1.140 economistas rechazan las bravatas comerciales de Trump

La Unión Nacional de Contribuyentes evocó la gestión que realizaran, hace noventa años, los 1.028 colegas que rechazaron la opción proteccionista en EE.UU.

 

Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

El pasado 3 de mayo, la Unión Nacional de Contribuyentes (NTU, sigla inglesa) dio a conocer la Carta Abierta de 1.140 economistas y profesores estadounidenses de economía, entre ellos, 14 Premios Nobel, que estimaron oportuno evocar, en el presente contexto, la ejemplar gestión que realizaran, hace poco menos de noventa años, los 1.028 colegas que exigieron el rechazo de la opción proteccionista al Presidente de la República y el Poder Legislativo.

 

Tal exhortación fue desoída por la clase política. El Gobierno de la época (1930) se limitó a aprobar la célebre Ley sobre Aranceles Smoot-Hawley, que dio vida a una reducción de dos tercios en el comercio global, a partir de un contundente tarifazo a la importación que originó las previsibles y simétricas represalias de los gobiernos afectados. Dichas acciones potenciaron la gravísima crisis económica que ya estaba en ciernes, ocasionaron inmanejables oleadas de desocupación y aportaron lo suyo al lanzamiento de la Segunda Guerra Mundial.

 

Donald Trump no parece entender, interesarse o estar capacitado para sacar lecciones de ese temible antecedente. Desde que asumió el poder, en enero de 2017, se dedicó a buscar culpables extranjeros de una crisis económica y un desequilibro estructural del comercio que encuentran fundamento en una sociedad que gasta mucho, ahorra poco y vive endeudada hasta el jopo. También de un mosaico social que mira sin ver que las fuentes de empleo son devoradas por la innovación tecnológica y la imparable automatización (robótica), lo que constituye un hecho inevitable y generalmente progresista. Así, el artificial encarecimiento del dólar, que supone un gigantesco subsidio a las importaciones surge, entre otras cosas, de la obvia necesidad de emitir deuda pública a lo bobo y del paralelo desenfreno del consumo nacional. La última y voraz rebaja fiscal sólo agravó hasta la indecencia la magnitud del déficit presupuestario.

 

Cualquier semejanza con la República Argentina no es casualidad, se trata de la misma receta y de la misma estupidez, y de parecida incompetencia profesional, desorientación política y otros desvíos del liderazgo. Quizás la única distinción es que en América del Norte todavía subsiste cierto respeto por el imperio de la ley y apego a la estabilidad económica. Por algo se habla de la argentinización de los Estados Unidos y nadie cree que ello sea un intento de elogio.

 

Entre los firmates, hay 14 Premios Nobel

 

Los hechos

 

La patotera revisión y actualización que lanzó la Casa Blanca del Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (conocido por su sigla inglés del NAFTA), que existe desde hace un cuarto de siglo y a la que ninguno de los gobiernos se opuso, pasa por un momento muy delicado. México prevé elecciones presidenciales el 1 de julio y las encuestas dan buenas chances a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un candidato no tradicional y de corte nacionalista. Aunque nadie sabe cómo le irá con lo que propone, su gestión es un gran interrogante ya que pertenece a una opción nueva, que difiere del viejo PRI y del antídoto convencional que ofrece el PAN, donde en estas épocas ya no se sabe quien juega a ser izquierda y quien a ser derecha, por si tal etiqueta tuviese valor. El candidato mostró interés en llevarse bien con Estados Unidos, salvar la ropa que sea salvable y respetar los compromisos internacionales, lo que no despeja los
demás interrogantes. Una cosa es manejar la gigantesca metrópoli de la ciudad de México, la tarea actual de AMLO, y otra muy distinta conducir la política económica, social e institucional de esa potencia emergente.

 

Estados Unidos también realizará elecciones legislativas a principios de noviembre y su Ley de Promoción de Comercio (llamada fast-track), que faculta la negociación de esta clase de acuerdos, está a punto de vencer. Si para el 20 de mayo o cosa parecida no hay fumata blanca, todo puede quedar en el limbo. Y si Donald Trump hace lo que dijo que iba a hacer, que es denunciar el Nafta, lo más lúcido del país puede saltarle a la yugular, por cuanto está poniendo en peligro un complejo universo de intereses legítimos de comercio e inversión.

 

El Nafta no repartió equilibradamente los beneficios del comercio tripartito originado por sus reglas y compromisos, pero ayudó a crear empleo de gran calidad a más de cuatro millones de estadounidenses y un sustantivo aumento del comercio agrícola. Donald Trump juega con fuego si este chiste le sale mal o muy mal.

 

Hoy el debate gira en torno a la idea de llevar del 65% a por lo menos 75% la producción de origen regional y al 40% o más por ciento la producción agregada en cada país para gozar de los beneficios de la liberalización arancelaria. La moneda está en el aire. El problema clave es cómo aplicar esas reglas a la sofisticada industria automotriz, donde México tiene un papel clave y una posición muy influyente. Las otras “menudencias” que plantea Washington, es la amenaza de revisión cíclica del Nafta y un proceso de terminación automática, lo que sólo puede restar incentivos a cualquier inversión fija de gran escala. Al mismo tiempo persiste la duda acerca del futuro mecanismo de solución directa de diferencias entre los inversores y el Estado. Otras cuestiones de alta exigencia son los ajustes en el campo de la propiedad intelectual que habían sido más o menos bien resueltos en el Acuerdo Transpacífico, el status de las cosechas temporarias y determinados estándares laborales. En los últimos tiempos, se incluyó la bravata de emparejar las retribuciones de los trabajadores de todo el Nafta, sin atender a los precios relativos y la productividad de cada economía. Ninguno de estos temas es apto para principiantes de la política económica y comercial. Hoy, Trump se dio cuenta de la barbaridad que hizo al renunciar al Acuerdo Transpacífico, del que se retiró apenas llegó a la Presidencia, dejando el campo libre a la expansión geopolítica y económica de China y otros poderes regionales. Sus once socios comerciales, Japón, Canadá y México incluidos, siguieron adelante con el proyecto y Washington sólo hizo un gran papelón y engendró acontecimientos perdedores para su gravitación internacional. Los actuales miembros del acuerdo quieren que vuelva al redil, pero no a dictar las reglas y condiciones a lo macho Alfa. Reponer los platos rotos es posible, pero nada fácil.

 

Medio gabinete de Estados Unidos, entre otros, los secretarios del Tesoro, el de Comercio, el de Agricultura y el titular de la Oficina Comercial fueron a Pekín a reencausar las relaciones comerciales, tras paneles en la OMC y amenazas recíprocas gravísimas de restricción del intercambio, más aumentos de aranceles de importación y restricciones no arancelarias sobre paquetes de productos que incidirían hasta los US$ 150.000 millones por cabeza, lo que abarca a las exportaciones del complejo sojero. El presidente Xi Jinping está jugando al ajedrez con Donald Trump y ambos países, así como el resto del mundo, tienen mucho que perder si no encuentran una solución basada en la apertura y racionalidad económica, en lugar de manipular la destrucción de comercio legítimo.

 

Tampoco las relaciones económicas en el Atlántico Norte entre Washington y Bruselas fluyen con normalidad. Hubo cruce de mensajes muy pesados y calientes anivel presidencial. El proyecto de Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión está en la congeladora y es difícil anticipar el próximo escenario. Es una partida a pura pérdida si los dos interlocutores no apelan a la lógica y la comunidad de intereses. Si bien Europa tiene mejores modales, no necesariamente mejores ideas de política comercial, ya que dirigencia no sólo coquetea con el proteccionismo, siente amor eterno por esa visión de las cosas. El último episodio se detuvo en las amenazas recíprocas en el campo del comercio del aluminio y del acero, tema en el que supuestamente deberían aunar esfuerzos para educar a China.

 

Corea del Sur sucumbió a las demandas de Washington y hoy las cosas pasan por las opciones de paz o de guerra en esa península asiática.

 

Está demás aclarar que me hubiera gustado suscribir la Carta Abierta.

 

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