Diálogos after office

Las cicatrices que dejó la corrida cambiaria fueron el eje

Aunque el dólar siga corcoveando, ya cruzamos el Rubicón.  Sin embargo, no es una vuelta a la normalidad. Ni lejos. El Gobierno hizo cambios, hubo realineamientos en la sociedad civil y el mundo nos mira más cruzado, también. Pero sobre eso hablaremos más adelante. Anoche, El Economista dialogó con uno de los animadores de la city sobre cómo llegamos a hasta aquí y, sobre todo, cómo sigue la película.

 

Para ponerlo en el argot oficial, ¿ya pasó lo peor?

 

Pareciera que lo peor ya pasó. Pero el mercado quedó muy herido. Esto no se olvida. Estamos viviendo la calma postsunami. Pero nada asegura que venga una segunda ola. El apetito en las posiciones de pesos van a verse reducidas de acá en adelante, sobre todo si no hay cambios importantes en la política económica. Los desbalances macroeconómicos quedaron muy expuestos y la pericia de los policy makers quedó en grave duda.

 

¿Cuál fue la clave de la reversión del sell-out? Todo indica que fue “San Caputo”…

 

Claramente, en el equipo económico es la única figura que ha salido fortalecido de este evento. Es el único que se anticipó a un mundo más complicado a inicios de año y es el que salvó la corrida en medio de un actuar muy polémico por parte del BCRA.

 

Explique para los que no son tan avezados en las finanzas y no pueden apreciar la movida. ¿Cuál fue esa jugada maestra del martes?

 

No se trata de ser un especialista en finanzas complejas sino en adelantarse a los movimientos de mercado. Eso fue lo que hizo el ministro de Finanzas. Cerrando un deal imposible y comunicándolo con el timing justo, antes del cierre de la licitación del supermartes. ¿Por qué digo imposible? Porque lograr colocar US$ 3.000 M de Botes, un bono en pesos largo y con poca liquidez y demanda en medio de una corrida cambiaria, parecía un trade casi imposible.

 

Hablaba de que “los desbalances macroeconómicos quedaron muy expuestos” y parece haber hecho esa misma lectura el Presidente en su discurso haciendo eje en las cuentas públicas. Imagino que coincide con la línea pero, también, quiere “ver para creer”. El famoso “delivery”.

 

El mercado le dio su confianza al Gobierno en términos de expectativas en los 2 primeros años y el Gobierno le falló. Hoy, sin cambios de nombres ni en las formas de tomar decisiones, el mercado va a pedir un ver para creer. La carta blanca ya no está, es el momento de ver resultados y el Presidente tomó nota de eso en base a su conferencia.

 

También reconoció que el 28-D fue un error, es decir, lo que el mercado (o una parte) entendió como una intromisión indebida de la política en un affaire del BCRA.

 

El 28-D fue muy potente como evento porque dejo en evidencia las internas en el manejo de la política económica. Dos semanas antes del 28 tenías un BCRA defendiendo a capa y espada su meta de inflación y política de tasas. Y el 28 tenías al mismo BCRA diciendo que relajaba la meta y, por ende, su política monetaria. El problema fue político y luego se volvió económico. Se puede discutir si las metas eran lógicas o no. En mi opinión creo que eran inconsistentes con las metas fiscales propuestas. Pero lo que no se puede hacer, si se quiere mantener credibilidad, es desdecirse entre la mañana y la noche. Desde ese 28D en adelante siempre hubo dudas en el mercado sobre quién estaba en comando de la política monetaria y cambiaria.

 

Para cerrar. Ya me comentó las heridas que dejó la corrida sobre la credibilidad de los policy makers, ¿y sobre la macro? ¿Usted es tan pesimista como “Melco”? Dice que “roguemos para que el IPC no supere el 25%” y el PIB tenga variación positiva, aunque mínima.

 

El nuevo escenario macro genera una expectativa de menos obra pública (es fácil recortar por ahí) y tasa real más alta y, por ende, es lógico pensar en un segundo semestre muy frío en términos de actividad. Con respecto a la inflación, la inercia, la depreciación y los ajustes de servicios públicos hacen que sea difícil que termines en un número inferior al de 2017.

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