La metáfora o la paz

El propósito central de Macri es la reelección y la acción es la campaña electoral. ¿Y el largo plazo?

 

Por Carlos Leyba 

 

Los analistas políticos concluyen que el propósito central de Mauricio Macri es su reelección. La acción pública gubernamental es la campaña electoral. Objetivo íntimo (no explicitado) y central (en torno al que todo gira).

 

Estos primeros cuatro años, en esa concepción de política como poder y no como servicio, no están destinados a gobernar, si es que gobernar es construir las bases del bienestar colectivo con independencia del resultado electoral. Macri ha confirmado su comando de campaña, presidido por J. Durán Barba y operado por Marcos Peña. La decisión de ambos, dicen los analistas, es demarcar a fuego la grieta.

 

Nada de acuerdo global, largo plazo, rumbo, estrategia de desarrollo, Nación. A pesar que el futuro lo necesita como el oxígeno para existir. Lo contrario, somos nosotros, pases cortos, vamos viendo, día a día, de lo que se trata es cuidar el metro cuadrado. Para volver a ganar, mucho entusiasmo y muchos trolls.

 

Para triunfar en 2019, dicen, es necesario segunda vuelta con Mauricio y Cristina o alguien nominado por ella. En segunda vuelta, todos los que no hayan votado por Cristina (la inmensa mayoría) o por “su” candidato, no votarían por ella ni por “su candidato”.

 

El piso de CFK es su techo, “su candidato” estará obligado a llevar en la fórmula un “espanta votos” tipo Carlos Zanini. ¿Axel Kicillof?

 

El resultado puede ser la reelección de Macri con una votación mezquina que convivirá con un Congreso opositor. El próximo Gobierno surgiría con menos potencia (y esperanza) que en 2015. Todas las tensiones políticas, si los estrategias siguen como hasta ahora, serán mayores que las de hoy.

 

A ese lugar de conflicto nos está llevando la radicalización de la grieta para ganar en un balotaje. La pócima venenosa para una sociedad decepcionada y descreída. ¿Puede gobernar la ética del marketing?

 

Profundizan la grieta para evitar la posibilidad de una oposición que probablemente tendría más techo que CFK. Un Gobierno honesto fortalece la mejor oposición posible.

 

La demonización y la asociación a CFK de toda crítica a la política económica por sus consecuencias es un juego peligroso. Veamos.

 

La natural reacción, por ejemplo, de los curas villeros o la Iglesia próxima a Francisco, ante el crecimiento de la demanda de los comedores y los problemas sociales en los sectores marginados, que son multitud, es enfrentada por la usina del Gobierno con una campaña radial y televisiva destinada a ridiculizar a los protagonistas con argumentos banales centrados en la natural resistencia de la Iglesia y la feligresía a la ley y campaña pro aborto.

 

Diferenciar la crítica a la situación social de la opinión sobre la ley del aborto es un mínimo respeto por “la verdad”. Una cosa nada tiene que ver con la otra.

 

Pero desde la campaña periodística oficialista la confusión es una herramienta de demonización.

 

Entre quienes se oponen a la Ley del Aborto por cierto no hay sólo creyentes ni tampoco sólo no creyentes son las que la sostienen.

 

Hay muchos que han observado con preocupación la gestión de un negocio importante detrás de la generosidad de la norma. Y hay una alerta razonable por la extraña resistencia a discutir las consecuencias presupuestarias de la ley que implica nuevo gasto público.

 

¿Qué tiene que ver esto con el Gobierno centrado en la campaña electoral?

 

La campaña mediática de Peña y Durán sostiene que quien está en contra de la liberalización del aborto es un reaccionario.

 

De ello se infiere que toda la crítica de la Iglesia al Estado de la cuestión social está descalificada porque, en realidad, es una reacción al impulso que el gobierno ha dado a la liberalización del aborto y no la descripción y lógica preocupación por una situación que amenaza con ser crítica.

 

Lo principal para el oficialismo es la profundización de la grieta para asegurarse el triunfo electoral.

 

¿Es legítimo gobernar para una campaña electoral? ¿Es tan grande la preocupación?

 

La última encuesta de junio de Sergio Berensztein, que ha apoyado sin fisuras al Gobierno, se titula “La crisis cambiaria activa el pesimismo y diluye el capital político de Macri”. Sonó la alarma. Sigue, “la sociedad observa con profunda preocupación la situación económica”; “pocos creen que el acuerdo con el FMI logre evitar una crisis”; “pérdida de confianza en la gestión” y “la imagen de los dirigentes del oficialismo cae”.

 

La conclusión es un balance económico negativo del presente respecto del pasado y negativo para el futuro. La caída de imagen es estrepitosa y la del futuro es sistemática. La evaluación de la gestión es intrínsicamente negativa. Hasta aquí Berensztein, el amigo.

 

La consultora Taquion TresPuntoZero trabajó sobre la credibilidad. El 66% no le cree a la oposición ni el 58% al Gobierno.

 

Hundidos en la grieta que es más obscura cuanto más profunda y en la que la claridad aparece lejana y pálida.

 

No hay figuras de la política, según la encuesta, a las que una mayoría personas les crea. No hay líderes.

 

Pero una mayoría (pero sólo poco más del 50%) cree en la palabra de Francisco. Una pequeña balsa que puede ayudar en este riesgo de naufragio.

 

El Gobierno, con la excepción de María Eugenia Vidal y Carolina Stanley que convocan a los dirigentes de la pobreza junto con la Iglesia, hace lo imposible por hundirla. ¿Está en su naturaleza? Difamación propalada día tras días por los periodistas militantes.

 

¿Qué hay detrás de esto? Atravesamos una profunda insatisfacción social colectiva. Es el territorio de una sociedad decadente. Es cierto, cada tanto, emergemos a respirar aire fresco. Pero rápidamente el oleaje del estancamiento nos vuelve a sumergir.

 

Animos crispados. Incitación a la confrontación. Sin duda desde el oficialismo que, por serlo, es más responsable. Pero hay que escuchar y leer el odio y el resentimiento que se acumula en las carpas del kirchnerismo. El kirchnerismo o el cristinismo, son el núcleo duro de desalojados del poder, la mayoría de los cuales transitaban los pasillos desde el menemismo. Ahora condenados al llano.

 

Una vieja dirigente tucumana del peronismo acusada de traición dijo “en política, peor que la traición es el llano”.

 

Cuando, como ahora, el llano se convierte en hacinamiento torna en violencia, al menos, verbal. Entre unos y otros, la política, esa política ratona, agota. Sí. Ha tornado en espectáculo. Un agotador desfile de autodidactas que panelizan la realidad.

 

Pero en la realidad se agiganta otra grieta, que no es la de las palabras, sino la de la fractura social. La UCA, a través del Observatorio de la Deuda Social, nos recuerda que la mitad de los menores de 17 años viven en la pobreza.

 

¿Somos conscientes de esta grieta descomunal del presente que se proyecta como un abismo sobre nuestro futuro de carne y hueso?

 

Adela Cortina, una filósofa excepcional que ha dedicado parte de su obra desde la ética a la economía, la vida de la empresa o el consumo, acuñó en los ‘90 un término que sintetiza el temor, el rechazo, la parálisis que producen los pobres: aporofobia.

 

Ante la explosión, el rechazo a la pobreza -gestada en esos años urbi et orbi- y a los pobres, buscó en el griego (á-poros, pobre, y fobéo, espantarse) la palabra que designara un fenómeno colectivo surgido de la creciente grieta social ya denunciada por Zigmunt Baumann y por el papado. Francisco lo ha puesto como el signo de incomodidad que el cristianismo prédica al obligarnos a pensar a parir de la pobreza.

 

Cortina al nominarla ha sacado la cuestión del anonimato, Dice, el pobre es aquél “que no puede ofrecer nada interesante a cambio”. Mirando desde Europa (en el 2000 en El País) dice “hay algunos racistas y xénofobos, pero aporófobos casi todos”.

 

¿La razón? En “nuestras sociedades organizadas en torno a la idea de contrato … el pobre (…) es el que no tiene nada interesante que ofrecer a cambio … no tiene capacidad real de contratar”. Sigue: “buena parte de la humanidad queda excluida de consumir (…) porque no interesa lo que podrían ofrecer a cambio”. “consumidor (es) quien puede pagar(se)”. Agrega: “Ejerce su libertad no el que quiere, sino el que puede”.

 

Nos recuerda que “hasta un pueblo de demonios, sin sensibilidad moral, preferiría la paz a la guerra, la cooperación al conflicto, la colaboración a la exclusión, con tal que tenga inteligencia”.

 

¿Aquí y ahora qué? Las grietas son nuestros demonios. La política, una traba, y la social, una tragedia. ¿Cómo construir la paz? ¿Cómo cerrar las grietas? Jorge Lanata en PPT del domingo pasado expuso la metáfora de nuestra Argentina. Un tren desvencijado transporta los granos que serán los dólares que desesperadamente necesitamos para existir (crisis cambiaria).

 

Las vías circulan en un desfiladero de miseria, de villas pegadas al FF.CC., desde la que chicos –parte de la mitad de nuestros niños– apedrean a la formación. Siempre. A veces detienen el tren. Asaltan el convoy y roban los granos. Sea en Tucumán o en Rosario.

 

¿Hay una metáfora más patética de nuestra decadencia?

 

“Ramal que para, ramal que cierra” (25/5/97). “Siempre habrá pobres entre Ustedes” Ese pensamiento canalla (¿cómo llamarlo?) es la síntesis del menemismo que sembró los peores males y concluyó la demolición del Estado de Bienestar en Argentina.

 

Nuestra decadencia, 14 millones de pobres, la destrucción del capital acumulado (el tren es “la imagen”), y la fuga del excedente (US$ 400.000 millones) no es producto de la naturaleza. Es la consecuencia de las decisiones y omisiones del poder, de todos los que tienen poder.

 

La profundización presente, porque la pobreza (desempleo e inflación), la destrucción de capital (tasa de interés de más de 50%) y la fuga de capitales (que lleva más de US$ 20.000 millones por año) continúan, es la consecuencia de confundir “la política” con la competencia electoral. Cambiemos.

 

El acuerdo global de largo plazo que fija un rumbo y una estrategia de desarrollo es cumplir con el mandato de ser una “Nación Hogar” de los argentinos. Lo peor no pasó y todo puede ser peor. La obligación moral es construir la paz. Acordar. Solos no se puede.

Te puede interesar

One Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *