¿Kirchnerismo de buenos modales?

La comparación entre Néstor Kirchner y Mauricio Macri, en el espinoso tema del manejo económico, no es tan descabellada

Por Jorge Bertolino Economista

 

Si bien algunas críticas a la política económica del Gobierno son desmedidas, la comparación entre Néstor Kirchner y Mauricio Macri, en el espinoso tema del manejo económico, no es tan descabellada.  Y algunas similitudes son notables.

 

  • Ambos pretendieron manejar todos los resortes de la política económica, sin confiar en el arreglo institucional tradicional del sistema presidencialista argentino, consistente en el nombramiento de un ministro de Economía que coordine un equipo de secretarios encargados de las diferentes áreas. En lugar de ello, ambos centralizaron las decisiones económicas en áreas cercanas a su dominio, tornando irrelevante y hasta decorativa la figura de los economistas que solo nominalmente ocuparon la cartera de Economía en el kirchnerato y de Hacienda en las Macrinomics.

 

  • Ambos consiguieron durante un período inicial inducir el crecimiento artificial e insostenible en el largo plazo de la economía mediante el estímulo desmedido de alguna variable que liderara el proceso. Néstor, y luego Cristina, estimularon el consumo en detrimento de la inversión productiva, hipotecando de este modo el crecimiento futuro. Mauricio estimuló artificialmente la construcción pública y privada mediante la inyección de fondos no genuinos en ambos casos. En la obra pública, financiándola totalmente con emisión monetaria, y en la construcción privada mediante una emisión descontrolada de préstamos hipotecarios a través del Banco Nación.

 

  • Ambos confiaron en el sostenimiento permanente de la variable determinante de su éxito inicial. El kirchnerismo creyó que el altísimo precio internacional de la soja y del resto de los commodities era definitivo y permanente. Cuando los precios bajaron, el elevado gasto público y los irracionales subsidios a los servicios públicos dejaron de ser financiados con impuestos y se apeló a la inflacionaria emisión de moneda sin respaldo. El macrismo creyó que era definitivo y permanente el acceso y el bajo costo del financiamiento internacional.

 

  • En ambos casos, la confianza en el sostenimiento de las variables mencionadas en el apartado anterior, los indujo a despreciar en el primer caso y a retrasar, quizás por impericia en el segundo, la realización de reformas estructurales imprescindibles para obtener un crecimiento genuino de la competitividad de la economía, que hubiera permitido cambiar la escala de producción, ampliando las posibilidades de abastecimiento de las empresas argentinas desde el mercado interno hacia el internacional, lo cual hubiera permitido un incremento sostenido de la producción, el empleo y los salarios, rompiendo de esta manera el círculo vicioso del estancamiento populista de los últimos 70 años.

 

La reciente crisis cambiaria producirá un efecto revulsivo y otorgará una oportunidad única de cambiar en serio. ¿Sabrá el Gobierno aprovecharla?

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