Destrucción creativa a la argentina

La revolucionaria idea de Schumpeter quedó demostrado que no funciona en Argentina

 

Por Diego Falcone Head Portfolio Manager de Cohen

 

Para el economista austríaco Joseph Schumpeter, la innovación en una economía capitalista es un proceso en el cual los nuevos productos destruyen a las viejas empresas. Esta idea se expresa en toda su crudeza con la quiebra reciente de Toys“R”Us. Por una lado, el centro comercial tradicional que ya no atrapa nuevos consumidores (la vieja empresa) y, por el otro, Amazon.com, una plataforma digital que no para de crecer y que el mercado la reconoce haciéndola subir, sólo en 2018, 45% frente al 3% que suben el resto de las compañías del S&P 500.

 

Pero esta revolucionaria idea quedó demostrado que no funciona en Argentina (para variar, aquí no opera ninguna de las teorías económicas que aplican en el resto del mundo).

 

Por ejemplo, un nuevo producto como Uber o Cabify, aceptado por la mayoría de “millennials” (los consumidores del futuro), sufre el acoso de los taxistas de Omar Viviani, aplicando la inversa de la destrucción creativa: la destrucción “reactiva”, con lo que la vieja empresa, mediante la violencia física (y no mediante la sana competencia de mercado), destruye al nuevo producto. Es el mundo del revés. Por eso, cuando hablamos del “costo argentino” no podemos sólo quedarnos con la carga impositiva y la falta de un mercado interno, también hay que pensar en las dificultades que tienen nuestras empresas para innovar. En los años del kirchnerismo la mayoría de las pymes no se modernizaron a pesar de una tasa de interés real negativa, el proteccionismo (¿se acuerdan de las DJAI?) y los subsidios económicos. ¿Por qué? Porque muchas no se animaron a salir de la zona de confort que le brindaba el Estado de la misma forma que no podemos esperar que de un niño consentido por sus padres, el día de mañana, se convierta en un adulto responsable de su propio destino.

 

El cambio de Francisco Cabrera frente al Ministerio de Producción por Dante Sica va a contramano de las ideas de modernización económica que propuso en su día Cambiemos y esperemos que las recientes declaraciones del ministro sean sólo “fulbito” para la tribuna porque hace 70 años que intentamos llegar al arco rival por adentro cuando es por afuera.

 

El joven manos de tijera

 

Se espera un segundo semestre bravo por la sequía (que ya se la veía venir) y la devaluación de $20 a $27 (que nadie se la esperaba), pero no tan duro como el de 2016 (igual, crucemos los dedos).

 

Pero pensando en las diferencias entre aquel “segundo semestre” y éste podemos citar que al frente del Ministerio de Economía estaba Alfonso Prat-Gay, más sensible al ajuste (¿habrá sido su pasado en UNEN junto a Pino Solanas y Victoria Donda?) mientras que ahora tenemos al joven manos de tijera, Nicolás Dujovne. También podríamos resaltar que el contexto internacional era diferente: las economías emergentes dejaban atrás años difíciles (2014-2015) en un mundo donde todavía la tasa de interés seguía en mínimos. En otras palabras, el contexto internacional iba de mal en mejor mientras que ahora ocurre lo contrario: la depreciación del yuan chino ha puesto en alerta a todos los mercados emergentes. Algo no marcha bien en la economía del Gigante asiático y esa no son buena noticias para nadie que exporte materias primas.

 

La buena para Argentina es que lo peor parecería haber quedado atrás tanto si hablamos del dólar como del Mundial (excepto con el Pipa Higuaín, quien siempre puede definir peor).

 

Estabilizado el tipo de cambio, el Gobierno ahora está en la fase de control de daños pero no tiene mucho tiempo si quiere ver una recuperación en 2019.

 

Chau maquinita

 

¿Habrá traslado a precios después de una devaluación del 50%? La respuesta corta es…sí. ¿Será del 50%? No necesariamente. Si observamos las devaluaciones de diciembre de 2015 y mayo de 2017, el traslado a precios fue inferior comparada cola de Axel Kiciloff y Juan C. Fábrega de enero de 2014 porque hemos tenido una menor monetización del déficit fiscal.

 

En esta oportunidad la maquinita directamente ha sido desenchufada, por orden del FMI, así que tendremos la oportunidad de analizar si, dejando de emitir pesos, alcanza para romper con el ciclo devaluación, emisión e inflación. De todas formas, con las devaluaciones en Argentina, nunca se sabe.

 

Traigan crecimiento que dólares sobran

 

El salto del dólar de $10 entre diciembre de 2017 y junio, no nos convertirá en la Corea del Sur de América (más allá de que se vendan más vinos a turistas brasileños o chilenos crucen a Mendoza para hacer shopping). Lo que un tipo de cambio competitivo logra es ahorrar dólares: menos argentinos vacacionando durante el verano en el Caribe y menos hinchas alentando a la Selección en la próxima Copa América a disputarse en Brasil. El aumento en la oferta de divisas la aportará la inversión que haga el campo para levantar una cosecha de 140 millones de toneladas (frente a las 98 millones de 2017/2018) y los US$ 3.500 millones menos de importaciones de energía que la producción de gas no convencional en Vaca Muerta nos proveerá. Entre estos items (menos turismo, el campo y Vaca Muerta) en 2019 podremos esperar una oferta extra de dólares de unos U$S 10.000-12.000 millones. Dólares que no le van a venir nada mal a Mauricio Macri en un año donde se juega su supervivencia como fuerza política.

 

Sólo Horacio Larreta tiene asegurado el futuro en Cambiemos el año que viene y desafiando la teoría de la destrucción creativa de Schumpeter (incluso la teoría de Albert Einstein del espacio-tiempo) los proveedores de plantas, baldosas, arreglos florales y pintura para exteriores del Gobierno de la Ciudad, tendrán también un gran 2019.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *