Un auxilio que llegaría algo tarde

Se requiere no sólo detener el drenaje de reservas sino un programa de estabilización y crecimiento coherente, factible y creíble

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

Lamentablemente, la realidad se llevó puesto al equipo económico. Los futuros libros de Historia registrarán esta corrida cambiaria (que, a decir verdad, no ha terminado) con un BCRA que no ha logrado detener. Caso raro y que quedará en los libros de nuestro país: una crisis cambiaria que la autoridad monetaria no ha sabido anticipar, ni tampoco liquidar de una buena vez.

 

La suba al 40% de la tasa de pases del viernes pasado y la reducción compulsiva de la tenencia de dólares de los bancos no sirvió para estabilizar expectativas. Diversas voces anticiparon ventas por U$S 1.500 millones que no parecen haberse observado y el dólar no bajó. Las compras minoristas y los nervios continuaron y en lugar de un fortalecimiento del torniquete del viernes la respuesta ha sido el retorno del BCRA a su intervención (tan criticada por esta misma administración) al mercado de futuros y al anuncio de la búsqueda de una línea del crédito del FMI. La suba inicial del dólar se morigeró, pero igualmente cerró a $ 22,94 con una suba del 2,7%, y una nueva pérdida de reservas del BCRA por U$S 395 millones. Ahora debe salir a enfrentar al mercado con U$S 55.200 millones, luego de perder U$S 6.000 millones en diez días hábiles.

 

La situación no está controlada: el combo de suba de tasas de más de 10 puntos, torniquete al sistema bancario, intervenciones en el mercado de futuros y anuncio de un “bailout” (hasta ahora incierto) del FMI no ha disipado la incertidumbre

 

La situación no está controlada. El combo de suba de tasas de más de 10 puntos, torniquete al sistema bancario, intervenciones en el mercado de futuros y anuncio de un “bailout” (hasta ahora incierto) del FMI no ha disipado la incertidumbre. Mientras tanto, se acorta el tiempo hasta el vencimiento de Lebac del próximo martes por $ 678.000 millones (54% del total), esto es, unos U$S 29.500 millones (57% de las reservas internacionales).

 

¿Podrán estabilizarse antes las expectativas? Se cuenta con un tiempo que no se debe desaprovechar. Dos factores juegan a favor: a) aumento (no caída) de depósitos bancarios, y b) no dolarización (hasta ahora) de los depósitos del sector privado).

 

¿Tiene sentido pedir un rescate al FMI? Depende de varios aspectos que deberán definirse previamente: a) monto, b) condiciones de desembolso y repago), c) calendario de desembolsos. ¿Podría esto requerir cambios en las políticas en curso? Luego de algunas experiencias funestas, como con Corea del Sur en 1997 y Rusia en 1998 por ejemplo, el FMI no se va a arriesgar a financiar fugas de capitales, menos en el medio de una corrida que no parece haber terminado.

 

Todo dependerá de qué nuevo plan económico implementen las autoridades. Difícilmente se pueda evitar lo que la mayor parte de la profesión viene exigiendo: a) un programa antiinflacionario integral, b) un programa de efectiva reducción del déficit fiscal, coherente con metas de estabilización y crecimiento económico, c) una estrategia monetariocambiaria coherente con una política fiscal y de endeudamiento más prudente y una mejora efectiva del tipo de cambio real, con menor inflación presente y futura.

 

¿Depende esto del FMI? En realidad no. El FMI aportaría fondos, pero básicamente como una suerte de paramédico. La cirugía estará a cargo de nuestras autoridades. Y esto requiere no sólo detener el drenaje de reservas, sino un programa de estabilización y crecimiento coherente, factible y creíble. Como observamos anteayer, esto exigirá probablemente abandonar o bien las metas inflacionarias, o el programa de inflation targeting (al menos tal como se ha instrumentado hasta el presente).

 

El FMI aportaría fondos, pero básicamente como una suerte de paramédico. La cirugía estará a cargo de nuestras autoridades. Y esto requiere no sólo detener el drenaje de reservas, sino un programa de estabilización y crecimiento coherente, factible y creíble.

 

¿Cuáles serían los riesgos de no avanzar en ninguna dirección? Seguirá invariable el proceso de dolarización incipiente de ahorros que asoma esta semana, y que suena a aperitivo de algún fuerte disgusto si el mercado opta por no aceptar nuevas Lebac en pago de las que vencen el próximo martes.

 

Los márgenes para nuevos errores se han reducido ahora a cero. El mercado local está inquieto y empieza a exigir de manera más contundente un programa convincente, y no meros parches condicionados fundamentalmente por el calendario electoral. De hecho, una pérdida diaria de reservas a razón de U$S 550 millones, reduciría el stock de reservas a cero en cien días hábiles (cinco meses). Si el mercado se llevara U$S 200 millones diarios, el “oxígeno” se terminaría en 276 días (un año). Nunca se llega a esos extremos. Si no hay algún cambio en el contexto que justifique dejar de dolarizar carteras, se corre el riesgo de extender la incertidumbre cambiaria, la suba de tasas de interés y una inevitable desaceleración económica. Una pérdida de 1 punto o más de crecimiento impactará en los números fiscales y en las expectativas, y complicará también el escenario político frente a las elecciones presidenciales del año que viene. En definitiva, como lo hemos advertido días atrás, tarde o temprano, va a llegar la hora de cambiar.

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