El nuevo rol de las universidades

Los datos oficiales reiteran y confirman que el desempleo y la informalidad entre los jóvenes y adolescentes más que duplica el promedio nacional

 

Por Agustín Arieu Decano de la Facultad de Ciencias Organizacionales y de la Empresa de la Universidad de Flores (UFlo)

 

Los datos oficiales reiteran y confirman que el desempleo y la informalidad entre los jóvenes y adolescentes más que duplica el promedio nacional: la desocupación en los varones que tienen entre 14 y 29 años asciende a 17,2% y entre las mujeres de esa franja de edad sube a 20,1%.

 

No obstante, este fenómeno no es patrimonio de Argentina: según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa mundial de desempleo juvenil (13%) es tres veces mayor que la de los adultos (4,3%). En la eurozona, las cifras del desempleo juvenil alarman a la población y han sido centrales en las promesas de campaña de todos los partidos. Grecia, España, Portugal, Italia, Francia.

 

Es que, tal como nos diría cualquier manual de economía, si todo funciona bien el equilibrio de un mercado se producirá cuando la oferta y la demanda se encuentran generando un precio y una cantidad que en economía se denomina equilibrio. Sin embargo, amén del problema del desempleo estructural en el país, hay una notoria brecha entre oferta y demanda laboral. O mejor dicho, las instituciones educativas no producen lo que demanda el mercado, de modo que quedan puestos sin cubrir.

 

Tanto así es que, según FAETT, “para el 70% de las empresas de trabajo temporario hay un serio desfase entre las competencias demandadas por el mundo laboral y el sistema educativo, brecha que se verifica mayormente en las carreras de ingeniería (50%) y, en menor proporción, las orientaciones administrativas y humanísticas (30%) y marketing y publicidad (20%)”.

 

A su vez, la inteligencia artificial y la automatización llegaron para quedarse: según señaló la Universidad de Oxford hace cuatro años, el 47% del mercado laboral en Estados Unidos corre riesgo de sustitución por la robótica y la inteligencia artificial. Y aunque no indica este trabajo en cuánto tiempo se producirá este desplazamiento, no parece tener mucho sentido preocuparse por sostener tareas humanas que puedan ser realizadas por una máquina. Hace más de veinte años que Deep Blue derrotó a Garry Kasparov en una partida de ajedrez. Más productivo parece ocuparse por ayudar a las personas desplazadas a crear tareas, servicios y productos nuevos, que puedan inventarse y reinventarse… permanentemente.

 

La ilusión de la inserción

 

Pero, paradójicamente, las imágenes de miles de jóvenes en las filas de las Ferias de Empleo pueden interpretarse tanto como una acción exitosa, así como también como muestra de una delicada situación de crisis en esa franja etaria, que debe estar atenta a los cambios mencionados. Es que el empleo en relación de dependencia por tiempo indeterminado es parte de la historia: vemos profesionales expertos que trabajan para varios clientes, modalidades de empleo contractual que están cambiando la fisonomía de la vida laboral tal como la conocimos. Típicamente, esto viene de la mano del auge de procesos de descentralización que las empresas vienen llevando a cabo en vistas de concentrarse en el “núcleo” de su negocio tercerizando determinados procesos.

 

Dicho esto, debemos aceptar que nos tocará vivir situaciones de empleo, autoempleo, desempleo emprendimientos. De modo que lo más importante es desterrar la palabra desocupación de nuestro diccionario. Porque aun en etapas de desempleo, hay que mantenerse ocupado, y aún en etapas de empleo, estar atentos a la empleabilidad futura, a ser productivos siempre.

 

Las universidades

 

Conté 244 opciones de carreras, entre terciarias y universitarias en el sitio web Carreras y Trabajos. Hay opciones educativas de todo tipo. Pero no todas estas opciones tienen las mismas posibilidades. Quizás por esta razón haya cada vez más estudiantes que opten por carreras como Administración de Empresas ya que preparan a las personas para desenvolverse en situaciones no repetitivas.

 

A su vez, un graduado de este tipo de carreras tiene una muy sólida base para orientar su profesión hacia campos diversos como los recursos humanos, las finanzas o la comercialización, y porque contribuyen a desarrollar habilidades para la dirección de organizaciones, para la formación de líderes empresariales y sociales. Si bien la educación es la mejor inversión que puede realizarse; hoy las universidades deben contribuir a desarrollar aquellas competencias de adaptabilidad en las personas tan necesarias para soportar los cambios estructurales de los que somos partícipes.

 

No es casual que en los últimos años, el emprendedorismo domine las publicaciones de negocios, y las políticas de desarrollo local. El espíritu emprendedor es necesario dentro o fuera de las empresas, para crear algo desde cero o construir desde lo existente.

 

En “Listos para emprender” lo explicamos de este modo: ¡vivir es emprender! Los más jóvenes nacieron como nativos digitales, están acostumbrados al cambio permanente, a las redes. No deben temer que la tecnología los desplace. Si en algún momento la economía no requiere lo que ofrecen, no tienen que limitarse, y podrán imaginar algo nuevo y desarrollarlo. No existe mercado pequeño para las personas que son capaces de idear cosas nuevas. No deben preocuparse porque les falte empleo; el mercado será tan grande como puedan imaginarlo.

 

Desempleo tecnológico

 

En los últimos años se empeñó el concepto “desempleo tecnológico” para referirse a la pérdida de puestos de trabajo ocasionada por la adopción de tecnologías, algo que es falaz. Por un lado, el mercado de empleo tiene una dinámica muy fuerte y, por el otro, la adopción de tecnología no es un fenómeno ajeno a cualquier sistema económico. Desde siempre, la incorporación de nuevos procesos industriales y tecnológicos han ocasionado el desplazamiento de las personas de una actividad a otra. Es más, el desempleo no es un fenómeno que pueda juzgarse a nivel de empresas particulares: se trata de un fenómeno macroeconómico, es decir, al más alto nivel de agregación productivo de un país.

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