El desafío electoral será (más) complejo

La economía llegará a las elecciones creciendo muy poco y con una inflación elevada

La corrida cambiaria de abril y mayo trastocó todos los planes y todas las proyecciones de la economía. Por caso, 2018 parecía un año positivo (a la Argentina, claro), tan solo algunos meses atrás, con cierta desinflación (a la zona de 20%) y un crecimiento interesante, aunque no espectacular, en la zona de 2,5-3% del PIB.

 

Pasado pisado. Vamos a hacia una inflación en la zona de 28-30%, es decir, superior a la de 2017 (24,8%) y un crecimiento que, en el mejor escenario, será de 1,5% (con una probable recesión técnica en el medio), que estará explicado, más que por un aumento real de la economía, por el “arrastre estadístico” que dejó 2017.

 

Dado que 2018 no es un año electoral, los análisis del impacto electoral de la economía ignoraban esos guarismos porque, decían, no eran relevantes ni buenos predictores para definir la dirección del voto en 2019. El voto, seguía ese razonamiento, se decide unos meses antes, y no 18 meses con antelación.

 

 

Sin embargo, tras los anuncios de ayer, empiezan a cobrar más relevancia porque esa tónica fría de la economía podría seguir hasta las elecciones. En rigor, el propio Nicolás Dujovne estimó un crecimiento de 1-2% en 2019 y la nueva meta de inflación para dicho año será de 17%. Aun si se cumpliera (el equipo económico, pese a su expertise en las modelizaciones econométricas, no ha sido muy artero con sus proyecciones) será una economía poco atractiva electoralmente.

 

El Gobierno deberá tomar nota de ese nuevo escenario y potenciar la oferta electoral de cara a un 2019 que no será solo desafiante en lo económico.

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