Iguacel: “Argentina puede convertirse en exportadora de energía”

18 de junio, 2018

 

Por Delfina Torres Cabreros 

 

Un día de 2014, aburrido en una habitación de hotel en Venezuela a donde había viajado como vicepresidente de la petrolera Pluspetrol, Javier Iguacel dio su primer paso de acercamiento a la política. Desde su computadora móvil buceó la web de la Fundación Pensar –el think tank del PRO–, leyó los programas de Gobierno y decidió hacer una donación con su tarjeta de crédito. No lo sabía entonces, pero esa transacción simple había disparado una carrera política meteórica –la suya– que lo llevaría en el transcurso de cuatro años a ser candidato a intendente en Capitán Sarmiento, administrador general de la Dirección Nacional de Vialidad y, desde el sábado pasado a la noche, ministro de Energía y Minería de la Nación.

 

–Aranguren hizo una buena gestión, que ha sabido ordenar, y ahora viene el proceso de empezar a recibir frutos y aumentar el volumen de producción.

 

Evaluó Iguacel, sentado en su despacho de Vialidad, en un diálogo que mantuvo con El Economista pocas horas antes de que el presidente Mauricio Macri lo convocara a formar parte de su gabinete en reemplazo de, justamente, Juan José Aranguren.

 

Iguacel desarrolló toda su carrera dentro del mundo del petróleo, fundamentalmente en el sector privado. Se recibió como ingeniero en petróleo en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y poco después lo contrató la empresa en la que soñaba trabajar, por entonces la décima petrolera del mundo: YPF. Lo transfirieron a Malargüe, Mendoza, y allí se mudó con su mujer, a quien conoció en un boliche de Capitán Sarmiento, el pueblo bonaerense de 15.000 habitantes en el que se crió.

 

En 1999, dos años después de haber entrado, un mail que informaba la venta de la empresa y un programa de Jorge Lanata en el que se explicaba cómo había sido el negocio con la española Repsol lo alentó a renunciar. “Me parecía una pena absoluta que Argentina perdiera ese liderazgo y esa capacidad de mostrar que podía hacer las cosas bien en todo el mundo. Me recalenté, renuncié y le mandé una carta al presidente de la compañía, Roberto Monti, que me mandó un ticket aéreo para conocerme”, recuerda.

 

Iguacel dejó Malargüe y volvió con su mujer y ahora también con el primero de los tres hijos que tendría con ella a la casa de su abuela en Buenos Aires. Entró en Pluspetrol como gerente de contrataciones petroleras, un puesto que no le gustaba, y estuvo sólo un año porque lo convocaron de la petrolera de Pérez Companc, Pecom, para trabajar como ingeniero en proyectos de desarrollo en los yacimientos de Rincón de los Sauces, en Neuquén. Se quedó tres años hasta que un llamado lo devolvió a Pluspetrol, donde quedó a cargo de un proyecto de exploración en Angola. Durante los cuatro años que vivió en el país africano aprendió sobre conflictos políticos y raciales y profundizó sus lecturas sobre uno de sus referentes, Nelson Mandela. Seguramente mudará a su nuevo despacho en Energía los portarretratos que hasta el viernes decoraban con frases del líder sudafricano los muebles de la oficina principal de Vialidad.

 

Un proyecto de producción de biodiésel en su pueblo lo alentó a renunciar una vez más a Pluspetrol, pero las trabas que encontró para avanzar –“corrupción, ineficiencia total, clubes adentro del Estado donde estaba orientado quién iba a hacer qué”— lo hicieron volver poco tiempo después. Lo nombraron vicepresidente, a cargo de nuevos negocios y desarrollo.

 

Un día, un compañero de trabajo le pidió permiso para colaborar con una fundación en su tiempo libre. Era la Fundación Pensar, que por entonces estaba dándole forma a las plataformas electorales de Cambiemos para las elecciones de 2015. Iguacel le dijo que sí y, en un tiempo muerto en un viaje a Venezuela, se puso a buscar en Internet de qué se trataba. A los pocos días de hacer la donación con su tarjeta de crédito, un mensaje de voz de María Eugenia Vidal en su teléfono de Capitán Sarmiento –donde todavía tiene su casa familiar– y un llamado de la referente de Cambiemos del pueblo lo acercaron más al proyecto. Se dispuso a conseguir un buen candidato a intendente, pero como no lo encontró renunció una vez más a Pluspetrol y se postuló él. Perdió por una diferencia de 347 votos contra el dirigente peronista Oscar Ostoich, que dirige los destinos del Capitán Sarmiento desde 1999.

 

El mismo día de la elección, y cuando ya se sabía de la victoria del caudillo, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, le mandó un mensaje de WhatsApp: “Venite a trabajar conmigo”. El 11 de diciembre de 2015 a las 8 de la mañana, en la Ruta 8 a la altura de Exaltación de la Cruz, Iguacel acompañó a Mauricio Macri en lo que fue su primera actividad como Presidente y prometió que en 2019 los argentinos tendrían la obra de la autovía finalizada

 

–Acá estamos, luchando para cumplir.

 

Como experto en petróleo, ¿cómo evalúa la gestión de Juan José Aranguren al frente del Ministerio de Energía?–le preguntó este diario horas antes de que el Presidente le pidiera hacerse cargo de ese Ministerio.

–Le tocó una tarea muy difícil e ingrata y que quizás sea difícil de entender por la gente, pero que ha ido ordenando para que la Argentina deje de sufrir el déficit en materia de energía. Si Argentina hubiera hecho lo que había que hacer de 2007 en adelanto, cuando se descubre la manera de explotar Vaca Muerta acá, lo que en Estados Unidos ya está funcionando a pleno, hoy podría valer la mitad la energía. Pero ¿por qué no puede? Porque no se hizo toda esa inversión. La desinversión fue fabulosa, monumental y aparte inaudita, porque los recursos se descubrieron, no tenemos el problema de que no están.

 

–¿Hubo entonces una falla de parte del Gobierno en la forma en que se comunicaron los ajustes?

–Frenar un auto que se va a estrellar a 200 kilómetros por hora parece fácil hasta que apretás el freno. Yo creo que trasmitir eso es difícil, porque en energía nadie se da cuenta. Vos prendés la luz y te parece que es gratis, pero hay que estar a las 4 de la mañana con -18° C en Pampa Palauco perforando. Hay que arriesgar 80, 50, 200 millones de dólares de capital contra por ahí no sacar ni un centavo porque el proyecto no funciona. Es una industria compleja, muy aventurera en el sentido del riesgo y que lleva mucho tiempo reconstruirla.

 

–¿Esta gestión tiene la oportunidad de reconstruirla?

–La tenemos. Argentina se puede convertir no sólo en un país que se autoabastece sino en exportadora de energía. ¿Qué significa eso? Que también podemos exportar muchos productos que se fabriquen acá con energía más barata. Pero nos va a llevar tiempo. Creo que dentro de las dificultades Aranguren hizo una buena gestión que ha sabido ordenar y orientar y ahora viene el proceso de empezar a recibir frutos y aumentar el volumen de producción, sobre todo de gas. Se hizo muchísimo en energías renovables, eso está poco valorado. Hay una ley de 2005 que dice que el 20% debía ser energías renovables y no se había hecho nada. Y hoy los precios de energía renovables son en promedio la mitad por unidad producida de los últimos firmados por el gobierno anterior de energía térmica. Una cosa de locos. Eso ha sido una gestión extraordinaria. Ha ordenado y los frutos se van a empezar a ver de acá a los próximos dos, tres años, con la explosión de Vaca Muerta

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