Monzó mostró diferencias e hizo ruido en Cambiemos

El presidente de la Cámara de Diputados anticipó que no renovará su banca “por el bien” de la coalición: hubo Reunión previa en Casa Rosada

 

El trascendido cobró fuerza e hizo ruido apenas se confirmó. Entre propios y ajenos. El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, referente de la “pata peronista” de Cambiemos y uno de los engranajes importantes en la provincia de Buenos Aires para el triunfo de 2015, Emilio Monzó anticipó que no intentará renovar su banca en 2019 y que, por ende, dejará el lugar privilegiado que ocupa en el organigrama del Estado, como tercer eslabón de la sucesión presidencial. Diferencias de criterios en la estrategia futura del frente electoral y algunas desavenencias políticas con el núcleo decisorio del Ejecutivo aparecen como razones posibles, aunque no debidamente explicitadas.

 

“Monzó no quiere otro mandato en la Cámara de Diputados”, reconoció ayer el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en una entrevista televisiva. “Es una persona de extraordinaria importancia” dentro de Cambiemos, aseguró, pero que va a colaborar “en otras tareas”. Según trascendió, la decisión del dirigente habría sido comunicada el lunes pasado al presidente Mauricio Macri y al propio Peña. El compromiso de Monzó es permanecer en el cargo hasta diciembre de 2019, cuando termina su mandato. Pero, incluso confirmada esa voluntad compartida, quedaba flotando la pregunta sobre su permanencia, dado la importancia del cargo y la alta consustanciación que requiere para Casa Rosada. La posibilidad de que una embajada en un país importante para la política exterior argentina fuese el destino final de Monzó planteaba también la cuestión de los tiempos.

 

Desde que asumió como titular de Diputados, Monzó tuvo diferencias con algunas medidas del Gobierno y en varias entrevistas dejó trascender sus diferencias y cuestionó al asesor de imagen Jaime Durán Barba. El legislador bonaerense, por caso, siempre fue partidario de ampliar el espacio político e incorporar a dirigentes del peronismo, en el que militó muchos años antes de convertirse en uno de los armadores del PRO. “Cambiemos fue un esquema electoral con éxito, no seamos hipócritas. Hay mucha distancia en que se transforme en un cuerpo sólido como partido político. Hoy el común denominador es la responsabilidad de gobernar. No hay que tener prejuicios para sumar dirigentes”, sostuvo a comienzos de 2017, cuando pretendía tener mayor poder de decisión en el armado territorial de Cambiemos durante ese año. En especial, en la provincia de Buenos Aires. Ese lugar no llegó, el timón de las decisiones quedó de manera casi exclusiva en las manos de la gobernadora María Eugenia Vidal y las tensiones se acentuaron, pero sin hacerse públicas en esta oportunidad.

 

“Es lo mejor para Cambiemos”, señalaron ayer a El Economista cerca del presidente de la Cámara Baja. Y negaron la posibilidad de que la decisión viniera acompañada de una ruptura política mayor o de un regreso al universo partidario peronista, como se especuló. El ruido y cierta sorpresa al interior de Cambiemos, que tuvo su capítulo de tensión interna con el radicalismo y la Coalición Cívica por el tema de las tarifas, sin embargo, no se expresaron en declaraciones de dirigentes importantes, más allá de la de Peña.

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