Apuesta por el statu quo de la política bonaerense

11 de julio, 2018

 

Por Jorge Alvarez 

 

Dicen los que saben de política que los silencios dicen más que las palabras y las imágenes muchas veces no hablan…pero, a su manera, expresan.

 

Algo de eso manifiestan las últimas apariciones de la gobernadora María Eugenia Vidal junto a intendentes peronistas del Gran Buenos Aires con la excusa de alguna actividad de gestión.

 

Una visita a Martín Insaurralde por acá, otra a Ariel Sujarchuk por allá, un llamativo elogio a Walter Festa por otro lado y encuentros casuales privados, que luego se hacen públicos, con Sergio Massa son algunas de las imágenes que parecen delatar una estrategia de acuerdo con el sistema político bonaerense mientras las investigaciones de opinión pública ponen de manifiesto que el malhumor social comienza a afectar también a Vidal.

 

El sentido común de la gobernadora tomó nota de que el escenario económico en ciernes será negativo y la conciencia de la importancia del Gran Buenos Aires en los momentos convulsionados de la historia reciente de nuestro país haya, tal vez, gestado una estrategia que promueve un acuerdo que asegure los triunfos de los oficialismos locales en las elecciones 2019

 

No se trata sólo de tejer acuerdos de cara a una posible reelección sino que se trata de lograr un acuerdo estratégico que comprometa al sistema político para que nadie encienda la mecha o tire leña al fuego frente a escenarios de posible convulsión social.

 

Algo de esto explica también la decisión de aceptar en la coalición oficial a figuras desprestigiadas como Jesús Cariglino o sostener una nueva reelección de Gustavo Posse o Alejandro Granados, dos barones del conurbano que sobreviven a todas las épocas.

 

Que no haya olas y se respete al que gobierna, no importa el color. Habrá excepciones, en general intendentes de prosapia kirchnerista, como es el caso de Avellaneda o Ensenada, donde el encono gubernamental se expresará en enormes recursos para sus candidatos locales.

 

Fiel a su estilo, Massa intenta sacar tajada aprovechando el río revuelto y a sabiendas de la necesidad de manos en las cámaras provinciales para aprobar el endeudamiento para el 2019 promueve la separación de las elecciones municipales de las provinciales y nacionales, como moneda de cambio para dar los votos de su espacio a dicha iniciativa.

 

De lograr ese cometido, el impacto sobre el armado electoral nacional sería de enorme importancia, ya que los intendentes peronistas de las ciudades grandes, al no tener que compartir la boleta sábana con los otros órdenes, podrían tejer acuerdos con el peronismo no kirchnerista, algo que desearon y no pudieron llevar a cabo en las elecciones de octubre de 2017 por la popularidad que aún mantiene la expresidenta en el conurbano bonaerense.

 

Arreglar lo propio, al parecer, es el denominador común que puede unir a Vidal, el peronismo y el massismo en una competencia en la que el riesgo de perder disminuye, asegurando el statu quo del sistema político bonaerense, que tanto supo cuestionar Cambiemos antes de ser Gobierno.

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