Venezuela posterga la emisión del bolívar soberano

El país sigue soportando una espiral hiperinflacionaria sin interrupción: en abril superó el 80%, acumulando casi el 13.800% en doce meses

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

Las altas inflaciones, y más aún las hiperinflaciones, fuerzan a los gobiernos a emitir billetes de cada vez mayor denominación. La cantidad de ceros dificulta la determinación de precios y fuerza tarde o temprano a su reemplazo por un nuevo signo monetario. El gobierno de Venezuela dispuso meses atrás la sustitución del bolívar fuerte por el bolívar soberano, quitando tres ceros a los precios. Sin embargo, ahora ha anunciado que la emisión de la nueva moneda prevista para el próximo lunes, se posterga por 60 días.

 

La decisión responde al pedido de la Asociación Bancaria de Venezuela, que había solicitado una suspensión por 90 días ante la falta de suficientes billetes en la nueva denominación. Peor aun, funcionarios de varias entidades bancarias han afirmado que no han recibido un solo billete de “bolívares soberanos”, y que no tienen indicaciones oficiales sobre la mecánica de sustitución de los bolívares fuertes actuales por los nuevos.

 

Mientras tanto, el país sigue soportando una espiral hiperinflacionaria sin interrupción. En abril superó el 80%, acumulando casi el 13.800% en doce meses. Se espera que mayo cierre con una inflación superior, agravándose la escasez de alimentos, medicamentos y hasta de papel moneda. El gobierno, a su vez, enfrenta nuevas sanciones de EE.UU y la Uniión Europea en repudio a los recientes comicios en los que Maduro fue reelecto sin participación de opositores.

 

La economía enfrenta ahora una realidad cada vez más complicada. El PIB este año registraría una caída de 15%, lo que tornará apenas soportable la hiperinflación. A la incertidumbre de los precios se suma la escasez de bienes básicos de consumo en todo el país, lo que ha conducido a no pocos venezolanos a abandonar el país. Los que no lo han hecho, tratan de preservar el poder adquisitivo de sus ahorros comprando y manteniendo dólares.

 

La transición exigirá la coexistencia de ambas monedas, caso contrario se correrá el riesgo de una escasez de ambas monedas, agravando los problemas de liquidez de familias y empresas. En ese caso aumentaría aún más la velocidad de suba de precios, y el sesgo hacia la dolarización de facto de la economía venezolana y hacia el trueque. La suba de precios seguiría su camino ascendente en la medida en que el gobierno venezolano mantenga sin cambios el expansionismo fiscal y monetario de los últimos años. En ese sentido, bien puede pensarse que la nueva moneda está muerta antes de nacer: no sería de extrañar que a más tardar a fin de año deba ser reemplazada por otra con tres o más ceros menos, para redenominar precios en cantidades manejables de la nueva unidad de cuenta.

 

En general nada se espera que cambie: continuará la escasez de bienes básicos de consumo, las filasfrente a supermercados, la falta de dinero efectivo y el escenario recesivo. La postegación de la emisión de los nuevos billetes le darán tiempo a los bancos para realizar las tres pruebas técnicas mínimas para reconvertir los sistemas en la nueva unidad de cuenta. Algo que, en definitiva, no servirá de mucho, ya que si la inflación de este año termina entre 13.000% y 15.000%, el gobierno se verá obligado a aumentar aún más la velocidad de emisión monetaria, debiendo enfrentar en pocos meses la necesidad de quitar ceros a todos los precios y contratos, y una vez más, cambiar de signo monetario y volver a empezar. Algo que conduce tarde o temprano a la ruptura del sistema de pagos en moneda nacional y que de facto puede conducir al gobierno a tener que admitir la dolarización de facto a efectos de evitar la caída en el trueque o en la proliferación de monedas y cuasi monedas privadas de convertibildad parcial o limitada.

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