Dujovne ya está en EE.UU. y pediría US$ 30.000 millones

El préstamo del FMI vendría con condicionamientos hacia la política económica

 

Por Juan Manuel Antonietta

 

El Gobierno recurrió al último recurso para defender al gradualismo. Ya se encuentra en Washington el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, con su equipo para negociar un acuerdo con el FMI. El préstamo sería por más de US$ 30.000 millones a un interés de 4,5% que vendría junto con la mayor injerencia del organismo internacional en las cuentas públicas.

 

La línea de crédito que busca el Gobierno es una preventiva que no necesariamente se utilice, pero está disponible (y todos lo saben) en cualquier momento. Prácticamente descartada las líneas de crédito sin condicionamiento por la coyuntura macroeconómica y los montos bajos de esos otorgamientos, las opciones serían: una Precautionary and Liquidity Line (PLL) o un Stand By Arrangements (SBA).

 

Ambas líneas vendrían con condicionamientos aunque la SBA sería aún más dura. Por la cuota de Argentina, el máximo del PLL sería de US$ 22.000 millones y el Gobierno buscaría más de US$ 30.000 millones, lo que implicaría ir al acuerdo SBA, más rígido pero también más negociable (case-by-case, en inglés). Las características y los condicionantes, no obstante, saldrán de las negociaciones que realice el equipo económico, y eso no está definido.

 

Se espera que las condicionalidades sean las de sostener un elevado monto de reservas y un nivel de déficit fiscal que podría coincidir con la meta de 2,7% ya anunciada por Dujovne el viernes. Por lo tanto, el FMI no pediría un ajuste mayor.

 

La idea del crédito para el Gobierno es brindar más tranquilidad que financiamiento, no utilizar los fondos de no ser necesario y mostrarles a los inversores que el FMI respalda al país y avala la política económica. Se utilizaría la presencia del organismo como una herramienta para acompañar el proceso y contrarrestar la volatilidad cambiaria. Altas fuentes del Gobierno, en diálogo con El Economista, expresaron que hay buena voluntad de ambas partes y confían en un entendimiento.

 

¿Un FMI distinto?

 

Dujovne señaló ayer que “el FMI no es el mismo de antes”. Desde el Gobierno opinan que el organismo cambió y “ya no es el que castiga a los países”. Ahora, dicen, busca ser prestamista en contextos de falta de liquidez. Además, “un mayor ajuste no es viable ni social ni económicamente”, según los funcionarios de Hacienda y creen que el organismo lo comprende.

 

Si bien hubo muchos artículos académicos más progresistas que surgieron del FMI en el último tiempo –que hacían más hincapié en la desigualdad como un problema del crecimiento–, Pablo Mira (UBA) aclaró que no es estrictamente la opinión del FMI. “Lo que deberíamos mirar para conocer la opinión más formal del organismo es el artículo cuarto del FMI. Observando las recomendaciones que se realizaron a nuestro país a fin del año pasado podemos ver que condicionalidades tendríamos”, aclaró.

 

Para Martín Alfie (Radar), el cambio del FMI tiene que ver con un dejo de autocrítica por su fracaso en experiencias como Argentina en los ‘90 y por su rol en la crisis de 2008, cuando dejó muchos países muy golpeados como Grecia. En diálogo con este diario, Martín Vauthier (Eco Go) explicó que el FMI parece distinto de aquel que pedía, en los’90, ajustes constantemente.

 

La pregunta que queda latente es cuál es el buen camino para el FMI. Mira explicó que “el organismo ha fallado por ser demasiado exigente y aprendió de la lección debería ser un poco más flexible”, y agregó que “lo cierto es que cada caso es particular y habrá que ver, con mercados internacionales más duros, cual es la posición del FMI respecto de Argentina”. Para el profesor de la UBA, es probable que haya más monitoreo que condicionalidad por parte del FMI, e incluso el oficialismo intentará que se evite esa palabra en el debate.

 

La opinión del FMI

 

Lo cierto es que un préstamo tan grande como el que se le otorgaría a Argentina no puede venir como un cheque en blanco. Cuando auditó las cuentas públicas hacia fines de diciembre de 2017, Vauthier rescató que “en la visita reconoció que estaba bien el camino fiscal emprendido por el Gobierno porque entendía que no puede ir más rápido” y agregó que “el FMI comprendió el avances en el ajuste y entendió que no se podía hacer de shock cuando en los ‘90 sí lo hubiese pedido”. No obstante, el Director de Eco Go señaló que tampoco hay que esperar que el acuerdo venga sin condicionamientos.

 

Para Alfie la situación de Argentina es muy frágil. “Si bien el FMI hace más foco en lo fiscal, lo externo también es una preocupación”, explicó el jefe de Radar y señaló que “en diciembre el FMI hacía hincapié en la reforma laboral sobre todo, y allí puede haber un foco importante”.

 

El organismo destaca que flexibilizó y redujo las condicionalidades, pero estas siguen existiendo. Para Vautier, “es necesario solucionar los factores que generan la corrida, y ningún préstamo alcanzará de lo contrario”. Agregó: “Al tener $1,3 trillones en instrumentos de política monetaria sobre todo en Lebac, hay mucho combustible para una corrida. En la desestabilización de las últimas semanas el BCRA intervenía con US$ 1500 millones y no pasaba nada.” Mira concluyó: “Las condicionalidades se parecen muy poco a las que históricamente ha impuesto el organismo. Se supone que es un Gobierno que comparte las visiones del FMI, y no habría condicionalidades del orden de las que había en los años ´80 o fines de los´90 en medios de crisis“. Así, el gran interrogante que queda abierto es si el FMI a través de las condicionalidades generará el abandono del gradualismo o proveerá el oxígeno para patear los desequilibrios para más adelante. En ese caso, sólo otorgará más tiempo.

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