salto cambiario (54% entre fines de junio 2018 y el cierre de 2017)”.

 

Pero, además, la dinámica también es al alza si se mira un número clave: el de la deuda en dólares con privados y con organismos internacionales, porque una cosa es deber en pesos (moneda que el Gobierno emite) o a un organismo del propio Estado y otra cosa es deberle en dólares (moneda que, claro, el Gobierno no emite y sobre la que, de hecho, se encuentra con cierta restricción para acceder) a un privado o a un organismo internacional.

 

Al respecto, Ecolatina explicó: “La deuda pública relevante (con acreedores privados y organismos financieros internacionales) habría rozado US$ 187.000 millones a fin de junio, escalando más de US$ 20.000 millones respecto al cierre de 2017. En términos del PIB, el ratio pasó de 30% a 45% en el primer semestre del año, llevándonos sin escalas al promedio de las economías emergentes”.

 

 

Vulnerabilidad

 

Hace unas semanas el equipo de la diputada Fernanda Vallejos había publicado el Índice de Sustentabilidad Externa (ISEX), que toma en cuenta los niveles de liquidez en dólares, el costo del financiamiento y la solvencia, entendida como la relación entre endeudamiento y exportaciones. Cuando da positivo se está frente a un escenario de fragilidad externa. A fines de 2015 los niveles ya eran de 0,8% y en julio de 2018 llegaron a 5,1%.

 

Desde Ecolatina analizaron las posibilidades de que el ratio deuda pública/PIB logre estabilizarse: “Si bien es posible que el ratio deuda/PIB se estabilice en el futuro, para que ello suceda se tienen que dar simultáneamente varias condiciones: I) cumplir las metas fiscales acordadas con el FMI; II) superar la recesión en la que ha caído la economía argentina; III) estabilizar el tipo de cambio real en niveles actuales; y iv) reabrir el acceso al financiamiento externo privado”.

 

La cosa no está fácil: acerca del primer punto, si bien el Gobierno le apunta de lleno a las metas fiscales, algunos analistas consideran que no están garantizadas si la inflación llegara a bajar 10 puntos como anunciaron el presidente Mauricio Macri y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Pero además, acerca del punto dos, el propio ajuste fiscal prevé caídas de 19,1% en la inversión pública y 2,2% en el gasto corriente, lo que a priori complica las perspectivas de crecimiento económico en un año que tendrá arrastre estadístico negativo, sobre todo si para cumplir las metas la inflación no cae 10 puntos. Acerca del punto tres, también hay pocas garantías: el FMI planteó metas de reservas y stock de futuros, lo que para algunos analistas complica al BCRA en la lucha para frenar la corrida. Por último, el cuarto dependería de todo lo previo.

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