Los liderazgos políticos están en modo pausa

El Gobierno perdió apoyo, pero hasta ahora que nadie en la oposición lo capitalizó: no hay liderazgos fuertes y existe cierta vacancia de representación

 

Por Juan Radonjic

 

Se suele escuchar que el Gobierno perdió apoyo, pero que nadie en la oposición lo capitalizó. Eso significa que en este momento no hay liderazgos políticos muy fuertes y que existe cierta vacancia de representación. Hasta fines del año pasado, Mauricio Macri era un Presidente con un considerable respaldo popular y pocos dudaban de que lograría su reelección en 2019 (y hasta se pensaba que podría ser en la primera vuelta). Tampoco era motivo de discusión que Cambiemos se consolidaría en todo el país, ampliaría su poder y ganaría votos entre los sectores populares.

 

Pero ese escenario se alteró por el deterioro de la gestión económica del Gobierno, que comenzó a fines de 2017 con el cambio en el cálculo de las jubilaciones, siguió con la suba de tarifas y las tasas de inflación superiores al 2% mensual. Luego vino la corrida cambiaria y el pedido de apoyo al FMI. En todo ese trayecto el Gobierno fue perdiendo apoyos entre quienes lo habían votado en 2015 y 2017.

 

Los que comenzaron a tomar distancia y desencantándose no pasaron a encolumnarse detrás de figuras de la oposición sino que por ahora están en un compás de espera. Son básicamente sectores medios que no se expresan en actos, ni en movilizaciones, ni van a protestar a Plaza de Mayo pero se hacen sentir en las encuestas y, luego, en las urnas.

 

El Gobierno puede recuperar terreno si logra que la situación económica comience a mejorar a fines de año luego del inevitable bajón de los próximos meses. La apuesta es a que la tasa de inflación sea algo menor y que la competitividad cambiaria impulse la reactivación de algunos sectores. Por la economía perdió apoyo y sólo con la economía lo podrá recuperar.

 

La política, en 2017, le dio a los mercados todo lo que reclamaban: Cristina fue derrotada en la provincia de Buenos Aires, se alejó la posibilidad de un retorno al poder del kirchnerismo y las perspectivas electorales para 2019 quedaron muy acomodadas para el oficialismo. Ese era el cuadro de Argentina en octubre de 2017 y los inversores tenían las seguridades políticas que exigían, pero aún así, la situación económica se deterioró. A los problemas internos se sumó una modificación del escenario internacional. La consecuencia fue la abrupta, y para muchos sorpresiva, corrida cambiaria.

 

Una vez más, se comprueba que no hay andamiaje jurídico o construcción política que puedan sostener una estrategia económica de cuya sostenibilidad dudan los mercados. Y en un marco de liderazgos políticos con representatividad disminuida se habla de candidaturas de figuras ajenas a la política, que si bien no tienen posibilidades de avanzar fuera de las estructuras partidarias, reflejan un clima de época.

 

La marcha de la economìa yla actitud de la oposición no se pueden separar porque la segunda es consecuencia de la primera. Un Gobierno en ascenso logra el apoyo de otros sectores, como que quedó demostrado en varias votaciones en el Congreso en 2017 mientras que, cuando enfrenta dificultades, incentiva a la oposición a unirse como ocurrió con el proyecto sobre tarifas. La batalla política se librará, una vez más, en el campo de la economía.

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