Un segundo semestre complicado e inestable

Viene un segundo semestre más volátil, inflacionario y recesivo que lo esperado, en general, al inicio de la crisis cambiaria del mes pasado

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

El rescate del FMI ayudó a frenar la hemorragia de reservas y calmar las expectativas de nuevas subas del dólar. El giro de U$S 14.916 millones permitió tranquilizar un poco los ánimos, pero esto es apenas el inicio de una historia de final incierto.

 

La recesión recién está en sus comienzos y, si bien podría enfriar presiones inflacionarias, quizá sea insuficiente para desalentar la dolarización de carteras exacerbadas con la crisis cambiaria de mayo. En otras palabras: es probable que el paquete de ayuda del FMI, superior al esperado inicialmente por los mercados, sea insuficiente para revertir la caída de la demanda de pesos y el aumento de la demanda de dólares de los últimos dos meses.

 

En el Memorándum de Entendimiento Técnico suscripto entre Argentina y Washington se afirma que el stock de reservas netas al 4 de julio era de U$S 23.100 millones mientras que el anexo del comunicado de prensa del FMI del 20 de junio indica que, a fines de 2017, totalizaban U$S 27.900 millones y, para fines de 2018, el organismo proyecta un stock de U$S 29.700 millones.

 

Para llegar a ese nivel final, y con una inflación proyectada de 27% para todo 2018 por el FMI y el Ministerio de Hacienda, esto requiere un aumento del tipo de cambio superior a la inflación que se registre hasta diciembre, más una contracción económica que conduzca a una baja de las importaciones. En este aspecto, el FMI ha proyectado para 2018 un aumento de exportaciones de U$S 8.000 millones respecto de 2017 y de U$S 1.700 millones para las importaciones.

 

La realidad, sin embargo, muestra que, entre enero y mayo, el aumento interanual de las exportaciones ha sido de sólo U$S 1.644 millones mientras que las importaciones registraron un salto interanual de U$S 4.468 millones. La convergencia a las proyecciones del FMI requiere una destrucción del PIB que conduzca a una caída significativa de importaciones, junto a un aumento del tipo de cambio hasta fin de año adicional al 45% acumulado hasta el 22 de junio para aumentar las exportaciones.

 

Si la inflación acumulada hasta fin de junio fuera de 15%, es claro que la suba del tipo de cambio real respecto del dólar de aproximadamente 30% no ha sido suficiente. Si el objetivo del Gobierno es el de suavizar el “hard landing” recesivo, cumplir con la Carta de Intención suscripta con el FMI requiere una depreciación adicional de otro 30% en términos reales de aquí a fin de 2018. Con una inflación acumulada en el segundo semestre en torno de otro 15%, evitar un “atraso” significativo del tipo de cambio pesos/dólar exigiría una suba gradual hasta alcanzar a fin de año un nivel entre $40 y $42. No es un número caprichoso: es coherente con una inflación estabilizada en aproximadamente 2,4% mensual, y sin subas abruptas de tarifas públicas ni en los combustibles. Sin una suba del tipo de cambio real ni enfriamiento del mercado interno, no es claro cómo lograr revertir en el corto plazo los preocupantes números de la balanza comercial y del saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

 

Si algo habrá que evaluar en el día al día es la coordinación de instrumentos de política y también la estrategia comunicacional de las autoridades. En ese sentido el recambio de funcionarios de la semana pasada señalizaría la urgencia por contener, al menos el impacto social negativo de una recesión que no estaba en los planes de nadie. Pero los mensajes o señales no deben prestarse a equívocos. De hecho, ha sido por demás llamativo que el BCRA suba los encajes legales a los bancos, y en la semana siguiente no desmienta trascendidos sobre supuestas sugerencias de un Ministerio para liberar encajes y fondear préstamos a tasas preferenciales. ¿Será así la transición hasta que en marzo del año próximo se presente al Congreso un proyecto de ley para dar cierta independencia al BCRA? ¿Se arriesgará el Gobierno a alguna prematura llamada de atención del FMI?

 

Claramente, se vienen meses difíciles en los que el Gobierno debería restringir las acciones de política a lo firmado con el FMI, aun ante el avance de la recesión y la pobreza. La alternativa es girar hacia políticas activas, como las de la anterior Administración, haciendo caer el acuerdo con el FMI. En el lanzamiento de la campaña para las elecciones presidenciales de 2019, ¿qué sería lo más prudente? Todo dependerá de cómo vayan evolucionando los indicadores macro y financieros locales y del exterior, así como de su impacto distributivo y sobre las expectativas.

 

Viene un segundo semestre en el que el día a día podrá tener sorpresas de origen local y externo, y si algo empieza a quedar claro, es que será más volátil, inflacionario y recesivo que lo esperado, en general, al inicio de la crisis cambiaria del mes pasado.

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