Los riegos de la carta del FMI

Pasada la crisis cambiaria (hoy, la prioridad), se deberán redoblar (o reorientar) esfuerzos para estimular el crecimiento y bajar la inflación

 

¿Estaban tan mal las condiciones financieras como para regresar a Washignton? Eso es parte del pasado. Ya volvimos. Y nos quedaremos por un rato. Hasta 2020, cuanto menos. Esto recién empieza. ¿Puede terminar bien? Quién sabe. Algo es seguro: la respuesta amerita mirar más allá de la (eventual) estabilidad que el blindaje traiga a los mercados cambiarios que, por cierto, aún no ha llegado: ayer, el “billete” volvió a subir y se transó nuevamente arriba de $23. E ir más allá del Costo Financiero Total (CFT): el FMI te presta más barato, es cierto, pero el costo no financiero es enorme.

 

El Gobierno debe sacarle muchos puntos a esa incómoda carta que debió poner sobre la mesa para salir ganando en términos netos. Envido y retruco, mínimo. Los “brotes verdes” deben multiplicarse desde Ushuaia a La Quiaca y, además, debe bajar la inflación, partida que también luce difícil.

 

El Indec está pronto a decir que los precios subieron más de 2% en abril, y mayo no estaría lejos. Y los alimentos, los más sensibles a la devaluación, no aflojan: el miércoles, FIEL anunció que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) subió 4% el mes pasado. Si el FMI pide un dólar más alto para equilibrar la crujiente cuenta corriente, la película es conocida y el acumulado se irá a 25% mínimo. ¿Se revertirá la caída de la pobreza en el 1° semestre? Parece probable.

 

La decisión de postergar por un tiempo los precios regulados o “conversados” (por caso, las naftas) luce sensata.

 

En síntesis, pasada la crisis cambiaria (hoy, la prioridad), se deberán redoblar (o reorientar) esfuerzos para estimular el crecimiento y bajar la inflación. Si no se hace, va a costar el 2018-2019.

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