Muñoz: “Hubo exceso de optimismo frente a las vulnerabilidades”

“¿Cómo nos metimos en este lío?”, se pregunta en un exhaustivo informe

 

Hasta hace no demasiado tiempo, el programa económico del Gobierno despertaba una interesante paradoja en las encuestas, que también se verificaba en los análisis de las consultoras: una visión de que algunos indicadores no lucían tan bien en el presente pero un optimismo de que la cuestión iba a ir a bien en el futuro. Ese optimismo mermó con la corrida cambiaria de abril-mayo. Un informe publicado ayer por Federico Muñoz y Asociados sostiene: “A poco de iniciarse la gestión macrista, adoptamos una mirada muy optimista respecto a las perspectivas económicas locales. Reconocíamos y valorábamos sus esfuerzos por sanear la macro y mejorar la competitividad y confiábamos en que ese curso de acción nos permitiría embarcarnos en un sendero de crecimiento sostenido y romper con una larga fase de decadencia económica”.

 

Menos optimista

 

Esa visión optimista comenzó a remitir con la corrida. Y es que para Muñoz, el Gobierno estaba inscripto en una carrera que consistía en eliminar los déficit gemelos y la alta inflación antes de que el financiamiento externo amainara. “La carrera terminó y la perdió el Gobierno”, remarcó el informe.

 

Con todo, si bien no descarta que existen caminos para llegar al final del túnel, afirma que el optimismo fue excesivo: “El deterioro de la coyuntura económica ha aumentado las posibilidades de ocurrencia de desenlaces bastante menos auspiciosos. El mundo se hastió y dejó de financiar los desequilibrios argentinos bastante antes de lo que suponíamos. Si bien este deterioro del contexto financiero internacional constituye un evento exógeno –hasta cierto punto- imprevisible, ello no nos exculpa de haber pecado de exceso de optimismo”.

 

Falencias propias

 

El exhaustivo informe de Muñoz describe en detalle ese escenario exógeno que se combinó con una serie de falencias endógenas que volvieron al caso argentino totalmente particular y distinto al resto del mundo. “El dólar tiende a fortalecerse en el mundo contra las monedas de todos los emergentes. Pero ningún país (salvo Turquía, en los últimos días) atravesó una corrida cambiaria de una magnitud comparable a la que sufrió Argentina. Nuestro tipo de cambio acumuló una suba de nada menos que 43% desde diciembre, bien superior a la de cualquier otro emergente en el mismo período”, explica. Y, tal como muestra, en Argentina la depreciación del 43% compara contra un segundo puesto de Turquía, que depreció apenas 23%. Algo similar ocurrió con el riesgo país, que creció 5 puntos en Argentina en mayo, muy por encima del promedio de los emergentes. “Con semejante aumento de costo, podemos decir que virtualmente se cerró el acceso al financiamiento voluntario externo”, concluye.

 

Ese diferencial en las consecuencias que afrontó la economía local y las del resto del mundo se explican, según Muñoz, por ciertas características particulares: el rojo de cuenta corriente sobre el PIB comparte el primer puesto entre emergentes con Pakistán y Turquía (5%), el ratio reservas sobre PIB es el segundo más bajo (8%), sólo superado por Pakistán, la inflación anual es por lejos la más alta y la deuda pública sobre PIB ya entró en el Top 10 (54%). Todo eso, y la reputación del país para los default, “aumentan la aversión al riesgo de los inversores externos y los predisponen a salir rápido ante las primeras turbulencias”.

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