Venezuela sigue empeorando

Según el FMI, el PIB caerá 15% en 2018 y 6% en 2019 y, además, los precios aumentarán 13.864% y 12.874%, respectivamente

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Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

El estado de situación de Venezuela sigue mostrando síntomas de progresivo deterioro. El 20 de mayo se celebrarán como para considerar los comicios presidenciales que convalidarán la continuidad de Nicolás Maduro y el chavismo en el Gobierno. Luego de la proscripción de que el Tribunal Supremo impidiera a la opositora Mesa de Unidad Democrática, varios partidos opositores han llamado a la población a no participar de la elección presidencial por considerarla carente de transparencia y garantías para comicios limpios y no manipulados por el régimen gobernante. Como antecedente cercano, basta mencionar la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, paralela a la Asamblea Nacional (el Parlamento) de julio del 2017, en que la propia empresa proveedora del software para el escrutinio admitió que se había informado un millón de votos más que los realmente efectuados.

 

El régimen se encamina así a un período de seis años en el que podría progresar gradualmente hacia sofocar a la oposición por completo. Los métodos de espionaje, apresamiento, amenazas y persecución al que piense o se exprese públicamente en contra del oficialismo en nada se diferencian de lo aplicado por las dictaduras militares de los ’70 en buena parte de la región. Los militares, además, controlan no solo la petrolera PdVSA sino a las principales empresas no petroleras (comunicaciones, montadoras de vehículos, armas, cemento, metalúrgica liviana, importación y distribución de alimentos y medicamentos, pesca y salud, entre otros) además de la Corporación Venezolana de Guayana, en el Estado de Bolívar, sospechada de proteger a bandas armadas que controlan la producción y contrabando de oro, diamantes y otros minerales. En este estado de cosas, la economía sigue barranca abajo, las sanciones aplicadas por Estados Unidos y la Unión Europea (UE) se mantienen invariables, empeorando así las consecuencias del pésimo manejo de la petrolera PdVSA.

 

El régimen, como en otros casos análogos, optó por aplicar férreos controles de precios, de cambios, de capitales y al comercio interior y exterior. La recesión se agravó junto a la caída de precios de petróleos y el gasto descontrolado de los ingresos obtenidos en los años de altos precios del petróleo. Al creciente déficit en las cuentas externas y fiscales, se recurrió a un creciente endeudamiento y su posterior sustitución por emisión monetaria y moras unilaterales en los pagos a proveedores y bonistas.

 

Resultado: crisis de solvencia y aceleración inevitable de la inflación. Los temores a confiscaciones de activos privados y las expectativas de mayor inflación aceleraron la huida del dinero, y los controles de cambios dispararon el precio del dólar paralelo a niveles varias veces superior a las cotizaciones oficiales. Resultado inevitable: huida del dinero local (que perderá tres ceros el mes que viene), pérdida de divisas, escasez cada vez más aguda de bienes de primera necesidad, y
emigración de buena parte de los mejores recursos humanos del país.

 

La inflación de Venezuela pasó de 57% en 2014, 112% en 2015 y 254% en 2016. El año pasado la suba de precios al consumidor habría sido de 653%, con fuerte aceleración en el segundo semestre. En octubre, el FMI estimaba para 2018 una inflación superior al 2.300%, pero en enero modificó dicha proyección hacia una suba en torno de 13.000%. En el informe Perspectivas Económicas Mundiales (WEO), difundido anteayer, ajustó dicha proyección en 13.865%, y para el año próximo una inflación de 12.875%. Ambas cifras bien podrían ajustarse hacia arriba en la próxima edición del informe, estipulada para octubre próximo.

 

La proyección para el PIB, a su vez, sufrió también ajustes significativos. Para 2018, el FMI modificó su proyección de caída (desde 9% hasta 15%), y para el 2019 desde 2% hasta 4%. A su vez, las estimaciones de la tasa de desempleo laboral son de 27,1% en 2017, 33,3% para 2018 y 37,4% para 2019. Cifras por demás preocupantes y que prevén un mayor empeoramiento de la calidad de vida de los venezolanos, emigración de los mejores recursos humanos del país y un probable endurecimiento y radicalización del régimen.

 

Ya para estos niveles de inflación, poco y nada puede aportar la emisión de una moneda virtual, o la de cuasimonedas municipales, como la que esta semana anunció el municipio de Caracas. Son paliativos de alcance limitado, que desaparecerán en cuestión de meses al no ser, ni por asomo, reserva de algún valor. Algo previsible, así como la finalización de este régimen a través de una crisis o implosión. Probablemente la única esperanza para una oposición hoy débil y dividida, pero que en algún momento recibirá la dura herencia que dejará la gestión Maduro: la de haber hecho retroceder a Venezuela de potencia petrolera a país quebrado, y prácticamente inviable.

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