La difícil tarea de educar a un “mentiroso patológico”

Trump consiguió un milagro: por sus reacciones chavistas, logró congelar la revisión del Nafta y diezmar la histórica buena voluntad de sus mayores socios

 

Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

Tras casi diecisiete meses en el poder, Donald Trump consiguió un verdadero milagro. Gracias a sus reacciones de corte chavista (de Hugo Chávez, el difunto líder del populismo venezolano), Estados Unidos logró congelar la revisión del NAFTA y diezmar la histórica buena voluntad de quienes por décadas fueron sus mayores socios comerciales y muchos de sus más firmes aliados geopolíticos y militares de la OTAN. Enojar hasta el desplante a los gobiernos de Canadá, México y la Unión Europea (UE) requiere un auténtico posdoctorado en necedad y miopía estratégica.

 

Si bien al gobierno de Ottawa le sobra ingenio para manipular a discreción las reglas del comercio (tanto de la OMC como del NAFTA), suele ser un interlocutor racional y educado. Versiones periodísticas indican que el primer ministro Justin Trudeau rechazó de cuajo incluir, en la hoy incierta renegociación del NAFTA, una cláusula quinquenal de terminación automática del acuerdo, un requisito que había planteado sin éxito el titular de la Oficina Comercial (USTR), Robert Lighthizer, y sobre la que insistió Mike Pence, vicepresidente de los Estados Unidos, quien le mencionó que era una condición indispensable para concretar su encuentro en Washington con Donald Trump a fin de cerrar las negociaciones. ¿Quién acepta suscribir un acuerdo de integración regional pegado con saliva para atraer inversiones y generar corrientes de intercambio de lenta maduración, que puede acabar al compás de una reacción hepática?. Trudeau escuchó a Pence y suspendió el viaje a Washington con su Canciller Chrystia Freeland. La idea era que la renegociación del NAFTA incluya, dentro del paquete, una fórmula para resolver el diferendo sobre el nuevo arancel aplicable al aluminio y el acero.

 

Al chantajear y penalizar por igual, hace pocas horas, con altos aranceles la importación de acero (25 por ciento) y  aluminio (10 por ciento) a Canadá, México, Japón y la Unión Europea, mercados  también castigados por la crisis de sobre-producción industrial que afecta a Estados Unidos y naciera en China, India y Turquía, Washington puso en igual canasta a los países amigos que sufren la existencia de ese problema real y a  las naciones que generaron y se benefician con esa tóxica realidad, algo que sólo empeora las cosas para todos y crea una enorme inflación de costos en Estados Unidos y en el resto de la economía mundial. Ello sin computar que el escudo que decidió aplicar la Casa Blanca es insostenible bajo las reglas de la OMC y que, de prosperar la lógica, tarde o temprano habrá de estallar en las manos de sus inspiradores.

 

De hecho, las primeras explosiones parciales ya están a la vista, por lo que el mundo asiste a la más torpe e inútil de las guerras comerciales, fruto de una visión mercantilista que nunca aportó prosperidad a sus patrocinadores y usuarios. Es la doctrina que potenció la crisis económica de 1929 y la llegada de la Segunda Guerra Mundial. Todos los afectados por el aumento de los aranceles anunciaron la inmediata aplicación de represalias simétricas contra importaciones de los Estados Unidos y se proponen reclamar el desmantelamiento de esas medidas en el contexto de la OMC. En otras palabras, todos eligieron profundizar una solución que destruye no que genera comercio. Y este proceso puede ocasionar que alguna de las esquirlas de fuego amigo caigan sobre Brasil, Australia, Corea y la Argentina, por cuanto son los gobiernos que decidieron negociar y aceptar “acuerdos voluntarios de restricción de exportaciones” (VRA o VER en sus siglas inglesas), sin reparar que el tema va, como lo advertí en charlas privadas, y en una nota anterior, derechito a Ginebra donde estos arreglitos “pragmáticos” chocan con las disposiciones de las actuales reglas del comercio mundial, en especial cuando hay un batifondo generalizado. Con el plus negativo que supone aceptar como todo derecho una cuota de importación lisa y llana en sustitución de un acceso previo sin restricciones, la receta entra en el marco de lo punible por vulnerar las disciplinas del viejo Artículo XI:1 del GATT.

 

De hecho, esos acuerdos entre partes no parecen flotar cuando menos bajo los Artículos II, XI, XIII, XXVIII y otros del GATT 1994 y el Acuerdo de Salvaguardias (Artículo 11:1). El lector interesado puede seguir las acciones legales que ya pidieron India y China en esta materia.

 

Paralelamente, Bruselas ya anticipó que el 1° de julio aplicará medidas similares de represalia y no ocultó que la Comisión de la UE nunca consideró aceptable negociar bajo chantaje con gobiernos  aliados. Un clima similar prevalece en Japón, México y Canadá.

 

Horas antes de viajar a Pekín (el 1/6/2018), legisladores de los dos partidos mayoritarios le hicieron saber al Secretario de Comercio Wilbur Ross que, si bien ellos comparten la inquietud del gobierno de Donald Trump por la subyacente crisis de sobre-producción industrial que diezma el equilibrio, las inversiones, el comercio y las oportunidades de trabajo del país y del planeta, no van a convalidar durante mucho tiempo el enfoque lanzado por la Casa Blanca. Las organizaciones gremiales de Estados Unidos, como la AFL-CIO, que dice simpatizar con los métodos Trump, sostuvo que es un gravísimo error poner en la misma bolsa a Canadá y China.

 

Uno de los que hizo catarsis ante la aludida montaña de disparates que se apilaron en Washington, fue el senador Bernie Sanders, ex candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el ala izquierda del Partido Demócrata (quien se declara socialista, compitió en las internas de 2016 contra Hillary Clinton y piensa reincidir en el 2020), al calificar de mentiroso patológico (“pathological liar”) a Donald Trump. En un impetuoso diálogo efectuado el viernes 1/6/2018 en el programa Tiempo Real (Real Time) que conduce por la cadena HBO el exitoso comediante Bill Maher, Bernie no se quedó en aprontes. Sostuvo que Trump no sólo evidencia apego a vivir mintiendo, sino también  exhibe claros reflejos autoritarios y reñidos con la democracia. A pesar de todo, el respaldo al Jefe de la Casa Blanca empieza a crecer.

 

Pero la cosa no termina ahí. El secretario Ross señaló que deseaba aplicar la misma receta del aluminio y el acero, a ciertas ramas de la industria automotriz, lo que significa meter otro caso bajo la Sección 232, problema de seguridad nacional, ya que se alega que durante la Segunda Guerra Mundial  ese sector fue la clave tecnológica e industrial del poderío de los Estados Unidos. No hay defensa sólida sin industria automotriz, sostiene, algo que podrían imitar las demás naciones productoras para liquidar el amplio intercambio global que existe en la materia. A su manera, Japón, otras naciones de Asia, los ex países socialistas y en cierto modo Europa, aplican esta genialidad con medidas técnicas, de calidad y culturales (además, en el caso del Viejo Continente, con un arancel más elevado que el estadounidense del 10% contra el 2,5%). En 2017, la importación de partes e insumos automotrices y automóviles de pasajeros de los Estados Unidos, alcanzó a unos US$ 335.000 millones, cifra engañosa si se tiene en cuenta la circulación de comercio dentro del NAFTA, o sea comercio intra-fronterizo de transformación y ensamble.

 

En México hay un viejo y popular refrán que dice “no hay nada peor que un estúpido con iniciativa”. Siempre quise saber  quién lo inspiró. Aún no conozco la respuesta.

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