La industria dejó de dar buenas noticias y creció la capacidad ociosa

Tras doce meses de recuperación, acusó el impacto del ajuste, la corrida, la sequía y las tasas altas

 

Por Mariano Cúparo Ortiz

 

a industria está usando menos que antes su capacidad productiva instalada, y eso nunca es bueno. Ayer, el informe Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria de mayo, publicado por el Indec, dio que se está usando el 65,1%, es decir 0,7 punto menos que en mayo del 2017. Era esperable: aflojaron todos los sectores que la traccionaban desde la demanda. La sequía y la caída del mercado interno, por la corrida cambiaria que derivó en aceleración inflacionaria, junto con una retracción en la obra pública y una tasa de interés ya elevada (y que ascendió aún más), impactaron sobre un sector clave para el empleo y el desempeño de un PIB que, en 2018, se perfila para ir en caída.

 

La industria había apilado, según el Indec, doce meses de mejoras interanuales en su uso de la capacidad instalada y en sus niveles de actividad. Se trataba de una recuperación demasiado lenta tras la fuerte caída que el sector había registrado en 2016. De hecho, en aquel año el EMI del Indec registró una merma de 4,6% y en 2017 un rebote parcial de 1,8%. Lejos de volver al punto de partida, pero en la parte ascendente de la U.

 

Pega en el empleo El empleo, en cambio, no traía buenas noticias: diciembre del 2017, incluso con recuperación en la actividad y uso de la capacidad instalada, dio una caída del trabajo industrial de 1,5% contra el mismo mes del 2016 (se perdieron casi 18.000 puestos). La actividad subía pero el empleo iba en sentido inverso porque los sectores que mejoraban eran los no intensivos en mano de obra.

 

Con un escenario de nueva caída, el escenario empeoraría. El economista jefe de Radar, Martín Alfie, le dijo a El Economista: “Aun cuando estaba creciendo la industria, el empleo seguía cayendo, aunque a un ritmo bastante menor del de 2016. Eso porque los sectores que estaban creciendo más fuerte eran los que no son mano de obra intensiva, como la siderurgia y el cemento. Y los que seguían cayendo eran los mano de obra intensiva: textil, calzado, marroquinería y gran parte de la metalmecánica. Y ahora lo más probable es que nuevamente se acentúe la caída del empleo”.

 

El director del Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres & Asociados, Fausto Spotorno, también afirma que no habrá buenas noticias para el empleo industrial (el principal generador de puestos de trabajo de toda la economía), aunque sostuvo: “Obviamente no va a subir pero, tal vez como parte del impacto se lo lleva el salario real, los datos de empleo no sean tan malos como se espera”.

 

Frena al PIB Con todo, la actividad económica general se resentirá fuerte y la industria no ayudará. Spotorno tiene una proyección de variación del PIB cada vez más pesimista: prevé una caída de 1% en el promedio. Cabe destacar: la versión más pesimista del Gobierno es una mejora de 0,4% en ese indicador, lo que ya de por sí sería una muy mala noticia. Y es que el 2017 dejó un arrastre estadístico positivo de alrededor de 1% y ese 0,4% para el promedio del año implicaría que diciembre de 2018 contra diciembre de 2017 registraría una caída. Si el promedio cae 1% la cosa empeora.

 

En medio de una conversación sobre el futuro del sector industrial y sus consecuencias, Spotorno sostuvo: “Para mí directamente está en duda el crecimiento de 2018. En promedio yo lo tengo con caída de 1%. Incluso con el arrastre estadístico que traíamos de 2017, que ya nos lo fumamos en un mes”.

 

Quién tracciona Hasta ahora, en palabras de Alfie, la recuperación de la industria venía siendo heterogénea y por eso el empleo no crecía. “Los que más traccionaban, sobre todo aquellos relacionados a la construcción, como siderurgia, cemento, algunos sectores de la metalmecánica, por el agro, y un poco automotriz por la recuperación de las ventas a Brasil”, explicó.

 

La sequía hizo que el agro demandara menos de la industria. La corrida cambiaria, seguida de devaluación y aceleración inflacionaria, golpeó y golpeará sobre el mercado interno. La tasa de interés alta no ayudará. Y tampoco Brasil brindaría tanto aporte como se esperaba. A eso se le suma el ajuste fiscal que el Gobierno se autoimpone (o que le impone el FMI), que frena a la construcción.

 

Dijo Alfie: “La mayor parte de la industria está relacionada con el consumo interno. El dato más importante es la caída en el patentamiento de autos, se están revisando los datos tan auspiciosos para el 2018 del sector. Se pone en duda que vaya a ser tan bueno”. Y además Brasil. Continuó: “Hay que decir que si bien están creciendo las exportaciones a Brasil, se espera cierta desaceleración, hay mucha incertidumbre política por las elecciones, las proyecciones de crecimiento también bajaron. Entonces Brasil no va a traccionar tanto como se esperaba”.

 

Para Spotorno también es clave la sequía y su impacto sobre el agro y las industrias relacionadas con el sector. “Calculamos que el 9-10% de la industria está vinculado al agro y ahí juega la sequía”, expresó. Y en ese sentido Alfie consideró: “Ahí juega la sequía sí, pero maquinaría agrícola se resiente también por el aumento de la tasa de interés, dado que ellos venden generalmente financiado y la cosa se les complicó bastante. De hecho, hay muchos fabricantes del sector que esperan que el segundo semestre sea peor y el primero ya fue bastante malo”.

 

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