La urgencia de construir un consenso republicano de responsabilidad fiscal

Es momento de dejar a un lado ambiciones electoralistas contraproducentes, comunicar con la verdad y actuar con profesionalismo por el bien de los argentinos

 

Por Eric W. Grosembacher UCEMA

 

La crisis cambiaria que azota a Argentina es el resultado de una serie de problemas acumulados durante varios años, coronados por la insuficiencia de reformas durante la gestión de Cambiemos. Pero en los días que corren, buscar responsables no es una tarea constructiva. Tanto la oposición kirchnerista como todo el arco político deben comprender que el país necesita más que nunca del trabajo en conjunto, con la coherencia y responsabilidad que amerita la situación.

 

Para comprender esta crisis y bregar por una solución, el primer paso es recordar, como se estudia en cualquier curso introductorio de economía, que uno de los factores que influye en las variables económicas son las expectativas sobre ellas. Así, una crisis cambiaria comienza cuando los agentes económicos esperan que una moneda se devalúe (peso) y compran divisa extranjera (dólar). Este aumento en la demanda hace efectivamente que la moneda se deprecie (sube el dólar) en un contexto de tipo de cambio flexible, aunque el origen haya sido sólo una expectativa. He allí la particularidad de la economía y su estrecha relación con la psicología.

 

El mismo proceso se puede repetir para otros activos del mercado. Sin ir más lejos, también fue una fuerte caída en las expectativas lo que terminó por golpear las acciones y bonos argentinos en los últimos días, así como la suba extraordinaria en el riesgo país y el alza en las tasas de interés. No quedan dudas de la necesidad urgente de actuar para recuperar la confianza a través de las expectativas.

 

El relajamiento de las metas fiscales, el impuesto a la renta financiera, un paquete fiscal incompleto y la conferencia de prensa del 28 de diciembre, que demolió la independencia del BCRA, junto a una política monetaria inconsistente fueron los errores principales de los últimos cinco meses. Una dosis de populismo innecesaria que terminó por poner la política por delante de la economía con el riesgo de que la bomba explote. La bomba explotó y el costo lo pagamos hoy.

 

Para revertir la situación, el principal desafío del Gobierno será entonces el de recuperar la confianza interna y externa en Argentina. Esto implica dar señales contundentes de haber aprendido la lección e implementar las correcciones de shock necesarias para lograr una economía sostenible. Las opciones para recuperar la normalidad y hacer de Argentina un país estable no son demasiadas: o asumimos la responsabilidad fiscal que la situación exige, o esperamos que el mercado nos obligue a ajustarnos por la fuerza. La segunda, sin duda la más costosa.

 

Si se pretende recuperar credibilidad y dar una señal que impacte en las expectativas, sin embargo, será imprescindible que el mensaje se dé desde el conjunto político más amplio. Trabar en el Congreso las reformas que el gobierno impulsa en el sentido correcto es inmensamente perjudicial para la economía. El mismo efecto de, por ejemplo, las movilizaciones sociales en contra del acuerdo con el FMI que hace viable, justamente, el gradualismo que la misma oposición exigió.

 

Los que salen a pedir baja inflación, cero endeudamiento y ningún ajuste son el primer enemigo del bienestar público y los principales responsables de la desinformación colectiva. Ninguna salida vendrá desde la demagogia que los partidos y organizaciones políticas nos tienen acostumbrados. No es momento de vender soluciones inviables y eslóganes electorales sino de discutir propuestas concretas para elaborar un plan económico realista. El acuerdo con el FMI compra tiempo, pero no evita el choque si no se cambia de rumbo.

 

Es momento de dejar a un lado ambiciones electoralistas contraproducentes, comunicar con la verdad y actuar con profesionalismo por el bien de los argentinos antes de que sea aún más tarde. Hoy, más que nunca, Argentina necesita una oposición constructiva y un oficialismo realista que pregone con austeridad, comprometidos a construir un consenso republicano para reducir el déficit fiscal lo antes posible. De lo contrario, continuamos en el sendero hacia una crisis mayor con el riesgo de perjudicar, otra vez, a los más vulnerables.

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