Trabajo en el sector tecnológico: ingresos en dólares y tiempo libre

Trabajadores con diferentes trayectorias cuentan su experiencia laboral dentro de uno de los rubros más particulares del mercado laboral de Argentina

Por Delfina Torres Cabreros

 

El empleo en el sector de las tecnologías de la información avanza a un ritmo imparable. Según números de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI) la demanda de puestos de trabajo crece a razón de 12% anual, motorizando una ola de búsquedas que no logran encontrar un volumen de oferta acorde y que deja cada año al menos 5.000 puestos vacantes. La especificidad de este sector genera dinámicas que lo diferencian de los sectores tradicionales ya sea por el nivel salarial (33% por encima de la media), por las condiciones de trabajo, o por los requisitos que exige para ingresar al mercado y construir una carrera sólida. En diálogo con El Economista, trabajadores con diferentes trayectorias cuentan su experiencia dentro de este sector particular.

 

  • Marcos Viglianco (37) Freelancer

 

Marcos Viglianco vive en Rosario y hace siete años trabaja de manera freelance para una empresa estadounidense dedicada al e-learning. Empezó a estudiar ingeniería en Sistemas de Información en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de esa ciudad, pero se recibió del título intermedio de analista. Según su experiencia laboral, el estudio de carreras o cursos afines no resulta tan determinante en este sector como lo es en otros. “Yo tengo dos compañeros de trabajo que son unas bestias por lo que saben y no tienen ningún tipo de formación profesional técnica de una universidad o un instituto. Fueron siempre autodidactas y se transformaron en recursos súper valiosos para la empresa”, apunta

 

Sin ninguna duda, señala que lo mejor de su trabajo es “la libertad” que otorga. “Viajo mucho, de hecho recién vengo de pasar tres semanas en Tucumán, visitando a un amigo, y puedo ir a visitar a mi familia a Rufino, pasar los veranos ahí. Te abre un abanico de posibilidades porque lo único que necesitás es tener una conexión a internet”, señala

 

A lo largo de su carrera, la mayor carga horaria que le dedicó a su trabajo fueron seis horas diarias y actualmente le destina tres. “Trabajar para una empresa extranjera nos da la posibilidad de cobrar en dólares –explica–, entonces trabajo sólo por la mañana y después tengo mucho tiempo para disfrutar de actividades que me llenan”.

 

  • Juan Pablo Djeredjian (27) Empleado en Cognitiva

 

Desde muy joven Juan Pablo Djeredjian tuvo intereses diversos y, cuando llegó el momento de decidirse por sus estudios universitarios, prefirió no abandonar ninguno de antemano: estudió periodismo en TEA y, al mismo tiempo, ingeniería industrial en la UADE. Comenzó a trabajar como periodista, pero una pasantía en la empresa multinacional SAP le torció el rumbo. “Estaban buscando ingenieros industriales, pero entré ahí y programé un poco”, cuenta. Al poco tiempo ingresó en el portal de noticias La Política Online y, guiado por Internet, empezó a desarrollar proyectos marcados por el cruce entre periodismo y nuevas tecnologías: gráficos interactivos, simuladores electorales, un observatorio de encuestas. “Estaba trabajando en eso, pero no me había animado a pegar el salto definitivo al rubro de la tecnología. Sentía que era un camino de ida”, señala.

 

Recién a los 26 años, con el puesto que le ofrecieron en Cognitiva, una empresa “business partner” de IBM, se asumió como lo que hoy es: un desarrollador web.

 

Djeredjian tenía razón: el sector es un camino de ida, al menos si uno se acostumbra a las condiciones de trabajo que ofrece. “Somos ultraprivilegiados, a mí hasta me parece injusto con los demás trabajadores del país. Siempre hay gente buscándote y aunque vos estés contento en tu trabajo, preguntás en qué consistiría la oferta. Si te ofrecen un 25% más sobre en sueldos que ya son altos, lo considerás”, dice, y agrega: “Por eso las empresas tienen que luchar mucho por sus trabajadores, ya sea con sueldos o con los diferenciales de las start ups: mesa de ping pong, comida libre, play station”. Según evalúa, las posibilidades de recibir una buena retribución se extienden también al trabajo remoto: “Podés trabajar para Estados Unidos o países de Europa desde acá y pedir un sueldo de US$ 5.000 por mes, que no es una locura”, ejemplifica.

 

  • Nayla Portas (34) Trabajadora de Grupo Esfera

 

 

Interesada en la tecnología y alentada por su familia, Nayla Portas hizo el secundario en una escuela técnica y en ese ámbito descubrió que la programación era a lo que quería dedicarse. Hoy tiene más de 10 años de experiencia en el sector y actualmente trabaja en un equipo de desarrollo ágil y es instructora en cursos de tecnologías en Grupo Esfera, una empresa horizontal que trabaja con equipos autoorganizados.

 

Al terminar el colegio, se decidió por seguir Ingeniería en Sistemas en la UTN – Facultad Regional Buenos Aires, en un momento en que las carreras de este tipo eran ámbitos aún menos amigables que hoy para las mujeres. Según un relevamiento de la organización Chicas en Tecnología, sólo el 16% de las inscripciones realizadas entre 2010 y 2015 en carreras relacionadas con programación corresponden a ingresos de mujeres.

 

Antes de terminar la carrera, Portas ya estaba trabajando para distintos clientes desarrollando en Java. “Durante los siguientes años pasé por empresas grandes como desarrolladora, pero sin muchas posibilidades de crecimiento. El cambio se dio cuando comencé a trabajar en Grupo Esfera, la forma de trabajar autoorganizada permitió que pueda potenciarme y ampliar mi red de contactos”, apunta. Además, su crecimiento y la experiencia de haber vivido distintas situaciones de desigualdad de género en un rubro muy masculinizado motivaron que, junto a otras colegas, formen la comunidad [LAS] de Sistemas, que trabaja para visibilizar y potenciar la diversidad en el sector.

 

  • Federico Isasti (28) Autónomo

 

Su acercamiento “azaroso y caótico” al mundo de la programación no fue un impedimento en la carrera de Federico Isasti, que a los 28 años ya tiene en su haber casi 15 años de recorrido.

 

Su interés genuino por la tecnología fue acentuado por las clases de programación que recibió en el 1° año del Colegio Nacional de Buenos Aires y a los 14 años le ofrecieron su primer trabajo: escribir artículos sobre seguridad informática para una revista española, a razón de 50 euros por nota. Después de esa primera experiencia, y aún antes de terminar el colegio, creó su propia web de seguridad informática y trabajó para personas de diferentes partes del globo, a quienes conoció mediante chats y foros. Trabajando en una oficina de Puerto Madero se unió a un cordobés y juntos impulsaron algunos proyectos. “Hicimos unas páginas de videos, probábamos cosas para ganar plata con la publicidad y después migramos a Facebook, en un momento en que no había mucho control de aplicaciones. Intentamos varias cosas hasta que modificamos una aplicación que se hizo viral. A partir de eso, a los 21 años me pude comprar la casa”, relata.

 

Isasti tuvo un paso fugaz por la academia – un cuatrimestre en la Licenciatura en Ciencias de la Computación de la UBA– que hoy no incluye en la lista de los grandes aportes.

 

“Si es para hacer plata, no creo que sea necesario estudiar, porque se trata más de una cuestión de chispa y de probar cosas, sobre todo cuando hay tanta competencia. Tenés que tener una idea o varias ideas y probar”, apunta.

 

Desde 2013 tiene una página propia que le significa un ingreso regular en publicidad y le demanda pocas horas de trabajo, por lo que puede dedicar tiempo a su otro interés fundamental: la música. “Al principio tenés que laburar mucho pero una vez que el proyecto funciona ya es más fácil y el laburo de día a día es muy poco, una hora”.

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