Precios, dólar y salarios: un equilibrio precario

Dados los fundamentos macro y el gradualismo elegido, los niveles de inflación y volatilidad cambiaria y salarial no desaparecerán en el corto plazo

 

Por Hernán Hirsch Consultor macroeconómico

 

En los primeros tres meses del 2018 la inflación totalizó 6,7%. Con los ajustes de precios regulados previstos hasta junio próximo, la inflación podría ubicarse en 2,5% en abril (gas y transporte), 1,8% en mayo (agua) y 2% en junio (transporte). De ser así, en los primeros seis meses del año, los precios habrán aumentado entre 12% y 13,5%, consumiéndose el 80-90% de la obsoleta meta de inflación revisada por el Gobierno para 2018 del 15%.

 

Naturalmente, un aumento de precios que apunta al 12/13,5% en apenas seis meses no será neutral para la nominalidad de la economía. Con esta inflación acumulada, las negociaciones salariales pueden recalentarse. Un poco antes, las paritarias acordadas en los primeros meses del 2018 comenzarán a quedar viejas. A su vez, al Gobierno ya le será muy difícil imponer una suba del 15% con cláusula de revisión a las paritarias nuevas. No habrá argumentos políticos para negarle a los Palazzo o Baradel un aumento mayor al 15% o la cláusula gatillo. El nivel de conflictividad sindical podría ir en aumento

 

Si el BCRA mantuviera la política de tipo de cambio fijo actual hasta junio, el tipo de cambio real volverá a ceder terreno. En junio ya se estará situando en niveles cercanos a los de diciembre último, valor que gatilló el anuncio de la suba de la meta de inflación y la baja de tasa de interés del BCRA: el plan 28D. En septiembre, el tipo de cambio real
ya podría ubicarse por debajo.

 

Con continuidad de la política de dólar fijo, ¿habrá un plan 28J o un plan 28S? Hoy no puede descartarse. Y si el BCRA convalidara algún deslizamiento cambiario o dejara flotar un poco más al peso, que sería el escenario más probable, ¿la tasa de inflación podrá bajar de manera significativa?

 

En el primer trimestre del 2018 hubo una tímida mejora fiscal. Sin embargo, los niveles de déficit fiscal y de déficit externo se siguen ubicando próximos a los más altos valores registrados, los que gatillaron las megacrisis del pasado, y como consecuencia de ello los agregados monetarios continúan creciendo a un ritmo del 30% anual. Dados los fundamentos macroeconómicos y el gradualismo fiscal elegido, es probable, entonces, que deba concluirse que estos niveles de inflación y volatilidad cambiaria y salarial no desaparecerán en el corto plazo. El Gobierno continuará moviéndose en un frágil equilibrio de dólar, precios y salarios.

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