Corridas cambiarias en la era de las “fake news”

El Economista dialogó con especialistas para explorar los impactos de las noticias falsas en las turbulencias cambiarias

El dólar mayorista bajó por más calma externa, pero el minorista subió a $37,93

 

Siempre que hubo corridas cambiarias hubo información falsa. Lo que hoy hemos denominado “fake news”. Malintencionada e interesada o no, es un maridaje histórico y perfecto. Más aún en un país tan proclive a las crisis y las mentiras. Asimismo, el Siglo XXI, con sus múltiples redes sociales y smartphones, es el combustible idóneo para su propagación. Viral e instantánea.

 

En las últimas semanas, todos, sin excepción, hemos leído, visto o escuchado alguna noticia falsa.

 

En las últimas semanas, todos, sin excepción, hemos leído, visto o escuchado alguna noticia falsa.

 

Lejos de relativizar las causantes primarias de la corrida (que es la misma de siempre: la falta de confianza en la moneda de la cual se corre) ni sugerir que la corrida contra el peso se debe a las “fake news”, El Economista dialogó con algunos especialistas para explorar sus posibles impactos.

 

“Las corridas a veces son como el efecto mariposa. El detonador puede ser cualquier cosa en cualquier lugar. Y en el caso de Argentina, si bien estaba cada vez más expuesta y de alguna manera se sabía que esto era una posibilidad, la corrida actual parecería como muy apresurada. Es posible que las fake news hayan contribuido. Porque me parece que en esta crisis puntual no hubo un detonador grande sino varios pequeños y, entre ellos, las fake news también dieron su impulso”, dice la economista Victoria Giarrizo, directora del Centro de Economía Regional y Experimental (CERX).

 

“La teoría de los rumores de Gordon Allport, desarrollada en la Segunda Guerra Mundial, establece que para que un rumor falso corra y sea difundido, se necesitan tres condiciones: tiene que ser sobre un tema que le interesa a la gente, y obviamente el dólar es uno de esos temas; tienen que ser imprecisos, tipo ‘en tal banco, a un primo o un amigo de un amigo no me devolvieron la plata’ y, por último, el rumor tiene que ser verosímil. Hoy, de dan las tres condiciones”, dice el economista, escritor y periodista Martín Tetaz. “La sobrerreacción de Argentina con respecto a otros emergentes tiene que ver con los rumores en las redes sociales y esos tres requisitos que mencioné”, señala.

 

El ser humano tienen dos sistemas paralelos de memoria: por un lado, los datos duros (la memoria semántica) y, por otro lado, una memoria episódica, “donde guardamos las cosas que nos pasaron en forma de episodios”, dice Tetaz

 

Además, explica Tetaz, el ser humano tienen dos sistemas paralelos de memoria: por un lado, los datos duros (la memoria semántica) y, por otro lado, una memoria episódica, “donde guardamos las cosas que nos pasaron en forma de episodios”, dice. “El famoso ‘esta película ya la ví’”, ejemplifica. Y agrega: “El neurocientífico Antonio Damasio descubrió que esa memoria episódica se fija con marcadores somáticos, pistas emocionales que vienen adjuntadas a los recuerdos y la gente grabó en su memoria el 2001-2002, por ejemplo”. Además, dice, en 14 de las últimas 15 crisis siempre hubo una devaluación. “Por eso, en Argentina, cuando el dólar se mueve, esa memoria episódica que viene a la cabeza está cargada de emociones negativas”, dice. “Todo este contexto es muy propicio para que corren más rápido los rumores y se acelere la corrida”, concluye.

 

La experta en comunicación Adriana Amado desmenuza un poco el impacto del fenómeno y aporta una arista paradojal. “La histeria no es general, y ese es un punto muy interesante. Está muy focalizada en el grupo más informado”, dice ante El Economista. Son los que, se presume, tienen más capacidad de ahorro y, eventualmente, dolarizar sus saldos. “Se supone que el grupo más informado debería estar más inmunizado a las operaciones y rumores y, sin embargo, es el que más eco se hace”, amplía.

 

Por ejemplo, hoy, en distintos medios se dijo que el BCRA vendió US$ 5.000 millones, pero fue solo una oferta

 

Así, los esfuerzos comunicacionales del Gobierno se deben redoblar. Según Giarrizo, la respuesta allí fue mala. “No supo generar ni confianza ni tranquilidad. Al contrario, todo lo que dijeron para traer calma fueron lugares comunes, que la gente y los inversores asociaron con otros momentos de Argentina. Acá tampoco ayuda la tecnología y los medios porque, para el que se había olvidado, muchos programas se encargaron de buscar archivos mostrando a los mismos diciendo lo contrario en situaciones similares del Gobierno anterior, o a funcionarios de otros gobiernos diciendo lo mismo antes de otras crisis”, sentencia.

 

“Tené en cuenta que 1 de cada 10 argentinos está atento al Twitter, y solo 1 de cada 10 lee noticias a diario”, dice Adriana Amado

 

Sobre la comunicación oficial, Amado dice: “Es un estilo de comunicación por medidas concretas más que por mensajes explicativos de esas medidas. Es un estilo muy diferente del Gobierno anterior, que genera mejores resultados en población general porque es más directo y lleva en el mensaje la acción. Pero genera mucho recelo en el grupo informado”. ¿Por qué? “La explicación principal para la polarización es que es muy difícil cambiar las opiniones a punto tal de que preferimos aceptar información que nos de la razón, más allá de que sea cierta o no. El grupo informado no está afuera de este proceso con el agravante de que ahora es productor activo de información. Por eso ves especialistas que difunden sus argumentos más allá de que estén en las noticias y que tienen impacto en el grupo atento a las redes sociales. Tené en cuenta que 1 de cada 10 argentinos está atento al Twitter, y solo 1 de cada 10 lee noticias a diario. Pero a la vez, es el grupo más reacio a cambiar su opinión, justamente porque es informado. Además es muy fácil hoy meterte en la burbuja que te da la razón, y evitar los argumentos que te desmienten”, argumenta.

 

Son tiempos complejos y tanto los consumidores de información como las autoridades deben estar alertas

 

Son tiempos complejos y tanto los consumidores de información como las autoridades deben estar alertas. Los primeros no deben comerse falsos amagues ni tomar malas decisiones y tener creatividad para contrarrestar los sesgos que generan los algoritmos (y animarse a desafiar sus propias “verdades”) y los segundos, tener audacia y contundencia para llevar tranquilidad en mares con faros tramposos.

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