¡El desafío está planteado!

3 de julio, 2018

 

Por Fernando R. Marengo Socio y Economista Jefe de ArriazuMacroanalistas

 

Para hablar de economía o hacer recomendaciones de política económica debe plantearse un objetivo claro y bien concreto que defina el camino a seguir. En Argentina, el indicador líder por excelencia se hace oír con un silencio ensordecedor: uno de cada tres habitantes del país es pobre. Y el 10% de la población vive en las denominadas “villas miseria”. El número duele más si se tiene en cuenta que la pobreza se encrudece particularmente entre los niños menores de 14 años. En esos niños se construye el futuro de la sociedad y son ellos los que, sin ninguna responsabilidad, sufren las consecuencias de las malas decisiones de la política.

 

En Argentina, el indicador líder por excelencia se hace oír con un silencio ensordecedor: uno de cada tres habitantes del país es pobre y el 10% de la población vive en las denominadas “villas miseria”

 

La pobreza es un fenómeno multidimensional, que depende del acceso a un servicio de salud de calidad, educación e infraestructura (caminos, cloacas, transporte), entre otros. Como economista puedo ofrecer un cálculo de cual es el aporte que se requiere en términos puramente económicos para bajar la pobreza a un dígito. Concretamente: hay que crecer 4,5% promedio por año durante veinte años. Nunca Argentina ha logrado tal hazaña, pero no es tarde para tratar de entender cómo podría hacerlo.

 

Concretamente, hay que crecer 4,5% promedio por año durante veinte años: nunca Argentina ha logrado tal hazaña, pero no es tarde para tratar de entender cómo podría hacerlo

 

En el largo plazo, el crecimiento está determinado por la evolución de sus factores de producción: empleo, stock de capital y productividad. En los últimos 55 años, Argentina creció aproximadamente 2,5% promedio anual, explicado casi en partes iguales por los tres factores (0,8% cada uno). De acuerdo a las Naciones Unidas, el menor crecimiento de la población podría reducir a la mitad la contribución del empleo en las próximas dos décadas. Es decir, que el país necesita que el stock de capital y el avance tecnológico se destaquen en el futuro como nunca lo hicieron en el pasado.

 

En el largo plazo, el crecimiento está determinado por la evolución de sus factores de producción: empleo, stock de capital y productividad

 

Para ello, debe crecer la inversión de forma tal que incremente el stock de capital de la economía y la productividad. Tales niveles de inversión serían imposibles de financiar exclusivamente con capitales extranjeros y el déficit de cuenta corriente que eso generaría podría minar el proceso rápidamente. Hay que ser muy claro en este punto. Argentina tiene una posición externa neta acreedora. Es decir que el nivel de activos externos (cerca de U$S 400.000 millones) es superior al nivel de deuda externa (unos US$ 150.000 millones). Ahora bien, por diversos factores –estafas periódicas a los depositantes, inflación y devaluaciones periódicas, congelamiento de depósitos y “corralitos”, falta de credibilidad de los índices de precios y controles de precios, entre otros– gran parte de este ahorro se mantiene guardado en dólares y fuera del sistema financiero local.

 

Es posible modificar esta conducta. Consolidar el mercado financiero interno demandará mucho tiempo, pero hay medidas de corto y largo plazos que se pueden implementar para favorecer su desarrollo.

 

En el corto plazo se puede modificar el sistema tributario, fomentando la inversión y castigando el consumo (un impuesto progresivo al gasto) y alcanzar superávit fiscal, destinando los excedentes a dar créditos a la inversión. En materia jubilatoria, hay que sincerar la contabilidad (los aportes jubilatorios no son ingresos corrientes), y capitalizar los ahorros, dando profundidad al mercado doméstico de capitales. El actual Gobierno ha logrado ciertos avances en algunos de estos puntos, pero enmarcados en una estrategia “gradual”. Todavía no se han propuesto soluciones a la dinámica demográfica que atentará contra el sistema previsional más temprano que tarde. La reducción del déficit fiscal se ha acelerado desde 2017.

 

En el mediano y largo plazo los esfuerzos deben orientarse hacia la eliminación de la inflación y normalizar las tasas de interés en niveles que incentiven el ahorro doméstico (positivas en dólares y en términos reales)

 

En el mediano y largo plazo los esfuerzos deben orientarse hacia la eliminación de la inflación y normalizar las tasas de interés en niveles que incentiven el ahorro doméstico (positivas en dólares y en términos reales). Hoy la lucha contra la inflación parece perdida, pero un análisis más profundo nos revela que los niveles actuales son similares a los registrados en los diez años anteriores, pero con un ajuste de precios relativos (incluyendo la liberación del cepo cambiario). Este ajuste permitirá desarrollar sectores retrasados económicamente en los que, paradójicamente, tenemos ventajas comparativas (energía, por ejemplo). La inflación tomará mucho tiempo en bajar sensiblemente, y es un proceso que los países exitosos han concretado luego de varios años.

 

La reducción del déficit fiscal y la eliminación de la inflación permitirán recomponer la confianza de los argentinos en la moneda nacional. Pero, mientras tanto, las autoridades deben diseñar sus políticas monetariocambiarias reconociendo que el dólar se ha convertido en la unidad de cuenta adoptada por los argentinos después de tantas estafas. Parte de la crisis que enfrentamos desde finales de abril se desató por haber desconocido esta realidad, y minimizado sus efectos.

 

Sería muy infantil creer que esto puede hacerse en un solo período electoral. Hacen falta al menos dos décadas. Muchos países del mundo y de la región lo han logrado, o se encuentran avanzando en esta dirección. Lo vital es comprender que esto trasciende gobiernos, dirigencias (públicas y privadas), y personas. Muchos de los dirigentes actuales pueden incluso no ver los frutos de estos esfuerzos, ni la meta alcanzada. Es quizás justamente por eso, que desde hace 70 años el país no logra definir lineamientos básicos, y se deja seducir por un populismo electoral de corto plazo. ¡El desafío está planteado!

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