El empleo siente el impacto de la crisis

Según un sondeo del Ministerio de Trabajo, el empleo cayó 0,2% en mayo y las expectativas de contratación volvieron a los peores niveles de la era Macri

 

Por Juan Strasnoy Peyre

 

Los datos laborales comenzaron a acusar la embestida de los problemas económicos del país. Si en los primeros meses del año, el trabajo registrado insinuaba un escenario frío, con una desaceleración del crecimiento interanual y una leve pérdida de puestos en las comparaciones mensuales, en abril –todavía antes de la crisis cambiaria– terminó de confirmarse. Este mes, según los números del SIPA presentados ayer en el Ministerio de Trabajo, se perdieron 28.600 empleos formales y en el acumulado del primer cuatrimestre la sangría se estira a 94.500, aunque la comparación desestacionalizada aún mostraba estancamiento. Pero ya en mayo, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) que elabora la cartera conducida por Jorge Triaca arrojó una caída del 0,2% sin estacionalidad en el sector privado y un desplome de las expectativas de contratación, que volvieron a los peores niveles de 2016.

 

Impacto

 

La EIL de mayo, relevada entre el anuncio del acuerdo con el FMI y su firma, ratificó la fuerte desaceleración de la generación de empleo privado en términos interanuales al pasar del 1,5% en enero al 0,7% en el quinto mes y evidenció una caída en la comparación mensual desestacionalizada. Durante el encuentro con periodistas del que participó El Economista, los funcionarios del Ministerio admitieron esta realidad aunque intentaron mostrar cierto optimismo. “Hubo un cambio de tendencia, pero todavía es prematuro para considerar lo que está pasando”, dijo José Anchorena, director de Estadísticas y Políticas Laborales, quien también planteó que la baja se debe más a un retroceso de la tasa de entrada al mercado laboral (contrataciones) que a un aumento de la tasa de salida (despidos, retiros voluntarios) ya que se mantuvo relativamente constante.

 

Pero el panorama no parece mejor para los próximos meses. Las expectativas empresarias netas de contratación de personal volvieron a los niveles más bajos del Gobierno de Mauricio Macri. En mayo, cayeron al 3,4%, en línea con los números de mediados de 2016, cuando el trabajo asalariado privado estaba en franco retroceso (ver gráfico). Pese a ello, Anchorena afirmó que el panorama “aún no está claro. Todavía están en la franja de la estabilidad a pesar de haber una desmejoría. Lo que está pasando es que las empresas están parando de contratar para mirar qué pasa. No echan porque tienen cierta incertidumbre sobre cuánto va a durar la recesión”. Sin embargo, el mejor de los casos –que se materialice esa estabilidad– implicaría una caída del empleo en términos reales, ya que el crecimiento vegetativo de la población es algo más que el 1% anual.

 

 

Detalles

 

Los datos del SIPA, los más completos del sector registrado, confirmaron en abril el congelamiento del mercado laboral que ya se vivía antes de la crisis. El crecimiento interanual del empleo de 1,7% muestra una importante desaceleración desde el pico de 2,2% en diciembre y durante el primer cuatrimestre ningún mes tuvo una variación positiva en la serie desestacionalizada. Además, en términos absolutos se perdieron 94.500 puestos laborales en lo que va del año. ¿Las causas? Menos contrataciones de asalariados privados y menos cantidad de trabajadores independientes (monotributistas y autónomos).

 

En abril, se contabilizaron 12.274.100 trabajadores “en blanco”. Entre ellos, 6.275.100 fueron asalariados privados, 3.140.500 empleados públicos, 1.565.300 monotributistas, 481.100 trabajadores de casas particulares, 417.200 monotributistas sociales y 394.900 autónomos. Sólo crecieron el trabajo en el Estado (0,1% sin estacionalidad, impulsado por provincias y municipios, en un contexto de despidos en la Administración Pública Nacional) y el empleo doméstico (0,2%).

 

Habrá que seguir con lupa en las próximas mediciones de las categorías de trabajo independiente, que desde hace algunos meses muestran un retroceso y podrían ser las primeras en sentir el impacto del sacudón económico al tratarse de las más inestables.

 

 

Sectores

 

En el trabajo asalariado privado, el estancamiento es la norma. La única excepción positiva es la de la Explotación de minas y canteras (3,6% mensual sin estacionalidad), basada en el repunte de la actividad petrolera. En la vereda de enfrente, la construcción y el sector manufacturero son las principales preocupaciones.

 

La industria, la actividad que emplea a más personas en relación de dependencia, profundizó su sangría en abril al caer 0,3% contra marzo y 1,5% interanual. Desde fines de 2015 ya destruyeron más de 70.000 puestos.

 

Por su parte, la construcción frenó en seco la generación de empleo formal y no tuvo variaciones respecto de marzo. El dato anticipa un escenario complejo. Bajo el impulso de la obra pública y el crédito hipotecario fue el principal motor del mercado laboral durante 2017, pero con el ya anunciado en el gasto público podría comenzar a mostrar números negativos en los próximos meses.

 

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