2018, el año de las expectativas limitadas

La comunicación de las políticas del Gobierno y su ejecución comprometida son un elemento central en la recomposición de las expectativas

Por Fernando Amador Agra Director de la Licenciatura en Economía de la UCES (*)

 

A esta altura del año y dados los avatares financieros que hemos vivido durante las últimas semanas, está claro que este año dista mucho de lo que esperábamos iba a ser a fines del 2017.

 

Las expectativas de la población se han deteriorado y ese hecho no solo se percibe por la intuición, sino que también algunos indicadores reflejan esa evolución negativa.

 

La Universidad Torcuato Di Tella publica algunos índices que intentan conocer la evolución de ciertas variables cualitativas, que permiten inferir el estado de las expectativas de la población en torno a la inflación esperada, la confianza del consumidor y la confianza en el gobierno.

 

Con respecto a la inflación esperada para los próximos doce meses, en diciembre de 2017 el indicador, en términos del promedio y mediana de las respuestas, se situaba en 29,1% y 20% anual, respectivamente. A junio de 2018, estos valores eran del 35,8% y 30%, evidenciando un crecimiento muy fuerte en la evolución esperada de los precios para los próximos doce meses.

 

Por su parte, el índice que mide la confianza de los consumidores, al final del año pasado, tenía un nivel de 43,18, que en ese entonces mostraba una caída del 15,5% con respecto al mes anterior y observando su nivel a junio 2018, su valor de 35,97 claramente expone una fuerte baja en los niveles de confianza, la cual a partir de abril ya marcaba un cambio de tendencia.

 

Un cuadro similar nos muestra el indicador de confianza en el Gobierno (escala que va de 0 a 5) que pasa de un nivel de 2,36 en diciembre 2017 a 2,04 en junio 2018, siendo este último valor el segundo nivel más bajo del Gobierno de Mauricio Macri.

 

Este conjunto de indicadores son un proxy del humor social por un lado y por otro, el resultado de la evolución de variables reales y financieras que tienen impacto directo en la población: la fuerte depreciación del peso y su impacto en el nivel de precios, el alza de las tasas de interés, la pérdida de riqueza financiera (fuertes caídas en las cotizaciones de acciones y bonos) y la marcada desaceleración o evolución negativa de la actividad económica que se comienza a vislumbrar, luego de un primer trimestre del año más promisorio.

 

El futuro es incierto y nos adentramos en el en base a creencias, pronósticos y expectativas subjetivas de lo que puede acontecer, que resultan ser clave: sin confianza no hay consumo ni inversión y los plazos del planeamiento económico se acortan. Actuar sobre las expectativas es crucial y revertirlas es una condición necesaria, pero no suficiente para retornar a un sendero económico de mayor bienestar general.

 

Las recientes medidas tomadas para estabilizar la plaza cambiaria, el acuerdo con el FMI y el ajuste fiscal comprometido, entre otras, buscan torcer el rumbo negativo de las expectativas de la población y de los inversores internacionales. Más aún, en un entorno internacional menos favorable para los países emergentes.

 

Tanto unos como otros, en términos económicos, suelen ser actores de poca fe, que piden hechos para volver a creer. En este contexto, la comunicación de las políticas del Gobierno y su ejecución comprometida son un elemento central en la recomposición de las expectativas y un punto de partida para ir reconstruyendo los lazos lesionados e ir estabilizando las variables financiaras y recomponer la economía real.

 

(*)  Colegas y aficionados a lecturas de temas económicos podrán notar que el título de este artículo está en deuda con el libro que escribió el premio Nobel de Economía Paul Krugman: “La era de las expectativas limitadas”

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