Washington juega con fuego

El exviceministro de Comercio chino, Wei Jianguo, anticipó que la respuesta de Pekín será siempre “en la misma proporción, la misma escala, y la misma intensidad”. A buen entendedor…

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

Donald Trump sigue siendo el mismo de siempre. Pendenciero, personalista, provocador y totalmente fiel a sus propuestas electorales. Si algo va dejando en claro es que no es de incumplir lo prometido a su electorado. “America First”, “Buy American” y “Hire Americans” sintetizan su ideario basado en un Poder Ejecutivo fuerte, protector en el corto plazo de los empleos y los negocios de empresas y trabajadores de su país. La prioridad sigue siendo la de consolidar cierta hegemonía económica con un recetario proteccionista, mercantilista, y cada vez más agresivo hacia el resto del mundo.

 

La suba de aranceles de 25% a las importaciones de productos siderúrgicos y 10% a las de aluminio se atenuarían con excepciones que el Departamento de Comercio irá atendiendo hasta el 1° de mayo. Nada está asegurado, pero se descuenta que incluirá a las provenientes de productores de Canadá, México, Australia, la Unión Europea, Argentina, Brasil y Corea del Sur. Igualmente, esto no será gratis: el cerebro del proteccionismo de Trump, Peter Navarro, ya anticipó hace quince días que para esos casos los aranceles serán sustituidos por cuotas de importación. Varios expertos estadounidenses esperan que las mismas se negocien con los representantes de dichos países, y se establezcan bajo la forma de restricciones “voluntarias” a las exportaciones.

 

La decisión excluye la República Popular China, a la que la Casa Blanca “dedicó” el pasado 22 de marzo un memorándum contra la “agresión” económica de la política comercial china. Luego de acusar a Pekín por deslealtad comercial y robo de propiedad intelectual, la administración Trump anunció la aplicación de aranceles sobre 1.333 bienes de origen chino (unos U$S 50.000 millones por año), limitaciones a las inversiones chinas en la industria informática estadounidense y futuras demandas en la Organización Mundial de Comercio (OMC) contra China. No se ha especificado la fecha de entrada en vigencia de la medida, por ahora sólo se ha previsto la recepción de observaciones de empresas locales para el 22 de mayo. La lista final de bienes a ser gravados se cerraría el 18 de agosto y el presidente Trump podría tomar un plazo de hasta 180 días para poner en vigencia estos aranceles

 

La República Popular China, a su vez, no se tomó tanto tiempo. Luego de consultas públicas hasta el último fin de semana, el gobierno chino anunció la aplicación de un arancel de 15% sobre 120 productos estadounidenses (frutas frescas y secas, vino, nueces, tubos de acero, insumos para la industria aeroespacial, instrumental médico, material educativo), y otro de 25% sobre aluminio reciclado, carne de cerdo y embutidos de cerdo. La medida entraría en vigencia cuando EE.UU. aplique efectivamente los aranceles anunciados.

 

El conflicto provocado por Trump ha echado por tierra al intento del premier chino Li Keqiang para negociar cierta mayor apertura china a la inversión de empresas de EE.UU. siempre que Washington elimine sus restricciones, por razones de seguridad, a las ventas a China de productos de tecnologías de informática y telecomunicaciones. Una vocera de la Cancillería china expresó la postura de Pekín en estos términos “si, por un lado, EE.UU. quiere que China le compre lo que quiere venderle pero, por otro lado, se rehúsa a venderle a China lo que China desea, y hace acusaciones contra China por sus desequilibrios comerciales, ¿es esto justo?”.

 

La decisión China ha llevado a un mayor endurecimiento del gobierno de Trump: el arancel de 25% se aplicaría a los 1.300 productos sin excepción. La contrarréplica de Pekín no se ha hecho esperar: anteayer anunció que en ese caso elevará de 15% a 25% la tasa del arancel a 106 bienes de EE.UU., aplicándose, entre otros, a porotos de soja, productos químicos, computadoras, celulares, tabaco, cigarrillos,whisky, y algunos modelos específicos de camionetas y helicópteros.

 

Los futuros pasos de Trump son una incógnita. Si bien la opinión general es que China no se ajusta a ciertas reglas implícitas y explícitas del comercio bilateral, dos temas son materia de debates que se van a intensificar en este mes: a) si las medidas de Trump no resultan finalmente más contraproducentes que beneficiosas para las empresas y trabajadores estadounidenses, y b) si las mismas son la mejor forma de castigar comportamientos desleales del lado chino, sin dañar a los consumidores estadounidenses.

 

Mientras tanto, se abre un período de deliberaciones en varios niveles. En EE.UU. para decidir si avanzar o no hacia lo que será una clara guerra comercial, y entre EE.UU. y China, para evaluar medidas para atemperar estos anuncios. Algo que asoma en el lenguaje de Washington, pero no en el de Beijing. El ex viceministro de Comercio chino Wei Jianguo anticipó que la respuesta de China será siempre “en la misma proporción, la misma escala, y la misma intensidad”. No es precisamente la de un jugador que espera ser derrotado. A buen entendedor, pocas palabras…

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