El gradualismo y la lluvia de inversiones

Es prioritario que el PRO abandone la soberbia (que reconozca que no se han “graduado”) y convoque a un acuerdo político, económico y social

 

Por Carlos Leyba 

 

Gradual. “Que va, sucede o se desarrolla de forma sucesiva y continua, por grados.” (RAE). Gradualismo. “Manera de tratar de graduarse en política económica mediante el ejercicio cotidiano de prueba y error y, otra vez, error” (modismo habitual de la tribu PRO de Argentina). Lluvia de inversiones. “Ritual de baile entre globos multicolores que la tribu PRO practica antes y después de las elecciones invocando a los inversores planetarios”. La ceremonia habitualmente la preside “El  Brujo” (J. Durán Barba).

 

Los problemas heredados por Mauricio Macri son monumentales. Eran monumentales cuando llegó y siguen siéndolo ahora. Cambiemos, en lo económico y social, nada cambió, el tiempo pasó y la clepsidra es implacable: se acaba.

 

Los problemas heredados por Mauricio Macri son monumentales. Eran monumentales cuando llegó y siguen siéndolo ahora.

 

El gradualismo, graduarse de policy maker vía ensayo y error, tuvo su expresión apoteótica en el anuncio que acudiremos al FMI en busca de dólares. El anuncio en medio de la jornada bursátil es un ejemplo de escaso profesionalismo.

 

Si se supone que “lo tenían pensado” y dado que, como white collar sin corbata, se desayunan a las 8, podrían haberlo anunciado, por ejemplo, a las 9 “con la fresca en el ambiente financiero”. Tal vez el mercado no hubiera abierto como abrió. Después de haber rifado US$ 5.000 millones “para que huyan barato”, ¿prefirieron hablar cuando el mercado estaba caliente o fue la propia calentura del mercado lo que los hizo llamar al FMI y contarlo?

 

Muchas ganancias – y pérdidas – no se hubieran producido si hablaban a las 9. Mal la forma y el momento, lo que sugiere que la decisión fue una respuesta y no una propuesta.

 

La calidad de una política se mide por el peso del contenido o la densidad, de la propuesta que implica la anticipación a los hechos. Cuando dominan las respuestas, ausencia de previsión, vamos detrás de los hechos.

 

Si los hechos van por delante y sopla el viento en contra, ellos adquieren carácter demoledor. Y cuando sopla el viento de cola, si los hechos van por delante, se nos escapa esa oportunidad: tenedor cuando llueve sopa.

 

Con los K, desde el primer día porque los hechos iban por delante, sin plan, se nos escapó la oportunidad secular del viento de cola.

 

Con los M, desde el primer día los hechos van por delante, sin plan y, entonces, el viento en contra resulta demoledor.

 

Cuando llegó Mauricio, las reservas netas líquidas eran US$ 3.500 millones con un formidable atraso cambiario y controles y una estructura deforme en materia de precios relativos que se expresaba en los déficit gemelos. Estábamos técnicamente en default, un PIB cayendo desde 2011 y la creación de empleo privado estancada, la pobreza no descendía y la inflación era de dos dígitos que empezaban con 2.

 

Las elecciones habían brindado a Macri plafond político. En el marco de la ortodoxia era una oportunidad para reconstruir reservas, por ejemplo, acudiendo a un crédito del FMI a bajas tasas.

 

Por cierto había (y hay) otros caminos propios de la economía de la producción y del trabajo para lograr resultados positivos sin acudir al FMI. Pero eso si no es lo del PRO.

 

Veamos. El discurso del FMI apunta a la búsqueda de los equilibrios básicos en el marco de mercados operando libremente, particularmente el mercado cambiario. No optaron por esa decisión.

 

Terminaron usando al dólar como ancla inflacionaria y manteniéndola clavada a la tierra con la salvaje tasa de interés pagada a las Lebac que significaba más o menos una tasa de interés en dólares superior al 10% anual.

 

Un estropicio, un canto a la especulación, a la alegría del banquero y el elogio, un infame subsidio, a los que acumulan para la fuga que hasta 2017 sumaba US$ 24.000 millones. Y en lo que va de 2018, ni hablar.

 

Ignorancia y soberbia en el BCRA más que perversidad y codicia. Los cronistas leales de ayer los están demoliendo con más ahínco que los adversarios de siempre. Mala moneda.

 

Acudir hoy al FMI es la búsqueda de un “seguro de salida”. Se trata de eso.

 

El FMI le va a otorgar a Argentina un crédito que le asegure a los especuladores que podrán salir ordenadamente, si bien a un precio de la divisa que reducirá la utilidad escandalosa generada por las Lebac.

 

No es poco mérito ante el descomunal error acumulado. El anuncio, ¿llegará antes del próximo martes? Que el FMI nos otorgará el crédito barato -que el mercado, aún caro, nos niega – es tranquilizador.

 

No habrá estampida y ordenadamente todos podrán salir a menor costo que si lo hicieran en manada salvaje. Orden en la cola, la plata está, vengan despacito, la tasa de interés les va a rendir. Ese es el mensaje que fueron a buscar.

 

En criollo, no tenían más remedio. O la gangrena acaba con los que mandan y con nosotros.

 

Las vueltas de la vida. El FMI va a exigir cuentas claras, el verdadero déficit fiscal. Hay que sumar los colorados, fuertes horribles, que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, deja al costado. Los burócratas internacionales van a poner claro el déficit cuasifiscal que alegremente multiplica Federico Sturzenegger y la estudiantina ignorante que lo acompaña en la aventura de las Lebac.

 

La vuelta de la vida uno: el responsable del área latinoamericana del FMI es un argentino y mejicano, hijo de amigo o socio de… José Ber Gelbard. La vuelta de la vida dos: en diciembre de 1974, el FMI decía (Boletín, Economías Nacionales): “El Gobierno que se hizo cargo (…) el 25 de mayo de 1973 detuvo radicalmente la espiral de precios y salarios mediante una política de ingresos basada en un pacto social entre el sector empresarial y el laboral…(para) lograr una distribución más favorable a los asalariados y detener la inflación”. Sigue diciendo: “La tasa de inflación fue solo de 14% en comparación del 80%” previo. “El crédito interno neto (…) aumentó 80% (…) la posición de pagos mejoró radicalmente (y) un aumento considerable de las reservas netas (…) pese a la restricción de la importación de carne impuesta por la CEE y el encarecimiento del petróleo¨. Para el FMI, otra política económica es posible si obtiene resultados. Se trata de resultados. No los han logrado. Los PRO no se han graduado.

 

No es lo “gradual” lo criticable sino la concepción de la política que elude el origen de los problemas y se orienta por la superficialidad codiciosa de los especuladores.

 

No es lo “gradual” lo criticable sino la concepción de la política que elude el origen de los problemas y se orienta por la superficialidad codiciosa de los especuladores. La tasa.

 

El Gobierno armó una bicicleta de Lebac que sumó el equivalente de US$ 60.000 millones mientras el BCRA no tiene, ni tuvo nunca, una cifra equivalente de reservas líquidas propias.

 

El Gobierno armó una bicicleta de Lebac que sumó el equivalente de US$ 60.000 millones mientras el BCRA no tiene, ni tuvo nunca, una cifra equivalente de reservas líquidas propias.

 

Hoy, después del último sacudón de US$ 5.000 y US$ 6.000 millones, están probablemente, no hay información actualizada, en el orden de los US$ 25.000 millones y volvió a los US$ 2.000 millones del BIS.

 

No es un gran poder de fuego para apagar el incendio del festival de Lebac que ha generado el BCRA. Bien por el ministro “Toto” Caputo: tiró la toalla. En la emergencia, para ellos, es la única alternativa.

 

Están calmando a las fieras, claro que después de haber regalado miles de millones de dólares baratos, mediante el dólar futuro.

 

No está mal. Porque el precio al que lo venden, quizás, pueda sostenerse sin generar ganancias extraordinarias. No es la apuesta al dólar futuro de Axel Kicillof. Pero fue Sturzenegger quien pagó la ganancia y podría haberla no pagado con otra estrategia de recuperación del dólar para la exportación y otra cotización para las importaciones.

 

No lo hicieron y rifaron, aproximadamente, $55.0000 millones contra nada. Tan delictual que el mismo PRO hizo una presentación penal. ¿Quién lo entiende?

 

Si el acuerdo de emergencia con el FMI alimenta cierta calma y más allá de los compromisos que se firmen, los que por otra parte en nuestra historia casi nunca se cumplieron, es prioritario que el PRO abandone la soberbia (que en la intimidad reconozca que no se han graduado) y convoque a un acuerdo político, económico y social, para una política de ingresos que sostenga una política macroeconómica que mejore con urgencia la balanza comercial, desaliente la fuga de capitales y los gastos en turismo, es decir, reducir los US$ 30.000 millones anuales negativos del balance externo.

 

Eso implica aceptar que sin retenciones a las exportaciones primarias, que deben tener un cambio neto favorable, no hay manera de lograr superávit gemelos. Ambas cosas forman parte de una sólida política de ingresos concertada.

 

El FMI sabe que aquí funcionó hasta que se la abandonó.

 

El consenso social y político es condición necesaria de la certidumbre que exige cualquier política de inversiones reproductivas.

 

El consenso social y político es condición necesaria de la certidumbre que exige cualquier política de inversiones reproductivas.

 

Sin ellas no hay ninguna posibilidad de lograr un avance hacia el equilibrio social: empleo y remuneraciones de actividades de mas productividad que la media.

 

No hay, no hubo, lluvia de inversiones, ni el sudor bailable PRO las pudo atraer. Las inversiones son hijas de la zanahoria no de la alegría. Aquí y en cualquier lugar del mundo capitalista.

 

No hay, no hubo, lluvia de inversiones. Ni el sudor bailable PRO las pudo atraer. Las inversiones son hijas de la zanahoria no de la alegría. Aquí y en cualquier lugar del mundo capitalista.

 

Un consenso social y político es imprescindible para poner en claro y comprometer el tamaño de la zanahoria que estamos dispuestos a pagar para que las inversiones reproductivas pueblen el país vacío en el que la administraciones municipales y provinciales se ven compelidas a incorporar a las personas que su sistema educativo ha formado y que no son demandas por ningún sistema productivo pálido de inversiones.

 

Cuando el FMI, tan detestado por casi todos, se encontró con los resultados objetivos, concretos, de aquél acuerdo del 73, no tuvo reparos en reconocerlo después de tres meses que ese programa había sido abandonado y los funcionarios ya no estaban.

 

Cuando aquel programa comenzaba, el responsable de Latinoamérica del FMI, le decía al funcionario argentino responsable de la misión, “eso no va a andar”. El funcionario le contestó “tenemos objetivos y herramientas compartidos por toda la política, la casi totalidad de los sindicatos y la mayor parte de los empresarios, entonces, no debemos hacer otra cosa”.

 

Abandonen la soberbia y dialoguen. El bien común es lo que entendemos por bien en común.

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