Dólar y precios en el centro de la tormenta

La esperanza es que el Gobierno opte por un decidido cambio de políticas y abandone el expansionismo fiscal y monetario actual.

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

La suba de tasas a 30,25% del viernes 26 probablemente no sea la última. Bajar la fiebre cambiaria no es muy dificultoso con el volumen actual de reservas. Sin embargo, requiere que el BCRA deje de ir por detrás del mercado, como observamos desde esta columna el viernes pasado. Los datos muestran claramente que no hay mucho margen para el “dejarse estar”.

 

La evolución del tipo de cambio desde el inicio del inflation targeting registra cuatro etapas: 1) principios de enero a mediado de abril de 2017: el dólar bajó de $16 a $15,30, y las reservas internacionales saltaron de poco menos de U$S 40.000 millones a casi U$S 53.000 millones; 2) desde mediados de abril hasta las PASO del 13 de agosto de 2017: el dólar subió hasta $17,72 y las reservas cayeron a poco más de U$S 48.200 millones; 3) de las PASO al cambio de metas de inflación del 28/12/17: las expectativas de un triunfo electoral de Cambiemos y de reformas calmaron al dólar, que osciló en torno de $ 17,40, salvo la suba entre el 18 de diciembre y el 27 de diciembre, hasta los $18,44, y las reservas internacionales crecieron hasta superar los U$S 56.000 millones y 4) desde el 28/12/17 hasta ayer: luego de unos días de calma, el Gobierno realiza una fuerte emisión de deuda externa, depositando U$S 8.920 millones el 10/01/18 en el BCRA. Las reservas, que se mantenían estables, aumentaron ese día U$S 8.884 millones hasta los U$S 63.906 millones. El dólar osciló entre $19,4 a $18,5 hasta el 24 de enero, y luego no dejó de subir y llegó a $20 a mediados de febrero. Desde entonces se mantuvo oscilando debajo $20 hasta la salida de fondos extranjeros de la semana pasada, incentivada por la extensión a las Lebac del Impuesto a las Ganancias. El BCRA no subió preventivamente las tasas de pases a 7 días, ni intervino en el mercado para restar incentivo a la salida de fondos del exterior. Recién lo hizo el viernes 27 al mediodía subiendo las tasas de pases activos y pasivos 300 puntos básicos, pero el dólar siguió subiendo hasta llegar ayer a $21,52.

 

Salirse del calendario de movimiento de tasas de política monetaria no sirvió de mucho y la venta de dólares del BCRA, tampoco.

 

Es claro que no se trata de fondos del exterior y nada más: es dolarización de grandes jugadores locales que han ajustado sus expectativas de inflación y de cotización del dólar a la suba. El reverso de la moneda es aún peor: las intervenciones del BCRA vienen perdiendo efectividad.

 

  • Entre el 5 de marzo y el 6 de abril el BCRA vendió dólares en 16 jornadas por un total de U$S 2.427 millones (promedio: U$S 152 millones por día), y el tipo de cambio se mantuvo estable en torno de $20,2.

 

  • El BCRA reaparece vendiendo divisas entre el 23 y el 26 de abril: U$S 2.961 millones (promedio: U$S 740 millones por día) y el dólar subió de $20,2 a $ 20,4.

 

  • El BCRA sube las tasas de pases el viernes 27, y entre ese día y ayer vendió U$S 1.887 millones (promedio: U$S 940 millones por día) y el dólar subió de $20,4 a $ 21,5.

 

En breve: más dólares vende el BCRA, más sube el dólar. Esto refleja no sólo la retirada de fondos extranjeros, sino una clara pérdida de credibilidad en un régimen de política con no pocas inconsistencias fundamentales.

 

  • Un régimen de metas de inflación no creíble, basado en el uso de un instrumento inefectivo para anclar expectativas, y con una política monetaria expansiva, y condicionada a las directivas de la Jefatura de Gabinete (al menos desde el fatídico 28 de diciembre de 2017),

 

  • Una política fiscal deficitaria financiada básicamente con deuda externa, cuando el dólar se está apreciando en el mundo y las tasas de interés en EE.UU. están empezando a subir.

 

  • Una visible descoordinación entre los ajustes de precios relativos y el régimen de metas de inflación.

 

  • Una presión tributaria nacional, provincial y municipal récord histórica, cuya reducción exige una fuerte baja del gasto público que ninguna fuerza política quiere iniciar.

 

  • Estancamiento de las exportaciones, que desde 2015 ya no llegan a U$S 60.000 millones.

 

Los tiempos ahora se han acortado, y los ojos están puesto en cómo manejará el Gobierno este escenario entre hoy y mañana. Pero, aun con una salida feliz antes del lunes próximo, hay un daño ya inevitable: las nuevas subas de precios de todos los bienes y servicios de consumo masivo a partir de este mes no se podrán contener. Pensar en un 2018 con una inflación inferior a 25%-27% suena ya a excesivo voluntarismo.

 

La esperanza, que siempre existe, es que el Gobierno opte por un decidido cambio de políticas de manera integral y abandonar de manera el expansionismo fiscal y monetario en curso. Caso contrario, seguirán acumulándose desequilibrios e incertidumbres que incentivarán una cada vez mayor dolarización de la economía argentina. El BCRA podrá seguir vendiendo reservas, pero no de manera permanente, y tampoco logrará evitar nuevas subas del dólar ni su impacto en los precios. Nada diferente de lo que hemos vivido en los años ’80, con crisis bancarias, cambiarias y de deuda, y finalmente en hiperinflación y con un BCRA prácticamente sin reservas a mediados de 1989…

 

En definitiva, se cambia a tiempo, o se germinarán las semillas de una nueva crisis macroeconómica. Algo que sería lo peor para los ingresos y empleos de todos los argentinos, y echaría por tierra las aspiraciones del oficialismo para las elecciones presidenciales del próximo año.

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