Victoria oficial: la mayoría de la sociedad cree que se debe ajustar el gasto

Según Observatorio Electoral Consultores, 56,8% sostiene que debe reducirse

 

La provincia de Buenos Aires es la madre de todas las batallas de la arena política y el déficit fiscal es el equivalente en el terreno de la economía. Así lo entienden el Gobierno y el grueso de los economistas (más allá del debate sobre el ritmo del ajuste, incluso dentro del propio oficialismo), y, también, la mayoría de la sociedad. Ese fue el hallazgo de la última encuesta de Observatorio Electoral Consultores, que dirige el lúcido analista político Julio Burdman (foto).

 

¨En esta cuestión, tanto los oficialistas (en sus dos variantes) como los ortodoxos críticos (con muchas horas de aire en primetime) ganaron una batalla. Han logrado instalar en la opinión pública la idea de que el gasto público es muy alto, y hay que bajarlo., Eso es lo que muestra una encuesta realizada en los últimos días de marzo: un importante porcentaje de los consultados (56,8%) cree que el gasto público debe ser bajado, 31,8% está en desacuerdo con esa idea y el 11,4% restante responde no saber¨, dice Burdman. La pesquisa teléfonica se realizó en todo el país y se basa en 1.158 casos.

 

Una batalla ganada, claro está, porque uno de los desafíos de la política económica es convencer a la sociedad de que los objetivos que uno persigue son necesarios. Además, es una victoria con ¨yapa¨ toda vez que el camino apoyado no necesariamente redunda en mejoras de corto plazo, aunque sí en el largo. Es decir, se convence a la población de que domar el potro del rojo fiscal, el estado casi natural de las finanzas públicas en Argentina, es un paso necesario para darle robustez a la economía en el mediano y largo plazos.

 

¨Se trata de un logro discursivo importante del Gobierno de Cambiemos. En otros momentos de la Historia, y en otras latitudes, es difícil conseguir que un segmento tan importante de los ciudadanos piense que el gasto público debe bajar¨, destaca Burdman en su habitual columna de Analytica Consultora. El problema para el Gobierno, dice, es a la hora de la deconstrucción del concepto de “gasto público” porque ahí aparecen las resistencias e incongruencias del electorado.

 

¨Cuando las encuestas indagan sobre los grados de satisfacción con las políticas públicas (tanto a nivel nacional, como en estudios realizados en ciudades. o provincias), estos son bajos. La mayoría de los argentinos (los porteños, bonaerenses o cordobeses) están disconformes con la educación pública, los hospitales públicos, la seguridad pública. Y creen que en todos esos rubros, el Estado debería gastar o invertir más. Y lo mismo aplica a la infraestructura social: se pide más viviendas, más cloacas, más rutas asfaltadas. Los despidos en el sector público no son apoyados. La reforma previsional, de acuerdo a la encuesta realizada en diciembre, tuvo una aplastante imagen negativa. Al igual que los aumentos de las tarifas domiciliarias. Y otros temas que hoy no están en la agenda pública, el requerimiento de una opinión muestra que las respuestas van hacia el aumento del gasto. Por ejemplo, en una encuesta realizada tras la desaparición del ARA San Juan se preguntó a los entrevistados si estaban de acuerdo con un aumento del gasto militar, y la mayoría respondió afirmativamente¨, dice, complejizando la trama, Burdman.

 

¨Se logró instalar con éxito en la sociedad la idea de que el gasto debe bajar, pero no se explicó por dónde, ni a qué costo. Tal vez ello contribuya a explicar por qué temas absurdos e irrelevantes como el canje de pasajes de los diputados, o sobredimensionados como el costo fiscal de los planes sociales para los argentinos y argentinas sin trabajo y sumergidos en la pobreza, prenden con tanta velocidad en la televisión o las redes sociales. Es la idea urgente de la baja del gasto público que debe explotar por algún lado. El gradualismo, como narrativa de política económica, es incompleto. Y el consenso social sobre la baja del gasto también. El electorado argentino, aunque por momentos diga lo contrario, no está dispuesto a resignar servicios estatales¨, dice Burdman. No es fácil.

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