LCG: en 2018, la actividad caería 2,2% punta a punta

La consultora sostuvo que el eje puesto sobre la inflación, y no sobre la restricción externa, implica que el Gobierno va a una recesión para ajustar las importaciones

 

Expectativas de crecimiento eran las de antes. La corrida cambiaria de mayo puso sobre la mesa algunas de las sospechas de los analistas más agudos respecto a la amenaza que implicaba la reaparición de la restricción externa: hubo aversión al riesgo argentino, corrida y devaluación. Y ahora la caída del consumo, y la reacción en la tasa del BCRA y en el gasto fiscal del Ejecutivo, llevó a que las consultoras prevean un escenario de crecimiento más parecido al pesimismo que al optimismo: LCG publicó ayer que la actividad variaría apenas 0,6%, lo que implicaría una caída punta a punta de 2,2%.

 

El Presupuesto 2018 planteó un crecimiento de 3,5%. En el REM los analistas de la city ya venían corrigiendo y estaban en una mejora imaginada de 2,5%. El choque contra la restricción externa generó un sinceramiento de las expectativas. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, anunció la semana pasada que el crecimiento estaría entre 0,4%, en una visión más conservadora, y 1,4%.

 

Desde LCG esperan el mencionado 0,6%. Teniendo en cuenta el efecto arrastre que dejó el 2017, por la mera cuestión estadística, ese número implica que, si se toma el nivel de actividad de diciembre de 2017 y se lo compara con lo esperado para diciembre de 2018, no sólo no habrá crecimiento entre ambas puntas sino que además habrá una merma importante de la producción: caería 2,2%. Se trataría entonces de un año perdido. Y para 2019 tampoco tienen demasiado optimismo: esperan una variación de 1,7%.

 

El informe publicado ayer por LCG destacó como clave una cuestión: “En líneas muy generales, el acuerdo implica consolidación fiscal (lo vemos bien), flotación cambiaria, y una renovada priorización de las metas inflacionarias. Nos llama la atención el orden de prioridades elegido, al no referirse a la cuestión del déficit externo, para nosotros principal escollo para el crecimiento sostenido y fuente principal de la turbulencia reciente”.

 

 

Y explica que la estrategia parece ser un remedio tal vez peor que la enfermedad, es decir la recesión como herramienta: “El haber puesto como prioridad inmediata la inflación (por un año y ya desde julio, debe ser del 22%) antes que la corrección fehaciente y previa del déficit externo, implicará que todo el esfuerzo para la reducción de este último se concentrará en el marco recesivo (menor demanda de importaciones por menores ingresos) y no cambiando precios relativos (menor demanda de importaciones por tipo de cambio más alto)”.

 

Las causas que generarán el escenario recesivo serán la sequía, la caída del salario, la tasa alta, la inestabilidad del empleo y el ajuste fiscal, todo lo cual pegará sobre la demanda agregada y se sumará a un wait-andsee inversor.

 

“Al efecto de la sequía, se sumará la contracción del consumo a partir de la caída del ingreso real, menor dinamismo del crédito y un mercado laboral más inestable. Además, el mayor ajuste fiscal exigido para cumplir las metas tendrá un impulso negativo en términos de actividad que difícilmente pueda ser compensado por la reactivación de las exportaciones (máxime cuando el crecimiento brasileño vuelve a moderarse) y por un mayor flujo de inversiones que entendemos podría quedar latente a la espera de confirmar que los márgenes de rentabilidad (en el caso de los sectores transables, directamente asociados al TCR), como mínimo, no vuelvan a deteriorarse”, detalló.

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