Con lluvia y confianza, en el cuarto trimestre terminaría la recesión

Tanto el Gobierno como el FMI avizoran el fin de la recesión en curso para el último trimestre de 2018. ¿Qué opinan los consultores privados?

 

Por Juan Manuel Antonietta 

 

En su visita a Buenos Aires, Christine Lagarde, directora gerenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), se sumó al optimismo del Gobierno. La funcionaria del FMI se animó a compartir las proyecciones económicas del Ministerio de Hacienda y también espera que en el último trimestre termine la recesión y la economía pegue la vuelta.

 

“Las autoridades argentinas están poniendo en marcha un plan de reforma decisivo que cuenta con el respaldo de la comunidad internacional y que el FMI apoya mediante un acuerdo Stand-by”, declaró Lagarde y agregó que “el plan busca fortalecer la economía argentina y afianzar la confianza corrigiendo vulnerabilidades de larga data, proteger a los más vulnerables, promover la igualdad de género y sentar los cimientos para un crecimiento inclusivo y sostenido”.

 

Así, Lagarde concluyó: “Nuestra expectativa es que el crecimiento se estabilizará en el último trimestre de 2018 y que se registrará una recuperación gradual en 2019 y 2020, a medida que la confianza se afiance y el costo del capital disminuya, junto con la inflación, mientras las exportaciones repuntan”.

 

¿Se puede?

 

¿Es posible este escenario de crecimiento moderado que, a estas alturas, ya es firmado por más de un funcionario del Gobierno? Según los economistas, la clave está en la recomposición de la confianza de los mercados para, así, estabilizar la economía. La falla en esa tarea podría desembocar en nuevos hechos disruptivos, como los recientes y dejar las proyecciones optimistas obsoletas.

 

Matías Rajnerman (Ecolatina) indicó que “el crecimiento que esperamos en Ecolatina para 2018 es de entre 0% y 0,5%, lejos del 1% que proyectaba el consenso del mercado después de la corrida”. El cuarto trimestre puede ser de crecimiento, explica, porque dejará de pesar el salvavidas de plomo de la sequía. “Al bajar la ponderación agropecuaria, el cuarto trimestre va a mejorar”, señaló.

 

Según Gabriel Caamaño Gómez (Consultora Ledesma) para que ocurra ese escenario de fin de recesión y se pueda recuperar algo de lo que se perdió en el segundo trimestre y se perderá en el tercero, deberán cumplirse varios factores. “Va a ser necesario una buena cosecha de trigo (que viene bien), que en Brasil no haya un giro a la izquierda en las elecciones de octubre y que el Gobierno termine de cuajar la estabilización en este tercer trimestre”, opinó.

 

“Si bien las tensiones cambiarias se calmaron, todavía estamos en una situación frágil, lo que se refleja en las altas y volátiles tasas de interés y el riesgo país”, explicó Martín Alfie (Radar Consultora) a El Economista desde una posición más cautelosa. “En el mejor de los escenarios, es decir, que no se reactive la corrida, vamos a tener un tercer trimestre de caída significativa por la aceleración inflacionaria y la caída del salario real, la postergación de decisiones de inversión dada la incertidumbre financiera y la restricción de las condiciones de liquidez”, opinó. Este escenario positivo señalado por Alfie también implica una buena cosecha de trigo y la ansiada estabilidad cambiaria que permitirán dejar de caer, aunque no para volver a crecer con fuerza.

 

Economía y urnas

 

El panorama para 2019 parte con un punto positivo importante: la cosecha gruesa. La fuerte sequía echó a perder más de US$ 5.895 millones según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Si las lluvias acompañan, ese será un primer gran impulso a la actividad de 2019.

 

No obstante, la fuerte reducción del déficit primario que tendrá que realizar el Gobierno (una baja de más de 1,4 puntos porcentuales desde la meta de 2,7% de 2018 hasta el 1,3% fijado para 2019) amenaza con presionar hacia abajo a la actividad y no permitir que el crecimiento se estabilice.

 

“Nuestra expectativa es que haya crecimiento, principalmente como resultado del impulso de la agroindustria y el resto de los sectores transables y aún a pesar del ajuste fiscal, aunque a un ritmo moderado 1,7% o 2% anual”, explica Caamaño Gómez para 2019. Además, agrega que se va a recuperar el salario real en este escenario.

 

Por su parte, Alfie analiza que si bien el campo aportará, la política fiscal va a ser un factor contractivo importante. “El ingreso de capitales es una condición necesaria para que haya cierta estabilidad cambiaria, se reduzca la inflación vía apreciación y recupere el salario real y hoy todavía sigue siendo incierto eso”, señala el economista en jefe de Radar y concluye que “en el mejor escenario la economía crecerá apenas por encima de lo que lo hace la población, lejos del 4% interanual al que crecía en octubre de 2017 para las elecciones de medio término”.

 

A la suerte de arrastre positivo que va a haber en 2019 por el agro, Rajnerman agrega que algunos puntos de la letra chica del acuerdo con el FMI van a permitir estimular a la actividad. “El financiamiento de organismo multilaterales para la obra pública no se va a contabilizar como gasto del Estado, lo que permitirá motorizar la obra pública”, explicó el economista de Ecolatina y agregó que “la contabilización del Fondo de Garantía de Sustentabilidad como parte de los ingresos (algo que hoy no ocurre) permitirá que el ajuste sea menor”.

 

No obstante, aclaró Rajnerman, la flotación del dólar va a generar un ancla negativa para la actividad. “El dato estadístico será positivo si la cosecha es normal pero más allá de eso, el ajuste va a pesar, en Ecolatina proyectamos un crecimiento de entre 1% y 1,5% para 2019”, concluyó.

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