Otro mundo, otro FMI, otra Argentina

El FMI no le va a pedir al Gobierno algo que el Gobierno no desee hacer, o ya tenga planeado hacer

Por Nicolás Salvatore Economista

 

Desde el año pasado están subiendo a buen ritmo las tasas de interés de los US-T Bonds a 10 años, consideradas tasas “libres de riesgo” del mundo. Actualmente, los rendimientos de dichos bonos rondan el 3% anual (luego de la crisis de 2008, y por muchos años, rondaron el 1%). Este proceso llevó a un rebalanceo de carteras de los inversores internacionales: dado que aumentó el retorno esperado de estos activos sin riesgo, lo racional es vender parte de los activos más riesgosos de países emergentes, y aumentar la participación de los bonos de EE.UU. en sus carteras de inversiones. Así, los inversores mantienen la misma relación riesgo-retorno en sus carteras.

 

Además, aumentó el riesgo país argentino, hasta cerca de 5%, al producirse una salida de capitales (venta de bonos) mayor desde Argentina que desde otros países emergentes (mayor caída del precio de los bonos = aumento de sus rendimientos), debido al mayor riesgo argentino, heredado de la administración justicialista: déficits gemelos, fiscal y externo, del orden del 5% del PIB. De este modo, la tasa de interés que pagaría hoy Argentina por financiarse en los mercados voluntarios de deuda rondaría el 8% (3% del US T bond + 5% del riesgo país), y cerca de 9-10% para los tramos más largos. Estas tasas están en el límite de ser prohibitivas, ya que los intereses de la deuda a pagar se sumarían al déficit fiscal primario y transformarían en prácticamente impagable el déficit fiscal global: por más esfuerzos que haga el Gobierno con la reducción del déficit primario, la bola financiera sería muy difícil de parar (al igual que en cualquier empresa que está ajustando sus gastos, pero la “comen” los intereses del banco).

 

El FMI, una institución muy distinta a la de los años ‘70-‘90, sobre todo poscrisis de 2008, tiene en la actualidad diferentes líneas de crédito, con diferente tipo de condicionalidades, desde las más benévolas líneas “flexibles”, a las que accederá ahora Argentina, hasta los severos préstamos stand-by de los años ‘80 o finales de la Convertibilidad en los ‘90. Las condicionalidades de estos préstamos flexibles son laxas, más aún teniendo en cuenta la excelente opinión que la Directora del FMI ha manifestado sobre el programa argentino, como así también debido a las periódicas y exitosas revisiones que el FMI viene realizando de nuestras Cuentas Nacionales bajo el Artículo IV.

 

Ayer, entrevistado por Maximiliano Montenegro para el programa de TV “Animales Sueltos”, hizo declaraciones el Economista Jefe del FMI para Argentina. No sólo se mostró sumamente comprensivo con la situación económica y social argentina, sino que sus planteos fueron en línea con el programa fiscal del Gobierno. Incluso se sorprendió por la velocidad del ajuste tarifario-fiscal. Definitivamente, éste es “otro” FMI. Nada pareció indicar que el FMI le vaya a pedir al Gobierno algo que el Gobierno no desee hacer, o ya tenga planeado hacer.

 

La tasa que pagará Argentina rondará el 3/3,5%, y el plazo de repago será de 5-10 años, es decir, rondaría la tercera parte de la tasa que el país debería pagar hoy en el mercado

 

La tasa que pagará Argentina rondará el 3/3,5%, y el plazo de repago será de 5-10 años, es decir, durante las segunda y tercera presidencias de Cambiemos. Dado que Argentina conseguiría hoy financiamiento al 8-10% en dólares entonces la tasa del FMI rondaría la tercera parte de la tasa que el país debería pagar hoy en el mercado.

 

Dado que la condicionalidad del préstamo flexible es muy laxa, y que Argentina ya se encuentra implementando un duro ajuste fiscal, del orden de 1% del PIB por año, el acuerdo con el FMI luce sumamente conveniente: muy bajas tasas a condiciones laxas. Nada tiene que ver este tipo de préstamos con los tortuosos programas del FMI del pasado. El mundo cambió, el FMI también y, sobre todo, Argentina no pide un préstamo en una situación crítica de fragilidad financiera externa como, por ejemplo, la de Grecia poscrisis de 2008 o la de fines de la Convertibilidad.

 

Argentina no pide un préstamo en una situación crítica de fragilidad financiera externa como, por ejemplo, la de Grecia poscrisis de 2008 o la de fines de la Convertibilidad

 

Argentina estaría en condiciones de recibir cerca de US$ 30.000 millones, que es aproximadamente lo que necesita para cubrir sus necesidades de financiamiento hasta fines de 2019. Esto no significa que si los mercados se normalizan en general, y con Argentina en particular, el país no pueda volver a los mercados voluntarios de deuda y usar sólo parcialmente, o nada, la línea de préstamos flexibles del FMI. Esta línea de préstamos flexibles funciona, así, como “la caja fuerte en el living”: le brinda a Argentina mucha más solidez financiera frente a los mercados ante la actual volatilidad internacional, generada por la suba de tasas en EE.UU., actuales y esperadas para los próximos dos años. Argentina queda así cubierta ante tal volatilidad porque podrá financiar su progresismo (gradualismo) fiscal sin recurrir a mercados eventualmente turbulentos.

 

El temor a las palabras “FMI”, “préstamo” y “condicionalidades” refiere al pasado, a las décadas del ‘70-‘90. El mundo cambió, el FMI cambió, y Argentina cambió, ya que no es un país insolvente que pide un préstamo al borde del abismo sino un país saliendo del infierno justicialista de 2015 que enfrenta un mercado internacional más volátil debido a la suba de tasas de EE.UU.

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