El PIB crecería 0,9% en 2018 y 0,5-1% en 2019

El crecimiento económico hasta las elecciones será muy escaso

 

Lentamente, la escena económica y social va cambiando (y no para mejor). Ayer lo mostró el REM (ver página 2). Todo indica que vamos hacia una estanflación. Un escenario siempre complejo para las autoridades y, sobre todo, para el gran público. Si la pericia de los policy-makers está aceitada (y hay motivos para tener dudas), y el mundo ayuda (también hay dudas allí), el bajón tal vez sería ser breve y la economía podría pegar la vuelta hacia finales de 2018. Aunque, con costos en el camino.

 

Un informe de FyE Consult, capitaneada por Hernán Hirsch, pone esfuerzos en otear ese nuevo escenario cercano que se configura debajo de la superficie.

 

“Bajo un escenario macroeconómico estilizado de los acuerdos usuales del FMI y teniendo en cuenta la posición financiera de Argentina lo que muy probablemente veremos es un tipo de cambio real más elevado respecto del que vimos en los dos primeros años de la gestión de Cambiemos, que implicará un valor del dólar significativamente más alto; un aumento de la tasa de inflación importante que estará reflejando un reacomodamiento de precios relativos, esto es, la devaluación real del peso, el ajuste de tarifas (dolarizadas) y la suba de otros precios regulados; una retracción importante del gasto de consumo privado; una merma significativa del gasto de consumo y la inversión pública y, por último, una moderación de la inversión privada, con enorme dispersión sectorial”, dice el reporte.

 

“El éxito del ajuste macroeconómico estará dado en función de que el Gobierno logre alcanzar los nuevos precios relativos de equilibrio con efectos mínimos de segunda vuelta y en términos de conflictividad social”, agrega. Como primer efecto de esa dinámica, complementa, “prevemos una retracción del nivel de actividad a partir del segundo trimestre donde al impacto de la sequía le seguiría una contracción del gasto agregado que prolongará el escenario recesivo para el segundo semestre del año”. En criollo, “se verificaría un frenazo en el nivel de actividad económica, con el PIB registrando un crecimiento de 0,9% en 2018 (que podría ser más bajo) básicamente por el arrastre estadístico que está recibiendo del año anterior (+1,2 punto porcentual) y, además, una expansión de 0,5-1% en 2019, asumiendo que el Gobierno realiza la mayor parte del ajuste macroeconómico en la segunda mitad de 2018 (-0,7 punto porcentual)”.

 

Por otra parte, el segundo efecto de ese escenario es más complejo de pronosticar dadas las escasas señales de política económica asociadas al acuerdo con el FMI. “Ese ajuste macroeconómico generará tres impactos de segunda vuelta que serán difíciles de administrar para este y cualquier Gobierno”, anticipa.

 

Un nivel de conflictividad social elevado, con reclamos por demandas salariales y paros y marchas crecientes.

 

Un deterioro de la imagen del Gobierno, que hará que la oposición se anime más y se debilite la gobernabilidad del país.

 

Un debilitamiento de la percepción de continuidad de la política de reformas y de reinserción al mundo impulsada por la administración actual, lo cual no estimulará la demanda de activos y hará más doloroso el ajuste macroeconómico que se perfila.

 

 

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