Advierten que el tope de $25 por dólar será transitorio

El viernes, lejos de respetar el tope de $ 25, el minorista cerró a $ 25,11 y el blue a $ 25,40

 

Por Luis Varela 

 

El precio del dólar subió sin parar hasta el lunes pasado. Ese día el dólar minorista llegaba a $ 25,52, el blue a $ 26,80 y el mayorista alcanzaba los $ 25. Para frenar la estampida, mientras el Gobierno avanzaba con el respaldo del FMI, el Banco Central estrenó un nuevo método: ofrecer la friolera de US$ 25.000 millones, y con eso el mercado se apaciguó, pero la calma todavía no ha llegado.

 

Con tasas de entre 39% y 43% anual en las Lebac y con la megaoferta de US$ 5.000 millones por día, el dólar mayorista achicó hasta 24,05 pesos el martes, pero miércoles, jueves y viernes tuvo subas casi parecidas de 12 centavos por día. Y al valor minorista y al blue les sucedió algo parecido pero aumentado, tanto que el viernes ambas cotizaciones superaron los $ 25 pesos de techo que quiere imponer el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger: el oficial cerró la semana a $ 25,11y el blue escaló hasta $ 25,40.

 

Así, con el Gobierno diciendo que no hubo corrida cambiaria, y que lo que sucedió fue apenas una turbulencia, en la primera semana de mayo el dólar subió 6,6%, en la segunda semana escaló 6,8% y en la tercera semana el aumento fue del 5,5%. O sea, oficial y blue ya están fuera del corsét temporal que quiere aplicar Reconquista 266 y solo el mayorista sigue en caja, con un cierre de $ 24,43 el viernes.

 

¿Qué lectura hacen los analistas sobre esta tendencia? Afirman que los inversores chicos todavía huyen del peso porque están convencidos de que se viene un salto en la inflación, como pasó cien veces en Argentina después de cada devaluación. Los inversores grandes, en cambio, más duchos en el timing para comprar y vender, ven oportunidades que pueden ofrecer buenas ganancias en poco tiempo, pero de manera nada permanente, es decir: posibilidades para entrar y salir.

 

¿Qué se piensa en general? Que con la licitación de Lebac del martes pasado se compró un puente de tranquilidad. El próximo desafío será recién el 19 de junio, cuando venzan unos $ 403.000 millones en esas letras.

 

Pero el problema en ese momento será mayor, ya que hasta el mes pasado (situación que nos llevó a este problema) el Banco Central tenía $ 1,4 billones en Lebac que pagaban 26,75% anual, y ahora Reconquista 266 tiene $ 1,3 billones que pagan 40% por año.

 

Muchos advierten que la licitación del 19 de junio puede llegar a ser más compleja porque al BCRA ya no le queden tantos encajes por liberar para que los bancos renueven sus Lebac.

 

Pero, si no hay sorpresas, antes del 19 de junio se hará el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Junto con esa negociación, el presidente Macri acaba de hacer una movida importante: la economía dejará de estar en manos de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los funcionarios cercanos a Marcos Peña, y pasará a ser controlada por Nicolás Dujovne, el hasta ahora ministro de Hacienda. O sea, le da el mando al que estuvo conversando a solas con Christine Lagarde, la directora del FMI.

 

Los plazos y la cantidad de dinero que prestará el Fondo todavía no se conocen. Se sabe que el organismo dará vía libre al dinero a través de un stand by, que es un crédito de plazo largo y por una cantidad de dinero importante. Pero Lagarde no quiere que sea el FMI el que lleve el peso del ajuste en sus espaldas: dijo que el que definirá los recortes será Mauricio Macri.

 

Recién una vez que Macri ofrezca señales concretas de ajuste, se abrirá la ventanilla. ¿Qué hay detrás de lo dicho por Lagarde? Se afirma que el Fondo pide una reducción del déficit fiscal primario hasta el 2,5% del PIB para 2018 y de 1,5% para 2019. Y que, además, como condición necesaria, también se requiere flotación del tipo de cambio, o sea, no dejar al dólar anclado en los $ 25 actuales.

 

Dujovne y Macri ya hicieron anuncios de recortes en el gasto, pero lo que se vio hasta ahora con el dólar es un Banco Central que puso un límite: $ 25 para el valor mayorista. ¿Por qué lo hace? La preocupación siguiente del Gobierno es el traslado a precios de la suba del dólar, o sea qué impacto tendrá en mayo y junio el salto del 25%, de $ 20 a $ 25, que tuvo el dólar en mayo.

 

Por eso, de momento, las autoridades argentinas no están obedeciendo el segundo de los dos pedidos del FMI. Procuran que la suba del dólar se frene unas semanas en $ 25 pesos, y recién lo soltarán cuando el mercado minorista esté más tranquilo. Sea como fuere, analistas serios del mercado llegan a la conclusión de que este techo de $ 25 que le quiere imponer Sturzenegger al dólar es transitorio. Piensan que la devaluación seguirá de manera escalonada y cuando se tranquilice a demanda minorista, se abrirá el grifo para que el dólar escale un poco más. Hay que estar atentos, además, a la respuesta diaria del mercado. Por ahora los inversores se están llevando pocos dólares por día, unos US$ 100 o US$ 200 millones, de los US$ 5.000 millones ofrecidos en cada apertura.

 

Pero, ¿qué puede llegar a ocurrir si el mercado se empieza a llevar una cantidad importante? Evidentemente, el Fondo quiere un régimen de flotación porque la flotación en sí misma hace el ajuste, licúa los gastos del Gobierno en salarios y jubilaciones. Si el dólar se deja fijo y si Macri no anuncia recortes, es casi imposible que el Fondo preste US$ 20.000 o US$ 30.000 millones para financiar una fuga de capitales o para que Argentina repita en 2018 el déficit externo de 2017. Pero lo primero que busca Sturzenegger es convencer al argentino medio de que la inflación no devorará en tres meses la devaluación que tuvo el peso.

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