Argentina, en busca de negocios sustentables

“Lo que antes eran residuos, ahora se llaman subproductos y generan energía”, dijo Ramiro Costa

 

Aunque el momento es difícil para la producción agropecuaria luego de la mayor sequía registrada en los últimos cincuenta años, la Asociación de Maíz y Sorgo Argentino realizó una nueva edición del Congreso Maizar, para debatir entre todos cómo reinsertarnos en un mundo competitivo propiciando el desarrollo económico y social. Bajo el lema “Competitividad Con Desarrollo”, referentes del ámbito público y privado abordaron los desafíos y oportunidades que enfrenta la cadena del maíz y el sorgo.

 

Para la entidad, la cadena del maíz y el sorgo tiene un papel fundamental en la producción de alimentos, por la cantidad y calidad de producciones industriales que genera: carnes, lácteos, productos de molienda, bioetanol, biogás y biomateriales, entre otros. “Generamos valor agregado y desarrollo económico y social, y producimos más de lo que consumimos, de modo que podemos seguir incrementando el aporte de divisas al país”, resaltaron.

 

Más que maíz y sorgo

 

Si bien se abordaron muchos temas, durante el evento se hizo hincapié en la famosa bioeconomía y en la importancia de agregar valor a los cultivos. Al respecto, Alberto Morelli, presidente de la asociación, subrayó: “Mirando el futuro, no cabe duda de que la bioeconomía será una opción cada vez más relevante para enfrentar los desafíos que se vienen, y Argentina está en camino de ser un actor fundamental”. Sin embargo, advirtió: “Mientras Estados Unidos transforma internamente 87% de su producción de maíz, y Brasil el 65%, Argentina procesa menos del 35%”.

 

Para Andrés Murchison, secretario de Alimentos y Bioeconomía del Ministerio de Agroindustria, la bioeconomía se presenta como una nueva forma de organizar la producción industrial, cimentada en lo local y la economía circular. “En ella, a partir de una producción primaria, se generan alimentos, energía, materiales e insumos para otras industrias, incluyendo el concepto de producción sustentable, capturando carbono y reemplazando combustibles fósiles”, detalló. En síntesis, se trata de producciones con mayor valor agregado, cuyos pilares son la transformación en origen, el desarrollo y empleo local, las bioenergías distribuidas y los nuevos procesos biotecnológicos. Según comentó, en Argentina hay muchísima biomasa para transformar.

 

Señal del mercado

 

En la misma línea, Ramiro Costa, subdirector ejecutivo de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, apuntó: “Tenemos recursos naturales, biomasa, conocimiento científico y tecnológico, desarrollo de biotecnología: estamos trabajando en una plataforma de crecimiento basada en lo que sabemos hacer”. Costa, se refirió al cuidado del medio ambiente y advirtió: “Si seguimos produciendo como hasta ahora, estamos llegando a límites en disponibilidad de tierra, agua dulce y combustibles fósiles”.

 

Sin embargo, hizo hincapié en que los nuevos negocios que se generan en la bioeconomía implican nuevos desafíos: “Tiene que haber una señal de mercado para que aparezcan los precios, se va a requerir que ese sea el factor ordenador, el que dé comienzo, con marcos regulatorios adecuados que generen ambiente y tener acceso a bienes y servicios”. Otro aspecto interesante al que se refirió, es que “lo que antes eran residuos, ahora se llaman subproductos y generan energía”. Al respecto, ejemplificó: “El maíz, uno de los cereales con más capacidad de ser procesado, abre un campo de posibilidades para profesionales jóvenes, para producir no solo alimento o energía, sino un abanico que va desde pegamento de fuegos artificiales o libros, o crayones, hasta pañales o recubrimiento de medicamentos”. Para que ello suceda, Costa, remarcó que se van a requerir nuevos empleos, infraestructura, diseño de políticas públicas y marcos regulatorios y acceso a tecnología.

 

Más valor que hectáreas

 

“Estamos pasando del agro a la bioeconomía. Cambió la oferta y es muy difícil que se replique lo que pasó en los últimos veinte años, con el desmonte y la incorporación de hectáreas baratas a la agricultura”, puntualizó el economista y coordinador del Censo Nacional Agropecuario (CNA), Roberto Bisang. En este sentido, analizó: “La bioeconomía le da a Argentina capacidad para reindustrializarse, y hay que apuntar a agregar más valor en vez de sumar hectáreas. Claro que si no hay mercados, esto queda en un power point”.

 

Ante la pregunta: ¿Cómo se arman los mercados? Por el lado del sector privado, respondió que “los mercados de granos están formados, mientras las estrategias están en industrializar en cascada, transformar biomasa en energías, granos en carnes y subproductos, pero aguas abajo no está tan claro”. Sin embargo, por el lado de la política pública, indicó que “hace falta construir los fundamentos del mercado: derechos de propiedad sobre seres vivos, normas y estándares para productos, procesos, seguridad y cuidado ambiental y revisando las condiciones de competencia de los mercados, reevaluando los sistemas de promoción previos, así como construyendo infraestructura”.

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