FMI o mercado: el que preste pedirá que baje el gasto

La única elección coherente y sostenible es corregir todos estos bolsones de ineficiencia e inequidad que están enquistados desde hace muchos años en el Presupuesto

 

Por Jorge Colina IDESA

 

Pasar a financiar el gradualismo desde la colocación de bonos en el mercado financiero a hacerlo con el FMI no cambia en esencia las cosas. Lo que puede cambiar es que el mercado cobra más tasas de interés mientras el FMI pueda llegar a cobrar menos con mejores plazos. Pero el mercado no explicita sus exigencias. Lo que hace es vender sus bonos cuando el prestamista no se está portando bien (que es lo que estaría pasando ahora). El FMI no es tan exigente pero, a cambio, explicita sus exigencias y hace como que controla (aunque en general no tiene capacidad para obligar a que se cumplan). En esencia, en ambos casos, el prestamista tiene que bajar el gasto.

 

Por eso, pasar a financiarse con el FMI es seguir dilatando los ajustes para equilibrar las cuentas públicas. Es falso que esto tiene costos sociales. El cambio de meta de déficit fiscal reduciéndola de 3,2% a 2,7% del PIB se logra cumpliendo con el Consenso Fiscal, que ya estableció que los subsidios y las inversiones del Estado en favor de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires por el conurbano deben cesar y ambas jurisdicciones pasar a financiarlas, que es lo que corresponde en el arreglo federal y porque así sucede en el resto de las provincias. Esto sólo permitiría ahorrar al Estado nacional $60.000 millones.

 

Hay otros $130.000 millones que se ahorrarían revisando el gasto improductivo que los Ministerio de Educación, Salud, Desarrollo Social y Vivienda hacen en las provincias en funciones que las provincias tienen que financiar con la coparticipación y con los altos impuestos que le cobran a su población convalidados también por el Consenso Fiscal. Esto se refiere a los programas nacionales por los cuales se financian pequeños arreglos de escuelas y centros de salud, pago de una parte minoritaria del salario docente, de algunos empleados de hospitales, de algunos insumos y distribuyendo medicamentos discrecionalmente que no se saben a donde llegan; todas obligaciones provinciales.

 

Esto son los ahorros de corto plazo. Con algún retardo en los impactos, pero con importantes y justos ahorros, porque implicarían mayor equidad, se debería abordar la reforma previsional. Hay que revisar la realidad actual porque el 20% de los aportantes al sistema previsional lo está haciendo a regímenes diferenciales y especiales que les permitirá jubilarse antes o cobrar más que en el régimen general. Lo mismo con la regla que duplica el cobro de la jubilación propia con la pensión del cónyuge. Hoy hay 1,2 millones de jubilados en esta situación de doble cobertura. No se trata de quitar la jubilación a nadie sino de cortar con la regla para que no se siga reproduciendo. Estos cambios, además de ahorro, traerían equidad.

 

La elección no es entre FMI o mercado. La única elección coherente y sostenible es corregir todos estos bolsones de ineficiencia e inequidad que están enquistados desde hace muchos años en el Presupuesto para bajar el gasto público.

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