“Lo esperable es que la conflictividad social siga aumentando”

El Economista dialogó con Patricio Giusto (Director de Diagnóstico Político)

Entrevista a Patricio Giusto Director de Diagnóstico Político

 

Hay un fuerte deterioro de la situación económica y del ánimo social, lo que impacta negativamente en la imagen del Gobierno. Esto envalentona a los sectores sindicales y sociales opositores a las políticas oficiales a aumentar su presencia en la calle, frente a un Gobierno cada vez más débil para afrontar la situación. El panorama es preocupante”. Quien esto dice es Patricio Giusto, politólogo y director de Diagnóstico Político, una consultora que hace seguimiento de la evolución de la protesta social. Y agrega: “Mientras se siga deteriorando la economía y la imagen del Gobierno, la conflictividad seguirá en alza”.

 

¿Qué evaluación hace de la conflictividad social durante el gobierno de Cambiemos?

Si bien el récord en materia de piquetes de los últimos diez años se dio en 2014, en base a datos de Diagnóstico Político, la conflictividad social durante el Gobierno de Cambiemos ha sido muy alta. En el primer año de Cambiemos hubo un aumento del 3% respecto a 2015, mientras que el año pasado tuvimos una baja de los piquetes, del orden del 19%. Respecto a 2018, estamos frente a uno de los inicios de año más conflictivos desde que tenemos registros. La tendencia es que este año superaremos holgadamente la cifra de piquetes de 2017. El Gobierno, pese a las promesas, lejos ha estado de resolver esta problemática. En las calles de la Argentina sigue imperando el caos y la ley del más fuerte en materia de protestas sociales.

 

¿Quiénes fueron los actores más activos en la protesta?

Los actores más activos de las protestas durante los últimos años han sido los sindicatos estatales, las organizaciones sociales y los grupos de vecinos autoconvocados. Un poco más atrás se han ubicado los sindicatos privados, los partidos de izquierda y los grupos de desocupados. En lo que va de 2018, la tabla la vienen liderando gremios estatales, seguidos muy de cerca por las organizaciones sociales (casi el 40% del total de los piquetes entre ambos).

 

En términos de imagen de la gestión y de sus principales figuras, el Gobierno viene retrocediendo desde el triunfo electoral de octubre pasado. ¿Estamos en un punto de inflexión en términos de conflictividad?

Definitivamente estamos en un punto de inflexión porque, en el actual contexto, lo esperable es que la conflictividad siga aumentando. Hay un fuerte deterioro de la situación económica y del ánimo social, lo que impacta negativamente en la imagen del Gobierno. Esto envalentona a los sectores sindicales y sociales opositores a las políticas oficiales a aumentar su presencia en la calle, frente a un gobierno cada vez más débil para afrontar la situación. El panorama es preocupante. Mientras se siga deteriorando la economía y la imagen del Gobierno, la conflictividad seguirá en alza.

 

¿Qué impacto puede tener el paro general de la CGT?

Lo que menos debería preocuparle al Gobierno es el paro general de la CGT, si bien puede haber sectores de la propia CGT que quieran aprovechar la situación para fomentar desmanes. Me parece que lo más serio para el Gobierno será el creciente protagonismo de organizaciones sociales y sectores de izquierda y kirchneristas que están dispuestos a usar la violencia para desestabilizar. Esto ya lo vimos en diciembre. Estos sectores tan sólo están esperando un momento oportuno para volver a la carga. Con un Gobierno más débil y una situación económica más compleja, este escenario de mayor violencia en la calle está a la vuelta de la esquina. Para colmo, con el acuerdo con el FMI y el mayor ajuste, el Gobierno les dio inmejorables argumentos para su discurso de protesta.

 

La CGT está en un proceso de disputa por su conducción. ¿Puede retroalimentar esa conflictividad?

Al contrario, mientras la CGT no tenga una conducción revalidada, va a seguir siendo un actor más bien secundario en la calle. Ahora bien, todo indica que se está dando un proceso que culminará con una nueva conducción. A partir de entonces, y con el preludio de la disputa electoral que se avecina, la CGT seguramente recobrará fuerte protagonismo en la escena política y, por supuesto, en la calle por su enorme poder de movilización y capacidad de paralizar el país.

 

La sociedad civil, con movimientos como el “Ni una menos”, traspasó los canales habituales (sindicales, por caso). ¿Qué evaluación hace al respecto?

Los colectivos como el “Ni Una Menos”, contra y a favor del aborto, entre otros, son los grandes emergentes de la protesta social en Argentina. Tienen la característica de no tener filiaciones partidarias claras y de organizarse a través de las redes sociales. Es interesante porque esto dota a estos movimientos de una autonomía que la política no puede controlar o condicionar. Y son tan poderosos que condicionan la agenda de los medios de comunicación masiva y de la política. Algo similar de lo que sucede, en menor escala y mayor espontaneidad, con los vecinos autoconvocados.

 

¿Se puede hacer un análisis geográfico de esa conflictividad, más allá de que la Ciudad de Buenos Aires sea la principal caja de resonancia?

La ciudad y la provincia de Buenos Aires concentran históricamente alrededor del 40% de los piquetes a nivel nacional. Esto tiene que ver, por supuesto, con factores demográficos. Pero sobre todo se explica con que la CABA es el centro de la atención mediática y sede del Gobierno Nacional. Asimismo, el conurbano bonaerense es la mayor fuente de conflictividad social de la Argentina, por sus problemáticas estructurales y la gran cantidad de población concentrada en unos pocos kilómetros cuadrados. En el interior, observamos que la Patagonia es la región más conflictiva, tomando como referencia la ratio piquetes/cantidad de habitantes. Luego tenemos las regiones Centro (donde se destaca principalmente Santa Fe) y, finalmente, el NOA y el NEA. Cuyo ha sido la región del país menos conflictiva en materia de piquetes.

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