Pichetto busca juego más allá del recinto

Asumió el papel de armador posible del peronismo no kirchnerista, algo lejano a su ADN político. En Río Negro, renuncia de senadora a su bloque y asedio de los Soria

 

Por Néstor Leone 

 

La semana pasada recibió el premio al senador “más laborioso” del año, distinción que otorga el semanario Parlamentario. Con larga trayectoria en ambas cámaras, Miguel Angel Pichetto es punto de encuentro para legisladores del peronismo alejados del Frente para la Victoria y un puente de negociación habitual de la oposición moderada con el Gobierno. Como presidente del interbloque Argentina Federal desarrolla el juego que más conoce y al que le asignan mayor eficacia, aun sus adversarios o enemigos: el de establecer acuerdos, sumar voluntades o negociar la letra chica de proyectos.

 

En las últimas semanas, a ese juego habitual, Pichetto pretende sumarle el de armador posible del peronismo no kirchnerista. El encuentro que se llevó a cabo en Gualeguaychú, el viernes 6, tuvo su factura. No logró conseguir la presencia de gobernadores, como pretendía. Ni siquiera el local, Gustavo Bordet, en sintonía con su propuesta. Pero consiguió la adhesión de legisladores de su bloque y de referentes del Frente Renovador y del sector que en las últimas elecciones acompañó a Florencio Randazzo. Córdoba y Mendoza, en ese sentido, son dos encuentros próximos del sector para ajustar una estrategia para posicionarse en el mapa político y buscar hacer pie en el año electoral que se viene.

 

Es una apuesta con más sobresaltos de lo que parece

 

No obstante, ese camino tiene más sobresaltos de lo que parece. Por un lado, cuestiones ligadas a la propia aptitud del senador, hábil para establecer acuerdos en los pasillo de la Cámara Baja y cristalizar negociaciones en el recinto, pero menos virtuoso como constructor territorial. Por el otro, la situación interna del peronismo de su propia provincia. En Río Negro, Pichetto tiene el asedio creciente de los hermanos Soria: Martín, intendente de General Roca, y María Emilia, diputada nacional por el Frente para la Victoria. “A mí no me representan justicialistas como Pichetto y Urtubey”, sostuvo hace unos días la dirigente. La victoria del candidato a intendente de ambos en la ciudad de Villa Regina, Carlos Vazzana, el domingo pasado, los reposiciona y fortalece las chances de que uno de ellos (seguramente Martín Soria) sea el candidato del peronismo para destronar a Alberto Weretilneck.

 

A esto hay que sumarle la derrota simbólica que significó la partida de Silvina García Larraburu de Argentina Federal al Frente para la Victoria. Con este cambio de bloque, no sólo Pichetto pierde la primera minoría a manos del interbloque de Cambiemos, sino que reafirma sus dificultades crecientes en su retaguardia territorial. Si bien García Larraburu no era de su “riñón político”, su condición de rionegrina resignifica su partida. Que haya sido hacia el bloque que integra y que tiene como principal referente a la expresidenta Cristina Kirchner le otorga otros condimentos.

 

Cuánto de su apuesta a un armado nacional tiene que ver con su mayor endeblez de origen como forma de salir de su laberinto (Pichetto debe renovar su banca en 2019) quizá sea una pregunta para responder siguiendo los pasos futuros del dirigente. Es cierto, Pichetto, varias veces candidato derrotado a gobernador, nunca tuvo el control de su territorio. Pero hoy más que en el pasado siente ese acecho.

 

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