No faltan controles de precios: hace falta menos déficit fiscal

Más que analizar los costos de las empresas o el precio “justo” de las cosas, el Estado debe equilibrar sus propias cuentas

 

Por Jorge Colina Economista de Idesa

 

La principal preocupación de los políticos es que los precios sean equivalentes a lo que valen las cosas. Nada exaspera más a un dirigente que le digan que las empresas abusan de los precios o que las cosas están siendo remarcadas por encima de lo que realmente cuestan. Es por ello que todo dirigente, de cualquier signo ideológico, cae en la tentación de los controles de precios, ya sea fijando lo que a su parecer deben ser los precios o “estudiando” lo que las cosas deberían valer.

 

¿Cuánto deberían valer las cosas?

La teoría económica indica que el valor de las cosas está determinado por dos factores. Uno es la oferta y el otro la demanda. El factor de oferta es medir el valor por el sacrificio que implica su producción: esto es, la suma de los costos de los salarios y el costo de los insumos necesarios para producir el bien o servicio en cuestión. El factor de demanda es lo que lagente valora el bien o servicio en cuestión. Cosas que pueden costar muy poco producirlas pueden ser valoradas altamente por la gente, lo que implica que se les puede aplicar altos precios. Estos últimos terminan siendo los productos que hacen millonarios a algunos porque pueden vender productos que cuestan poco producirlos a altos precios.

 

En suma, el “precio justo” de un bien no es único. Varía entre lo que cuesta producirlo, desde el punto de vista de su costo, y lo que la gente lo valora, que es lo que la gente está dispuesta a pagar por ellos. Entre ambos puede haber una variación inmensa.

 

Cuando el Estado emite dinero para sostener el déficit fiscal paga salarios, jubilaciones y prestaciones sociales por encima de lo que la población paga de impuestos. Entonces, la gente tiene la posibilidad de valorar que los bienes y servicios valen muy por encima de lo que cuesta producirlos. Esto hace subir su precio.

 

En este marco, es inútil tratar de analizar cual es el valor “real” de las cosas cuando el Estado con el déficit fiscal infla la capacidad de valoración de las cosas, ya que los precios se inflan porque la gente –con el exceso de emisión monetaria– puede valorar las cosas muy por encima de lo que cuesta producirlas. Y, al final, este exceso de demanda nominal termina inflando los costos de producción.

 

Más que analizar los costos de las empresas o el precio “justo” de las cosas, el Estado debe equilibrarse y no hacerle creer a la población que tiene una capacidad de valoración de los bienes y servicios muy superiores a lo que cuestan producirlos mediante el exceso de emisión monetaria. En otras palabras, no hacen falta controles ni análisis de precios “justos”. Hace falta menos déficit fiscal.

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