Un acuerdo con olor a mujer

Además de exigencias fiscales, el FMI pide una transformación de la estructura económica del sector privado y, también, del ámbito familiar

 

Por Jorge Alvarez 

 

Al iniciarse las sesiones ordinarias de 2018, el Presidente no sorprendió con el discurso optimista basado en mejores indicadores de creación de empleo y baja de inflación, pero sí lo hizo con la apelación de una agenda feminista mediante la incorporación del debate sobre la despenalización del aborto y medidas para lograr un salario igualitario, acorde con la agenda que los organismos internacionales bregan como la agenda social del Siglo XXI.

 

Muchos creyeron ver oportunismo político al incorporar en la agenda legislativa la despenalización del aborto, pensando que el debate al respecto iba a lograr ocultar el malestar social o la crisis económica, pero la realidad supera a las especulaciones.

 

Luego de más de veinte horas de debate en el recinto y una enorme movilización de mujeres en las cercanías del Congreso, bastaron un par de horas para que la noticia se diluya ante la suba del dólar y el cambio de presidente del BCRA.

 

Agenda

 

Es llamativo que una coalición política como Cambiemos, cuyas principales exponentes mujeres (la gobernadora de Buenos Aires, María E. Vidal; la diputada Elisa Carrió; la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti y la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley) están en contra de la agenda feminista o bien no son militantes de la causa y, sin embargo, el Gobierno puede avanzar en la igualdad de género como no lo hizo ningún otro desde la recuperación de la democracia.

 

De las pocas ideas que mantuvo a rajatabla el Gobierno desde su comienzo se encuentra el deseo de incorporar al país en el selecto club de la OCDE, organización que entre otras condiciones exige reformas tributarias, administrativas y sociales, y el papel de las mujeres en la economía es, sin dudas, uno de esos objetivos.

 

Claramente la agenda de los organismos internacionales incide en las decisiones del Gobierno que, sumado al desarrollo de una conciencia global más propensa a la igualdad de género, condiciona las iniciativas que busquen restringir el proceso de feminización de la economía.

 

Por eso, al leer los alcances del acuerdo firmado con las autoridades del FMI, no debería llamar la atención que haya un capítulo destinado exclusivamente al apoyo a la equidad de género para “promover igual paga y un sistema más equitativo de licencias de paternidad y maternidad” y “continuar construyendo infraestructura para el cuidado de niños y educación de la primera infancia”

 

El acuerdo con el FMI en esta oportunidad, además de exigencias fiscales, pide una transformación de la estructura económica del sector privado y del ámbito familiar que llamativamente serán bienvenidas por los sectores sociales y políticos históricamente opuestos a los acuerdos con el organismo. Delicias de una época inclasificable.

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