¿El mejor equipo? Muchos cambios, pocos resultados

El mejor equipo de los últimos cincuenta años se disolvió sin ganar siquiera un solo partido

 

El mejor equipo de los últimos cincuenta años se disolvió sin ganar siquiera un solo partido. Sólo tomado en cuenta las áreas que se relacionan a la economía, se observa que el presidente del BCRA y los ministros de Agroindustria, Energía, Producción y Hacienda no son los mismos que a comienzos de la gestión de Mauricio Macri.

 

De todas maneras, el Presidente es reacio a los cambios de colaboradores, como lo demostró su gestión al frente del Gobierno de la Ciudad.

 

Hasta ahora no creía en la idea tradicional de producir cambios de gabinete con el objetivo de renovar expectativas favorables y oxigenar un gobierno. Porque creía más en el equipo que en las individualidades.

 

Pero los últimos movimientos indican un cambio en ese sentido. Macri avaló toda la política de Juan J. Aranguren, pero entendió que su figura estaba desgastada. Aranguren tenía un estilo que irritaba y realizó declaraciones desafortunadas sobre los motivos por los que no traía su dinero al país. Fue un cambio defensivo. A su vez, Francisco Cabrera no tenía tanto desgaste y, por lo tanto, fue desplazado porque se entendió que Dante Sica podría hacer un aporte superior en la nueva etapa. Fue un cambio ofensivo. Sica conoce los temas de producción, tiene experiencia en la función, trayectoria en el peronismo y, si bien respaldó la política económica del Gobierno, no forma parte de la cultura PRO. Su incorporación enriquece la gestión con una mirada distinta.

 

La formación de equipos es indispensable para gobernar bien, pero también es importante convocar a los mejores intérpretes en cada etapa. Descomprimir situaciones haciendo cambios en el gabinete es una herramienta legítima que al Presidente no le gusta utilizar (pero que a veces es necesaria).

 

Tampoco conviene atarse a dogmas como la autonomía a ultranza del BCRA en países con economías tan inestables como Argentina. Es más importante que haya coordinación, sobre todo en etapas como la actual. Macri lo entendió a tal punto que el desplazamiento de Federico Strurzenegger se hizo como si se tratase un funcionario más que depende del Poder Ejecutivo.

 

El equilibrio entre la ventaja de la continuidad y la necesidad de cambio, entre la homogeneidad que da coherencia y el pluralismo que enriquece, entre la conveniencia de formar equipos y lograr el aporte de individuales valiosas, no siempre es fácil conseguirlo. Pero de eso se trata el arte de gobernar.

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