¿La recesión será breve y poco profunda? No hay nada dicho todavía

Más allá del discurso (y el deseo) oficial, los economistas creen que la recaída de la actividad puede extenderse

 

Argentina estaría atravesando una recesión, aunque recién hacia fines de año sabremos si se encadenan dos trimestres consecutivos de caída. Sea como sea, el bajón ya se siente desde el segundo trimestre, y parecería haber cierto consenso en que la retracción será breve y poco profunda. Para indagar más sobre la cuestión, El Economista recurrió a la mirada de varios consultores.

 

  • Desde Radar, Martín Alfie dice: “Lo peor todavía no se vio. La aceleración de precios, las tasas de interés en niveles muy elevados, el recorte del gasto público y la desaceleración de la inversión como consecuencia de la incertidumbre financiera son un combo de caída importante. No veo muchos factores dinamizadores de cara a 2019, dado que el acuerdo con el FMI limita la expansión fiscal. La única que queda es algo de atraso cambiario para intentar frenar la inflación y que el salario real recupere algo en el segundo trimestre del 2019, pero eso ya es hacer futurismo”.

 

  • “Por ahora, la idea de una recesión breve y poco profunda es una expresión de deseo. Hay que ir paso a paso. El Gobierno apuesta a eso, lo que explica por qué que se la juega a estabilizar rápido y no recurrir a cuestiones contraproducentes, como las retenciones. El tema es que también juegan factores exógenos: el contexto externo en general, Brasil y el clima. Y mucho depende de qué tanto creas en que la cosecha fina será buena y Brasil no gira hacia la izquierda”, dice, a su turno, Gabriel Caamaño Gómez desde Consultora Ledesma.

 

  • “Tradicionalmente, las devaluaciones en Argentina han estado asociadas a traumáticos procesos recesivos, debido a la caída del consumo y la inversión, sin que las exportaciones hayan reaccionado lo suficiente, en buena medida porque las mejoras de tipo de cambio real han sido poco duraderas. Si este fuera el escenario de 2018, entonces retomar el nivel de actividad sería un objetivo lejano. El riesgo existe, y no puede ser ignorado. Sin embargo, si esta crisis se encamina hacia un cambio persistente de precios relativos, habrán de aparecer vectores que permitirán una recuperación no tan distante en el tiempo. Aunque el consumo está sufriendo una caída, los indicadores de producción no necesariamente tienen que mermar en igual proporción, porque habría más salida por el lado de las exportaciones o por la sustitución temporal de importaciones. Además, una inflación finalmente bajo control le pondría un piso al deterioro de la demanda interna. En realidad, el fiel de la balanza está en la dinámica de las inversiones, hoy frenadas por las turbulencias, pero con capacidad de reaccionar en la medida en que baje el riesgo país y que el nuevo set de precios relativos se consolide”, escribió Jorge Vasconcelos en un informe de la Fundación Mediterránea.

 

  • Desde Eco Go, Martín Vauthier dijo lo siguiente: “La duración y la profundidad de la recesión van a depender fundamentalmente del tipo de cambio en el cual la economía se estabilice y deje atrás las actuales turbulencias cambiarias, esto es, el tipo de cambio en el cual el mercado se estabilizaría en el corto plazo sin necesidad de intervenciones del BCRA en el mercado de futuros, del aumento en la oferta de divisas procedente de las subastas de divisas del Tesoro o de una tasa de interés en pesos en los niveles de overshooting actuales. En este sentido, la razón detrás de la actual corrida se vincula con la decisión del mercado de dejar de financiar el déficit de cuenta corriente, que en 2017 ascendió a 4,8% del PIB, llevando a una salida de capitales y a un desarme de posiciones de carry trade que forzaron un salto en el precio del dólar, dificultando la refinanciación de los muy altos vencimientos de corto plazo en moneda extranjera originados en el financiamiento de buena parte del déficit fiscal con Letes en dólares durante 2016 y 2017 y llevando a negociar el acuerdo con el FMI. En este contexto, resulta difícil pensar en una salida rápida de la recesión que lleve a un crecimiento robusto de la economía, teniendo en cuenta la alta elasticidad del PIB a las importaciones. Un rebote sustancial del nivel de actividad incrementaría nuevamente el déficit de cuenta corriente, algo que difícilmente el mercado se muestre dispuesto a financiar. Sin abundancia de divisas en el corto plazo, un retorno a tasas de crecimiento en la zona de 3% luce complejo. Así, nuestro escenario base apunta a un crecimiento de apenas 1% para 2019 luego de una caída de 0,5% en 2018”.

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