Los economistas creen que la decisión ayudará, pero no es una solución a largo plazo

El Economista dialogó a fondo con diversos analistas tras los anuncios realizados ayer

 

  • Miguel Zielonka “No se conocen los detalles de las conversaciones que se están comenzando con el FMI en cuanto a monto o condiciones, pero parece una decisión oportuna ya que permite contar con el menú de opciones más amplio posible para encarar un mundo que se presenta menos favorable. En concreto, recurrir al FMI de manera preventiva en caso de que los mercados financieros se cierren es la mejor manera de evitar un mal mayor. El gradualismo siempre tuvo como riesgo la necesidad de conseguir el fondeo fundamentalmente en el exterior y nuestro país es más vulnerable que otros emergentes frente a un cambio de condiciones internacionales como estamos transitando desde hace unas semanas, potenciada por expectativas negativas de los inversores respecto de Argentina como vivimos desde hace unos días. Lamentablemente, ese riesgo se gatilló y agotadas otras instancias el Gobierno tuvo que considerar esta opción”, dice Miguel Zielonka (Director Asociado de Econviews), a modo de resumen, de los sucesos de ayer.

 

  • Martín Vauthier “Con el anuncio del inicio de negociaciones con el FMI, la política económica se jugó otra carta luego de que la combinación de venta de divisas, suba de tasas y anuncios fiscales no lograra calmar al mercado, en una jornada en la cual el tipo de cambio mayorista llegó a superar $23,2. Tras el anuncio y hasta el cierre, el dólar recortó todas las ganancias del día para volver a cotizar en los niveles de la apertura ($22,4), 50 centavos por encima del cierre del lunes.En principio, la vuelta al FMI podría aportar tranquilidad al mercado al incrementar (en el monto que eventualmente se cierre el acuerdo) el poder de fuego de la política económica, aunque tiene el efecto negativo de operar como una señal de ‘última instancia’”, dice Martín Vauthier (Eco Go y UTDT), y agrega: “Por lo pronto, el mercado no había percibido como suficientes los esfuerzos del Gobierno por recuperar la credibilidad de la política monetaria (tras las señales del 28D) en un contexto de corrección gradual de las distorsiones, por lo que la apuesta podría apuntar a intentar ‘sumar’ la reputación del FMI de cara a los mercados como una garantía de que las políticas monetarias y fiscales se mantendrán en el sendero de consolidación”. Por último, Vauthier agrega: “Aunque la primera reacción del mercado fue positiva, cual de los efectos (‘alquiler’ de reputación del FMI y mayor poder de fuego financiero o señal de debilidad) terminará imponiéndose es algo que comenzará a quedar claro en las próximas jornadas”, dice, a modo de pálpito, sobre las próximas ruedas.

 

  • Julio Piekarz Un poco más crítica es la posición de Julio Piekarz, quien pasó por el BCRA en los ’80. En diálogo con El Economista, dijo: “En 48 horas, el Gobierno reconoció que las medidas anunciadas –baja del déficit en 0,5 % del PIB y suba de la tasa– eran insuficientes, como anticipamos, y sobre todo las fiscales. Sin embargo, todavía no reconoce que esto es una crisis del gradualismo. Así es como (Nicolás) Dujovne sugiere que se recurre al FMI para poder seguir con el programa gradualista del Gobierno”, soslaya, a modo crítico, Piekarz y añade una lectura interesante. “Desde la coalición gobernante surgen interpretaciones distintas sobre la decisión de acudir al FMI. El Presidente dice que es un financiamiento preventivo, dando a entender que sería como el caso de México, que tiene una línea importante pero no la usa. Elisa Carrió dice que es para acceder a fondos a una tasa más baja –menciona el 4 %–, lo que implica que se usarían. Si Macri dice que es preventivo y Dujovne dice que seguirá el gradualismo, ello implica que piensan que los mercados seguirán financiando el programa”, acota. “Pero los mercados están diciendo que no lo harán”, concluye. “No debería haber ningún prejuicio en ir al FMI, pero si es para financiar el gradualismo, entonces Hacienda no entiende nada excepto subordinarse a objetivos políticos”, acota. A modo prescriptivo, Piekarz dice: “En el plano fiscal, lo mínimo que se requiere es bajar el déficit primario de 2018 a 1,5 % del PIB, y a cero en 2019. Pero no pueden ser promesas o intenciones. Tiene que ser acción concreta en el gasto público improductivo. E inmediata. La credibilidad del programa fiscal es baja. Desde diciembre de 2015 ya se cambiaron las metas tres veces. Los resultados que se muestran se basan mucho en la mayor inflación”, dice y pone dos ejemplos: por un lado, el programa antinepotismo implicaba la salida de 40 funcionarios y solo se fueron 12 y, por el otro, el programa de baja del gasto político en $ 1.500 millones solo se cumplió en 30%.

 

  • Esteban Domecq Desde Invecq y en diálogo con El Economista, Esteban Domecq repasa los beneficios y los costos. “Sin dudas que la posibilidad de regreso al FMI va a generar mucho ruido en el ambiente político y económico, así como también en toda la sociedad, en los próximos días. No tanto por lo trascendental de la ayuda económica que tanto necesita el programa económico del Gobierno sino por lo que simboliza y representa”, sostiene. “El cambio de escenario financiero internacional, con la respectiva suba de tasas en EE.UU., la reversión de flujos de capitales y la apreciación del dólar a nivel global, fue solo el disparador de la crisis cambiaria y financiera que estamos pasando. Pero esto es solo un disparador. Atrás de todo esto todavía persisten severos desequilibrios en la macro de Argentina. Este programa económico necesita dos cosas: tiempo y financiamiento. El gradualismo económico es financiamiento-dependiente y esto genera mucha vulnerabilidad a cambios de contexto en los mercados financieros”, dice, y agrega: “El delicado contexto de estas semanas está atravesado por aspectos propios del programa gradualista, por el cambio de contexto internacional y por errores específicos de coordinación, implementación y ejecución de política económica. Sobre todo, tenemos problemas de consistencia en la programación de la política fiscal y monetaria. Cuando uno analiza la magnitud de los desequilibrios macroeconómicos observa que son similares a los que tuvimos en la crisis de la deuda del ‘82, a la híper del ‘89 y a los de la caída de la convertibilidad en 2002”, explica. “Y si el financiamiento es un elemento clave en este programa de normalización económica, la política monetaria cumple un rol trascendental para equilibrar el mercado monetario (inflación-tasa-dólar), en pos de asegurar las condiciones para obtener el financiamiento necesario. Este es el equilibrio que se rompió en estas semanas. Se conjugaron el 28D, la baja de tasas, la aceleración de la inflación, las tarifas, la sequía, la renta financiera y el cambio de escenario financiero internacional antes mencionado. Este escenario de desconfianza y corrida, de magnitud y profundidad imprevisible, está fuertemente agravado por un programa que tiene $1,2 billones de Lebac en circulación, de las cuales más del 50 % vencen la próxima semana (gran magnitud de deuda a muy corto plazo), lo que está llevando a tomar medidas de fondo para proteger el programa monetario hasta pasar la turbulencia: venta de dólares, suba de encajes, suba de tasas y obtención de préstamos para engrosar las reservas”, agrega. “Es importante mencionar también que lo del FMI es un paliativo al contexto, y no un curativo. Me preocupa mucho la aceleración de los agregados monetarios y el sendero en el que entró el régimen de metas de inflación en este primer cuatrimestre. La economía real está funcionando muy bien y el programa fiscal avanza más rápidamente, pero en el plano monetario se está viendo mucha inconsistencia. Debería haber algunos cambios en la instrumentación del programa de metas de inflación en los próximos días”, sostiene.

 

  • Francisco Eggers Desde la Universidad Nacional de La Plata, Francisco Eggers,y  también en diálogo con El Economista, sostuvo: “El planteo del Presidente de que estamos en esta situación por la herencia recibida (en particular, el nivel de gasto público) podía tener más sentido en diciembre de 2015, en la medida en que se actuara en consonancia: si el problema era el nivel de gasto público, había que trabajar desde el primer minuto en reducir el gasto y apuntalar los recursos. Decir ‘ahora, luego de que estamos gobernando nosotros desde hace casi dos años y medio, estamos en problemas –problemas que hasta hace poco no se manifestaban– por culpa del gasto público que había en 2015’ no parece respetar intelectualmente a la audiencia”, dice. ¿Y qué se viene ahora? “Parece más probable que el FMI pida un ajuste más fuerte, que reduzca sustancialmente el déficit público ‘estructural’ (es decir, el que resultaría en condiciones normales de la economía, más allá de la recesión que pueda producirse coyunturalmente), en forma más rápida que la propuesta por el Gobierno. Pero todo depende de los acuerdos políticos que haya podido atar el Gobierno. Iremos viendo qué pasa”, dijo.

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