“No se está produciendo mirando al mundo sino pensando en Argentina”

El Economista dialogó con el consultor Iván Ordoñez

 

Entrevista a Iván Ordóñez Economista y consultor en agronegocios Por Eliana Esnaola

 

Del campo a la góndola, del productor al consumidor en un mundo que demanda cada vez más alimentos saludables y sustentables ¿En qué posición juega Argentina y cuales son sus desafíos como productora de alimentos? Sobre esos temas, El Economista dialogó con Iván Ordóñez, consultor en agronegocios, licenciado en economía y coautor del libro “Campo: El sueño de una Argentina verde y competitiva”.

 

¿Argentina puede ser el supermercado del mundo o la boutique?

Argentina, si se decide puede ser todo al mismo tiempo, porque no tiene el problema de Chile, que es la boutique de la palta, el salmón y el vino ya que tiene muy restringido su menú de opciones. Tenemos millones de hectáreas agropecuarias: 32 millones de hectáreas agrícolas, más 50 millones de hectáreas ganaderas y los otros cultivos intensivos. Podemos hacer lo que queramos: producir carne especializada con marca, con trazabilidad, diseñada especialmente para cada mercado que sería nuestro consumidor y podemos producir carne a granel, no es una cuestión de uno versus lo otro, sino de hacer bien lo que elijamos hacer. Podemos estar en todas esas opciones al mismo tiempo. Lo que estamos viendo hace muchas décadas, es que hay una incapacidad para producir una paleta diversificada de productos alimenticios o rurales. Evidentemente, se trata de una incapacidad del sistema en su conjunto, y no de los productores agropecuarios. El punto es ¿Qué nos demanda el mundo y si podemos producirlo de una manera eficiente para que lo compren?

 

¿A qué aspectos se debe esa incapacidad?

Es muy complejo y de larga data: la mentalidad con la que hacemos las cosas. Es muy difícil para todo el sistema, empresarios privados y organismos estatales, pensar cualquier actividad económica enfocada hacia el mundo. La gente no produce un bien o un servicio mirando el mundo, sino mirando Argentina. Cuando se imaginan el mercado potencial no se imaginan a 7.000 millones de seres humanos, sino a 45 millones, el problema es que de esos 45, hay 15 que hace más o menos tres décadas son pobres, no pueden consumir mucho, sino lo mínimo. Lo que quieren es que le aseguren que aquello que están consumiendo es inocuo y que es barato, pero no les importa mucho si es rico o bueno. Como históricamente no hacemos mucha actividad económica pensando en el mundo, de ahí devienen el resto de los problemas: regulaciones e impuestos, falta infraestructura para mover esos bienes y servicios, no me refiero solo a las rutas, sino también a la canalización de determinados riegos que son estratégicos para la producción agropecuaria (o sistemas de seguros integrales), y la infraestructura de Internet también es pobre. Se necesita escala para ser eficiente y ninguna actividad pensada para el mercado interno la tendrá. Esa escala es el desafío para generar trabajo sostenible en lo económico, social y medio ambiental que son los tres ejes de la sostenibilidad.

 

¿Cómo sería ese empleo?

Si creo un trabajo, me interesa que sea económicamente sostenible porque quiero que no dependa de ningún artilugio regulatorio sino que sea sostenible porque es competitivo; que sea sostenible desde lo social porque pretendo que la persona desarrolle una vida feliz haciendo ese trabajo y sostenible desde lo medio ambiental porque no quiero consumir recursos ambientales para que ese trabajo exista. Para que el empleo de una persona cumpla con los tres ejes de la sostenibilidad no alcanza con un mercado interno de 45 millones de personas, y hay muchos países más chicos, como Nueva Zelanda, Uruguay, Chile lo tienen claro. Nosotros estamos en una trampa porque no somos un país tan chiquito pero estamos muy lejos de ser un país grande, como todo el tiempo estamos mirándonos hacia adentro nos creemos especiales, y en realidad, como muestran los rankings de la ONU, Argentina es un país de clase media con muchísimos pobres y un crecimiento extremadamente volátil tendente a la baja.

 

¿Qué actividades han logrado crecer y por qué otras se estancan?

Hay potencial en cualquier actividad que esté enfocada en entender como es su cliente. Las actividades que no están enfocadas en entender como es su cliente por más que hoy estén generando dinero no van a ser sostenibles en el tiempo. Tenemos un montón de casos de éxito con un contexto tremendamente adverso de tipo de cambio y de cuestiones regulatorias. Todo lo que tiene que ver con la industria del vino ha superado esas batallas porque invierten, porque están constantemente tratando de ver qué es lo que le pasa al cliente, se han logrado reconvertir y han pasado de un modelo de producir vino en volumen a producir vino con marca, y lo han hecho con muchísimo esfuerzo en un proceso que duró más de veinte años. Eso la gente no lo entiende, cada industrial del vino tomó decisiones estratégicas de pensar al vino de una manera diferente, porque se dieron cuenta que se había acabado la idea del vino en volumen y dejaron de mirarse el ombligo. El limón es otro ejemplo que se ha integrado a cadenas globales de abastecimiento, y otras industrias mucho más jóvenes, pero también más chicas, como pueden ser los arándanos, y después ni hablar del caso de éxito de la soja. La soja sin un plan estratégico pasó de ser un cultivo más dentro de la paleta de cultivos argentinos a ser uno determinante para la macroeconomía del país y han construido el polo de crushing más importante del planeta. Hay que mirar lo que está pidiendo el mundo. Otro ejemplo son los servicios basados en conocimiento: profesionales altamente capacitados que exportan servicios, somos el líder latinoamericano con exportaciones por US$ 6.000 millones, un cuarto de una buena cosecha de soja. El problema no es lo que hacemos bien, sino lo que hacemos mal. Hay que sostener una idea madre de que al exportar se está generando más trabajo del que el mercado interno podría generar. No me canso de repetirlo: las retenciones están mal, exportar está bien.

 

¿Cómo impacta la coyuntura económico-financiera en el sector?

La volatilidad no le gusta a nadie y le sube mucho el precio a la opción “desensillar hasta que aclare”. Creo que el sector agroindustrial no tendría que ser alarmista, cuando el tipo de cambio se devalúa, el grueso del sector agroindustrial que está conectado con el exterior, sus ingresos no caen, y circunstancialmente aumentan (en agricultura extensiva el grueso de los costos está dolarizado). Estados Unidos cambió la tasa, tuvimos una sequía, perdimos el 30% de la cosecha de soja y el 18% de la de maíz, por lo cual, estamos atravesando una situación compleja porque cambió el contexto en el cual se desenvuelve el programa económico que administra un país con 30% de pobres. En lo personal creo que se debe abogar para que prime la sensatez y la empatía, ambas claves para sostener el diálogo en un momento donde hay estrés.

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