Una economía global sincrónica

El contexto actual es de crecimiento sincrónico: crecen todos los países e incluso se recupera nuestra región, que estuvo afectada por la recesión de Brasil

 

Por Eduardo Luis Fracchia Director del Area de Economia del IAE

 

Argentina es un país de tamaño mediano, en cuanto a PIB y población, que se caracteriza por haber estado cerrado al comercio desde la posguerra. Actualmente está en un período de reinserción con el mundo: el eventual ingreso a la OCDE, la presidencia temporaria del G20, la reciente visita de la jefa del FMI y la vocación del Presidente por estrechar lazos internacionales reposicionan al país en el plano mundial.

 

En este contexto, es interesante revisar la situación de algunos socios comerciales y, básicamente, China y Estados Unidos.

 

El contexto actual del mundo es de crecimiento sincrónico. Crecen todos los países y se recupera, incluso, nuestra región, que estuvo afectada por la recesión de Brasil. Sin embargo, el riesgo de un mayor proteccionismo mundial es la gran amenaza a una globalización que parecía haber llegado para quedarse. El riesgo del proteccionismo implica que suban costos internos, disminuya la productividad y se frene el crecimiento.

 

El mundo ha tenido después de 2008 una gran inyección de liquidez que podría darse vuelta de modo moderado con la esperada suba de la tasa de interés de la Fed. Por ahora, no parece un escenario de estancamiento secular, como plantea Larry Summers.

 

Se observa una vuelta al nacionalismo en los tres líderes principales: Donald Trump, V. Putin y X. Jinping. El Estado-Nación vuelve a aparecer con fuerza. El capitalismo ha funcionado muy bien desde la posguerra disminuyendo mucho la pobreza, pero la ideología lo desafía con sentido crítico levantando el argumento de la equidad.

 

 

Estados Unidos avanza a buen ritmo. El crecimiento de la economía norteamericana es armónico con virtual pleno empleo. Por ahora, Trump ha sido funcional a las empresas, a pesar de las tensiones geopolíticas (Siria, China y Corea)
y Estados Unidos crece sólido.

 

China, por otro lado, ha bajado 3% su nivel de inversión respecto al PIB y sustituyó ese monto por el consumo, que todavía continúa siendo bajo. A su vez, redujo su superávit en cuenta corriente de 9% a 2%. La relación capital producto se ha duplicado en la última década. Para financiar la inversión, sin embargo, ha crecido mucho la deuda de la economía china. La venta de bonos del Tesoro americano haría subir la tasa de interés y es un arma potencial de los chinos para utilizar.

 

En cuanto a la política comercial, la intención de China es evitar la guerra arancelaria masiva. La guerra comercial hasta ahora se reduce a “fuegos de artificio”, según L. Palma Cané. Por el lado de Estados Unidos, Trump pretende recuperar US$ 100.000 millones del déficit comercial que tiene con China. El problema es que los trabajos no se pierden solo por el comercio sino sobre todo por la automatización. Se podría decir, ”Son los robots, estúpido!”.

 

La región latinoamericana se recupera, al superarse la recesión de Brasil, país en el cual está bajando el déficit fiscal y hay mayor confianza empresarial a pesar de la incertidumbre política.

 

El dólar depreciado frente al euro favorece un mejor precio de commodities y buenos términos del intercambio en la región. Para el Mercosur puede ser una buena noticia que China sustituya en parte a Estados Unidos en el comercio y nos compre más soja, por ejemplo.

 

En el plano político, las elecciones de América Latina son relevantes porque votará el 90% de la población de la región en 2018. No aparece una clara ideología predominante ni un patrón electoral como en los 2000, cuando dominaba la centroizquierda con cierta racionalidad macro.

 

Por último, haciendo referencia a nuestro país en este contexto mundial incierto, el crecimiento de las exportaciones con un tipo de cambio retrasado, quizás estructural, es clave en base a una mayor productividad en el corto plazo. El déficit de cuenta corriente es una amenaza potencial de crisis.

 

Una ventaja que hay posee nuestra economía es contar con un régimen de tipo de cambio flotante que es funcional a eventuales crisis o shocks (cisnes negros) como el de una suba inesperada de la tasa de la Fed, un retroceso fuerte de Brasil o una contracción del PIB mundial como en 2008.

 

Argentina debería, hacia 2025, duplicar la participación del monto exportado respecto al PIB y hacer lo mismo con las importaciones. Niveles para ambas variables como los actuales de US$ 60/70.000 millones (10% del PIB) son muy bajos. Para ello hay que desarrollar nuevos clusters de exportación renovando, a la Hausmann, el portafolio de transables que se ha modificado/diversificado muy poco desde los `90. Tenemos además 15 clusters tradicionales de exportación que pueden crecer más. No están agotados, pero queda pendiente que incorporen mayor valor. Una agenda desafiante en definitiva para un escenario en el que China se prepara para liderar la economía mundial.

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